La República como comodín

Joan Ferran
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En el ámbito de la política también se prodiga el intrusismo. Se dan paradojas dignas de atención, merecedoras de ser comentadas desde la chanza despreocupada y la cuchufleta. Personajes y partidos que jamás se manifestaron como republicanos de pro se reclaman ahora de ello. Son los conversos que no dudan en crear organismos fantasmagóricos, como el autodenominado Consell per la República, o expedir carnés de identidad digital republicana. En Waterloo, los Puigdemont, Comín y compañía viven de ello. Sus ancestros fueron requetés de boina roja, pero ellos dicen haberse encasquetado el gorro frigio y los valores republicanos. Otros, que nunca festejaron el 14 de abril, lo quieren convertir ahora en un evento a celebrar de forma oficial y permanente. Entre los primeros se hallan los epígonos de Jordi Pujol y Artur Mas, los que presumían del “tranquil, Jordi, tranquil”. A esos no les molestaba lo más mínimo que al president de la Generalitat se le homenajeara, desde las páginas de la caverna mediática, como el Español del año. Sostenían con descaro que el presidente catalán era todo un estadista, alardeaban de que se tutease sin complejos con el rey Juan Carlos I. Entre los segundos están los de ERC. Ahí se encuentran los admiradores de los hermanos Badia, Josep Dencàs y Heribert Barrera. Los correligionarios de Pere Aragonès intentan mantener vivas las ascuas del independentismo en un momento en que las bases nacionalistas vegetan desnortadas. Nada mejor para avivar el fuego patrio que conmemorar, por primera vez, la proclamación de la República el 14 de abril y recordar con emoción las palabras de Francesc Macià desde el balcón de la plaza de Sant Jaume. Hace 91 años de aquello, pero, para algunos políticos, rememorar la historia es una tentación que da réditos electorales. En el combate por lograr la hegemonía en el cosmos secesionista ambos competidores invocan con descaro la República, la usan como comodín. Su pelea es a muerte.

Reconozco que es harina de otro costal, pero sería injusto obviar y no mencionar a fuerzas políticas –como los comunes o Podemos— que se consideran los paladines de la causa republicana. Lo son, pero sin poseer la exclusiva. A algunos de ellos los hemos visto transitar del peronismo y el chavismo al posmodernismo de Judith Butler, cierto, pero no se percibe en su republicanismo oportunismo, sino coherencia con su relato de siempre. Juegan con otra baraja, la del Tarot. Su carta es El loco: un joven que combina sabiduría e insensatez y que, muchas veces, no se sabe a dónde va. Pero este tema lo dejaremos para mejor ocasión.

En resoluciones asamblearias y manifiestos Aragonès y los independentistas intentan vendernos ese sofisma que dice: “Implementemos la República y recuperemos el hilo rojo de los presidentes Macià y Companys”. Cuando ello sucede uno sospecha que juegan a confundirnos y surge la pregunta. ¿De qué República nos hablan? ¿De una virtual? ¿De la que duró unos segundos?

De repúblicas las ha habido y las hay de muchos tipos. Hay republicanos serios y también los hay de bandera de conveniencia. Pere Aragonès quiere vendernos un mañana republicano. Está en su derecho hacerlo, aunque muchos catalanes preferiríamos que nos ofertara una gestión del presente más digna y edificante que la actual. Es su obligación como gobernante. Como sugerencia, a los que usan la República como comodín, les recomendaría un mandato casi bíblico: no tomes el nombre de la República en vano.

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¿Quién es... Joan Ferran?
Joan Ferran

Licenciado en Filosofía y Letras y diplomado en Historia contemporánea. Ex diputado autonómico del PSC. Autor de diversos libros, tertuliano y colaborador en diferentes medios de comunicación.