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Los buenos resultados obtenidos por Podemos y sus aliados, junto con el callejón sin salida de la hoja de ruta secesionista aprobada por el Parlamento de Cataluña, han vuelto a poner sobre la mesa el denominado derecho a decidir y , más concretamente, la celebración de un referéndum secesionista.

Esta situación ha vuelto a dar voz a los denominados equidistantes. Aquellos que se declaran contrarios a la independencia, no sólo Podemos, pero reclaman la necesidad de un referéndum “acordado o pactado” que dé salida a la situación actual.

Cuando en alguna ocasión se me pregunta sobre el tema del referéndum secesionista siempre contesto que estoy en contra de suavizar o simplemente saltarse las normas constitucionales para hacer más fácil su celebración. Como estaría igualmente en contra si alguien planteara lo mismo para eliminar el estado de las autonomías o pretendiera introducir la pena de muerte.

Todo el mundo tiene derecho a plantear políticamente lo que crea adecuado, pero no se puede pedir a los que no estamos a favor que facilitemos sus deseos. Los resultados de Podemos demuestran que los partidarios de trocear la soberanía española pueden alcanzar las mayorías necesarias para modificar la Constitución conforme a sus anhelos y, a partir de ahí, plantear el referéndum secesionista. Pero, ¿por qué los demás debemos facilitarles la labor?

Las mayorías reforzadas son el pacto social que nos hemos dado los españoles

El hecho de que lo pida parte de la población catalana, ni siquiera suficiente para reformar el Estatuto de Autonomía, no cambia las cosas. Precisamente las mayorías reforzadas y la protección constitucional son el pacto social que nos hemos dado los españoles, incluidos los catalanes, para dejar de lado las vías de hecho. Como, por ejemplo, ocurre en cualquier sociedad mercantil. La mayoría, aún relativa, puede gobernar la vida social en el ámbito de sus competencias pero no puede modificar los estatutos sociales sin las mayorías reforzadas que muchas veces se establecen.

No se trata de anteponer las leyes a la democracia, sino justo al contrario. Aplicar las leyes para impedir las vías de hecho y por tanto garantizar la democracia.

Lo que ocurre es que la presión secesionista y su capacidad para comprar voluntades aprovechando disponer de un cuasi-estado que actúa sin control de legalidad, generan ansiedad y cierto síndrome de Estocolmo del que muchos se quieren liberar cediendo a las pretensiones separadoras.

Y no me vale que se hable de un referéndum meramente consultivo. La voluntad de los ciudadanos se expresa en las elecciones autonómicas, municipales y generales. Un referéndum consultivo sólo serviría para enconar la situación. Si es favorable a no romper España será cuestionado y se exigirá su repetición más pronto que tarde. Si es favorable al secesionismo sólo hará que aumentar la presión y exacerbar los ánimos.

Por eso cuando se habla de referéndum pactado me pregunto: ¿entre quién?. ¿Entre gobiernos que carecen de la legitimidad para ello?

Los secesionistas negarían los derechos que ellos poseen si triunfaran sus tesis

En un tema como éste que quiere romper deprisa una sociedad creada a partir de siglos de convivencia, que abriría la puerta a nuevos conflictos territoriales dada la vocación expansionista del nacionalismo catalán, que tendría efectos de contagio en otros territorios de España y de la Unión Europea hasta el extremo de ser la puntilla a una Europa que ya tiene numerosos problemas por resolver querer ser complaciente no es resolver un problema sino crear uno mucho mayor.

Que no se quejen los secesionistas. Los derechos de que gozan gracias a la democracia española serían, sin duda, negados por ellos a los no secesionistas si triunfaran sus tesis. La historia nos enseña cómo van estas cosas. No querer verlo es una negación cómplice. Consolidar el nuevo estado exigiría represión contra el enemigo interior y exacerbación del enemigo exterior. Ya lo harían ahora pero carecen, todavía, del poder suficiente. Ahora se limitan al ostracismo social del disidente. El nacionalismo se compagina mal con la democracia.

No caben atajos. Consigan las mayorías constitucionales, celebren el referéndum y, si lo ganan, todos los demócratas lo acataremos. Mientras tanto cualquier gobierno, estatal o autonómico, que cumpla las leyes. O, si no lo hacen, que las instituciones constitucionales las hagan cumplir. Y, mientras tanto, busquen los acuerdos necesarios para hacer reformas que mejoren el funcionamiento de nuestro estado y la convivencia leal, y háganse.

La globalización genera muchos perdedores. Muchas capas de la población se descuelgan y quedan al albur de populismos que en cada país tienen unas siglas diferentes pero que coinciden en lo esencial: volver atrás, reinstalar fronteras, fortalecer el intervencionismo económico del estado. Pero esta dinámica, si triunfa, abocara a Europa a empobrecerse, a confrontaciones armadas o a soluciones autoritarias. Algunos dicen que rehacer el orden económico y político mundial nos aboca a nuevas guerras. Seamos parte de la solución, no la mecha que encienda el conflicto.

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¿Quién es... Francesc Moreno?
Francesc Moreno

Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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EduardoPinzolas 12/01/2016 - 01:32h
Excelente reflexión, sobre todo en su parte central. Conceder un referéndum es poner en marcha un reloj que luego resulta imposible de parar. Porque, en efecto, no nos lo inventamos nosotros, lo aseguran ellos por boca de Carod Rovira, que venía a decir lo siguiente: lo importante es conseguir el primero, ya que, una vez conseguido el primero, los demás vendrán inevitablemente hasta conseguir el resultado que queremos. Sólo habrá que exigirlos con la insistencia necesaria. Concedido uno, en base a qué principios van a negar los siguientes. Esto dicen los propios nacionalistas, así que es estúpido seguir su juego.
EduardoPinzolas 12/01/2016 - 01:32h
(2)Por otro lado, un referéndum pactado es una argucia lingüística que disfraza una imposibilidad jurídica: el gobierno español no puede pactar nada así con ningún gobierno autonómico, porque aparte de trocear la soberanía española, implica reconocer una imposible bilateralidad entre el todo y la parte. Cataluña no puede tener una relación bilateral con España, esto es, una relación de tú a tú entre iguales, porque Cataluña es parte de España, no un ente distinto, independiente y soberano (tesis nacionalista a partir del no reconocimiento de la nación española y su afirmación de distintas naciones soberanas en un estado plurinacional).
Alquife 12/01/2016 - 01:32h
http://alquife-porlaizquierda.blogspot.com.es/2016/01/atraccion-fatal-izquierda-y-nacionalismo.html
Marino 12/01/2016 - 01:32h
Ante la excelente reflexión del autor y el acertado comentario de Eduardo solo recordaré algunas de las mentiras de las que parte todo: 1) No se trata de saber lo que piensan los catalanes puesto que lo manifiestas votando todos los años (europeas, autonómicas, nunicipales y generales) sino de crear un precedente. 2) Tampoco de que Cataluña sea o haya sido en algún momento algo distinto a "España" sino que España es la pluralidad de sus regiones o C.A., presentar a España como Castilla es mentir a conveniencia y seguir la visión idealista de los escritores del 98. 3) La consulta es un referéndum porque si no se actúa en consecuencia¿para qué sirve? 4) Cuando se niega el derecho a votar en el referéndum a todos los españoles alegando que donde hay "verdadera democracia" solo han votado escoceses o quebequeses hay que contestar como Forn a Inda cuando le recordó el respaldo de la sociedad catalana a la Constitución: ¿Y? Es decir: Nos importa muy poco lo que hagan otros con su dignidad.
Marino 12/01/2016 - 01:32h
5) Tergiversación de la historia desde el poder nacionalista sin que haya sido rebatida por quienes estaban obligados a hacerlo: PP,PSOE e IU, ha llevado a que la juventud desconozca la historia y hable sobre ella tras haberla aprendido de algunos políticos. Así, no es que Pablo Iglesias se confundiera, como afirman algunos periodistas, cuando dijo que Andalucía quiso permanecer en España, es que él cree, o creía cuando lo dijo, que las cosas sucedieron así. Y en alguna parte lo habrá aprendido. 6) La constante perversión del lenguaje llamando derecho a la imposición de unos sobre otros. Aquí hay que decir que lo último que he visto ha sido a Pablo Iglesias referirse con el término exiliados a los emigrantes españoles en el extranjero. Como hoy no hay exiliados políticos nos los inventamos, cuando los había ¿Cómo distiguía Iglesias a unos de otros? 7) Mezclar justicia social y nacionalismo para conseguir que la izquierda identifique a España con la derecha.
JRamon 12/01/2016 - 01:32h
Un bon anàlisi Sr. Moreno. El felicito¡
mimartin 12/01/2016 - 01:32h
Poco que añadir a reflexiones tan clarividentes. Especialmente la 7) de Marino.Incluso Moreno esta más claro que otras veces. Sólo insistir en un concepto que ha apuntado Moreno:los nacionalistas disponen de un cuasi-Estado. De hecho, como Estado sólo le falta un Goberno reconocido por NAciones unidas y unas Fuerzas Armadas. Todo lo demás es prácticamente suyo.El Estado español, por estar gobernado por ineptos que creen sólo en su poder y no en España, es incapaz de articular ninguna politica que contrarreste el nacionalismo, ni de cohesión ni de presencia de España... un niño en Cataluña sólo ve Estado catalán desde que nace. Ciudadanos era la gran esperanza, pero los españoles no son conscientes de lo que nos jugamos. Aunque en realidad todo el mundo lo fía a la imposibilidad de la secesiónn. Es decir, estamos calados por la idea de Rajoy de que es mejor no oponerse porque ni aún así lo conseguirán por ser un disparate; estrategia muy peligrosa además de muestra de incapacidad.
m.a. 12/01/2016 - 01:32h
Creo que poco más se puede añadir a los excelentes artículo y comentarios precedentes. Quizá apuntar que lo del engañoso "derecho a decidir" nos puede conducir a la "obligación a renunciar". Y preguntar dónde se sitúa la consideración de sujeto jurídico o político, en el individuo, el barrio, el pueblo...Bien es verdad que en este último supuesto ya existen antecedentes muy cercanos: dos "aguerridos" alcaldes de esta C A declararon hace pocos días, fueron "noticia" durante algunos telediarios, su unilateral desconexión del Estado y se quedaron tan panchos, aquí no pasa nada. Parece algo caótico, sin sentido, muy CUP. De prosperar, yo me votaría por una BCN autónoma, libre de la carga económica que representa el mundo rural, prefiero las nueces turcas, hermanada con las grandes capitales del mundo, empezando por Madrid que es de largo con la que más sinergias se generan. Si no, que se lo pregunten al Barça.
m.a. 12/01/2016 - 01:32h
Ah! Y alguna concejalía chunga, de esas de no pegar brote, para complementar mi pensión, tema que al parecer no importa a nadie a pesar de afectar a un montón de ciudadanos hoy, y a todos los futuros sobrevivientes.
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