¿Hasta cuándo el embeleso?

Gregorio Morán
30.06.2018
6 min

Deberíamos ser más cautos con el poder. Aunque sólo fuera por las experiencias acumuladas. La aparición de Sánchez --porque de aparición se trata al no haber pasado aún por las urnas-- nos tiene sumidos en una especie de embeleso generalizado. La cosa alcanza cotas que deberían llenarnos de alarma como la de promocionar sus gafas de sol en un local tan poco luminoso como el avión, o sus manos que no son precisamente las de Miguel Ángel y que se limitan a firmar papeles oficiales y no al arte.

Después de una década agobiante de sufrir la sosería de Mariano Rajoy, lo de Sánchez puede parecer un oasis en el páramo. No me imagino los desvelos que el departamento de promoción de la Moncloa hubiera sufrido con un Rajoy de gafas negras a lo Kennedy o unas manos con dedos amorcillados como los de aquel presidente, más hechos al “arrastro” del naipe o al golpe seco del seis doble sobre la mesa de mármol. Se entendería como un ejercicio inútil de grandilocuencia por más que los tiempos que corren nos tengan ya bastante acostumbrados a suplir la realidad por una imagen que ilustre lo contrario.

¡Qué lejos queda Mariano Rajoy que ni los suyos son capaces de pagar 20 euracos para buscarle un sucesor! ¡Menudo partido de patriotas, el primero de España aseguraban, que ahora se reduce apenas a un 8% de su militancia nominal! Quizá se tratara de un grupo político más acostumbrado a recibir que a pagar las cuotas, como ha quedado demostrado. Algo así como Convergència en Cataluña pero con ambición peninsular.

Tenemos el entusiasmo de los hinchas futboleros y la candidez de los ambiciosos sin destino. De otra manera resultaría difícil entender ese embeleso, algo que va más allá de la benevolencia, hacia el presidente Sánchez de quien ni siquiera nos atrevemos a recordar que su primera promesa fue una mentira: “No agotaré la legislatura y convocaré elecciones antes de la fecha obligada”. Pues va a ser que no, que no tiene previsto ahora convocar elecciones y que pretende agotar la legislatura. O al menos lo va a intentar porque no veo muy claros los sucesivos apaños que deberá hacer para salir de los entuertos sin dejarse la presidencia en el camino. Ochenta y cuatro diputados no dan para mucho y cuando el embeleso amague con convertirse en una mueca, los ciudadanos se quedarán de un pasmo porque ni usan gafas negras en los aviones ni las manos les sirven para otra cosa que para exigir con un gesto: “¿Qué hay de lo mío?”.

De momento todos orbitan alrededor del astro rey Sánchez: los partidos, los independentistas montaraces más inclinados a sus tradiciones y a la caza del jabalí que a hacer lo que no saben --lo de los Juegos deportivos de Tarragona fue de traca, primero que no, luego que sí, luego que quizá y por fin se colaron de rondón--. Si algunos llevamos años sugiriendo un puente aéreo o un barco de psiquiatras desde Buenos Aires para aliviar las libidos de algunos autóctonos, ahora hay que solicitar una academia francesa de modos políticos. La nueva generación de líderes “y lideresas” del independentismo no la aprendió más que en los aplecs y en la acumulación de cierto resentimiento de supuestos herederos arruinados.

También el embeleso hacia ese chico que habla inglés fluido y le caen bien las chaquetas está afectando a los medios de comunicación tras años de rajoysmo y pujolismo, regidos ambos por el mantra inabordable del “eso no toca”. Incluso los sindicatos, que al fin pueden explicar algo más allá de la solidez inquebrantable de sus culos asegurados.

No se puede vivir siempre en una nube a menos que no hayamos aprendido nada de aquel producto de bisutería --imitación de grandes marcas-- que se conoció en la dura tierra como Zapatero y el zapaterismo. No hay paraísos en la política ni fuera de ella salvo los que construimos con nuestros relatos. Relatos, palabra esencial para diferenciar la realidad de la ficción. ¿Acabará la legislatura? Ni él lo sabe, salvo que va a intentarlo y convertir su primera mentira en un relato. Porque no será él quien lo escriba, y frente a la imagen edulcorada que estamos ofreciendo de que todo depende de él, en el fondo y en la forma casi nada depende de él y de su exigua minoría parlamentaria.

Ya que no somos muy críticos con el poder, al menos seamos cautos. Cuando vengan mal dadas, y la política tiende a eso, tendremos al menos el valor de no habernos sumado a las loas y ditirambos. Apenas hemos empezado. ¡Tertulianos, arrepentíos, antes de que sea demasiado tarde!

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¿Quién es... Gregorio Morán?
Gregorio Morán

Gregorio Morán Suárez (Oviedo, 1947) publicó durante casi treinta años --y hasta julio pasado-- sus populares 'Sabatinas Intempestivas' en 'La Vanguardia'. Es autor de diferentes libros sobre la dictadura y la transición a la democracia en España. Entre ellos, 'Adolfo Suárez: historia de una ambición' (1979), que constituyó una de las primeras biografías sobre el que fuera presidente del Gobierno español y uno de los artífices del tránsito a la democracia y la Constitución de 1978. Treinta años después regresó con una actualización del mismo personaje en 'Adolfo Suárez: ambición y destino' (2009). Formó parte activa de los movimientos contrarios al franquismo y militó en el Partido Comunista de España (PCE), donde después de años en el exilio parisino abandonó la pertenencia a finales de 1976, poco antes de su legalización definitiva. En su recorrido por los medios de comunicación, también ha sido articulista de 'Mundo Obrero', 'Cambio 16' y 'Diario 16', entre otros.

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