La 'represión del Estado'

Joan Ferran
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La reunión del ministro Félix Bolaños y la consellera Laura Vilagrà no pasó de ser el típico aperitivo destinado a abrir boca y entretener al estómago. Cuentan fuentes bien informadas que el encuentro sirvió tan solo para confeccionar el menú que Pere Aragonès y Pedro Sánchez degustarán alrededor de una mesa antes de los calores de agosto.

ERC necesita reunirse con Sánchez para demostrar a seguidores y competidores que puede influir en la agenda del presidente español. Le basta con poner cara de pocos amigos y soltar un par de invectivas contra su enemigo secular para hacer méritos. De momento, misión cumplida.

Por su parte, a Pedro Sánchez le interesa recuperar la iniciativa política --ya lo ha hecho estos días con las medidas sociales aplicadas contra la crisis-- huyendo del subidón de la derecha tras las elecciones andaluzas y acallando, de paso, el runrún de los barones habituales.

En esta tesitura me atrevería a sugerir que, por el bien de Cataluña y de España, convendría que las reuniones y mesas de diálogo se dilataran en el tiempo. A pesar de la relativa cercanía de las elecciones municipales, ni a socialistas, ni a republicanos, ni al país, les conviene jugar con el fuego de las disputas. Lo ideal sería un gota a gota de acuerdos, sin prisas, sobre los grandes temas pendientes.

Es en este contexto tan frágil en que nos toca convivir, que no dejan de tener su importancia las palabras y los gestos. Cuando el vicepresidente del Govern, Jordi Puigneró, afirma que lo que procede es celebrar "menos reuniones, y más hacer perder votaciones", uno piensa que la irracionalidad se ha instalado en los despachos de la plaza Sant Jaume; que solo un fanático puede desear el cuanto peor, mejor.

Los comunicados, los discursos y las palabras también tienen su importancia. El uso perverso y malintencionado de determinados adjetivos puede llevar al traste la labor continuada de personas y colectivos que laboran por buscar salidas a los conflictos. 

Cuando la portavoz del Govern, Patrícia Plaja, en rueda de prensa, sube a la tribuna para transmitir las posiciones del ejecutivo catalán, confunde al ciudadano. Uno no acierta a comprender en nombre de qué facción del Govern habla, o si lo hace a título personal. Sus continuas alusiones a "la represión del Estado español" fatigan. Fatigan por extemporáneas, injustas y reiterativas. Devienen poco edificantes, precisamente en puertas de la celebración de reuniones de presidentes y mesas de diálogo. No ayudan a la distensión. Imagínense ustedes que el Gobierno español hiciera suyos, y usara tras una reunión entre las partes, los calificativos que tanto el PP como Vox emplean en sede parlamentaria para definir el independentismo.

La señora Plaja habla con desprecio del Catalangate, pero aún no hemos olvidado que hace apenas cinco años, desde un Govern nacionalista, mediante agentes de los Mossos d'Esquadra, se espió a personas contrarias al independentismo. Y eso ocurrió precisamente en una época en que la actual portavoz del Govern fue (durante 13 años hasta mayo de 2021) la máxima responsable de comunicación y redes sociales de los Mossos. Pero, claro, eso es agua pasada y ella puede alegar que no estaba al corriente del tema.

Recientemente Patrícia Plaja, respecto a una circunstancia personal que se ha hecho viral, ha afirmado en los medios de comunicación que "no podemos normalizar la presión estética". Comparto su opinión. No obstante, me gustaría que entendieran que tampoco podemos normalizar la agresividad verbal que se destila desde los alambiques del Govern de la Generalitat. El mantra "la represión del estado español" no nos transporta a las tesis de Louis Althusser, sino a una retorica panfletaria pasada de moda.

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¿Quién es... Joan Ferran?
Joan Ferran

Licenciado en Filosofía y Letras y diplomado en Historia contemporánea. Ex diputado autonómico del PSC. Autor de diversos libros, tertuliano y colaborador en diferentes medios de comunicación.