¿Quién tiene las 'manos limpias'?

Carlos Quílez
7 min

La detención del presidente de Manos Limpias no ha sido casual, ha sido previsible. Durante años y sumarios, el sindicato de funcionarios (o sindicato ultra), se ha mantenido en la delicada linde que separa lo procedimentalmente correcto y decente, de lo otro. Por lo tanto, no era absurdo pensar que quizá algún día el piloto verde de la maquinaria de la justicia se acabaría activando y, en consecuencia, los mandamases del sindicato morderían el polvo. Un polvo que, según la investigación preliminar, Bernad y los suyos, con premeditación, alevosía y dinero de por medio, habrían hecho morder a más de uno.

No es, pues, una detención casual. No lo es por esto, por haber jugado con fuego, pero sobre todo, además, no lo es porque en la Audiencia Provincial de Palma se juzga un caso en el que una Infanta de España se sienta en el banquillo de los acusados por culpa de Manos Limpias. No es una teoría conspirativa, ni paranoica. Es una constatación objetiva.

¿Administración judicial de Manos Limpias?

En el escenario abierto por la investigación de Pedraz contra Bernad no sería imposible pensar que ante el descabezamiento de la institución, la Audiencia Nacional nombre a unos administradores judiciales.

¿Se imaginan a unos administradores judiciales ordenando a todos (o algunos) de los abogados contratados en las decenas de causas en las que está personado el sindicato que desistan de las acusaciones y se retiren de los litigios (incluido el de la infanta)? Tremendo, verdad. Pero, técnicamente, posible.

El sindicato estuvo donde no estaba el fiscal

Lo de Manos Limpias ha sido una piedra en el zapato para el establishment político/judicial del país. Sus actuaciones han sido razonablemente estentóreas, en no pocas ocasiones. Eso escuece y molesta. En otras, sin embargo, las actuaciones procesales del sindicato han provocado alegría en un mundo de togas donde parece que todo está reglado, regulado y sentenciado a priori.

Manos Limpias ha llegado donde el jerárquico y protocolorizado Ministerio Fiscal no ha podido/sabido/querido o no le han permitido llegar. Eso también es otra constatación objetiva.

Algunos prestigiosos fiscales, adalides en Cataluña y en el resto de España de la lucha contra el delito económico o el de corrupción, han reconocido que "lo de Manos Sucias", a veces, era un incordio o una distorsión, pero en ocasiones era un asidero al que recurrir cuando se acababa (o les embargaban) el combustible.

Los políticos, también de contubernio

La clase política también frecuentó ese local en el que se alternaba a todas horas y en el que acabó convirtiéndose el sindicato.

Unos lo hicieron para aprovecharse de la irreverencia de su presidente siempre dispuesto a cortar cabezas. Los más desaforados se personaban con el fin de dinamitar al enemigo talonario en mano, el resto para conocer y traficar con la abundante información que la cúpula del sindicato manejaba gracias a sus estrechas relaciones con esa parte sórdida e innombrable de actual Ministerio del Interior en funciones.

Jueces aprovechados

También han recurrido a la hospitalidad que rezumaba el local de Manos Limpias algunos operadores judiciales, entre los que no se incluyen la mayoría de su propios abogados subcontratados, ajenos a las prácticas de Bernad.

Hace algo más de cuatro años, un juez de instrucción de Barcelona se personó en el despacho de la entonces Fiscal Superior de Cataluña, Teresa Compte, para pedir la implicación activa y operativa de la fiscalía en una investigación que tenía por objeto demostrar el supuesto grado de corrupción de quien, entonces, era un alto mando policial de los Mossos d'Esquadra. La fiscal le atendió, le escuchó y le dijo que no. Que conocía lo que el magistrado se llevaba entre manos, que sabia de la decencia del mando policial y que no contase con ella en esa guerra.

Un juez buscando acusación

El juez, necesitado de apoyos (¿necesitado de apoyos?) para justificar y adornar su cruzada, se entrevistó con el fiscal anticorrupción, el malogrado, David Martínez Madero, entonces director de la Oficina Antifraude de Cataluña.

Martínez Madero, hombre bregado en arduas investigaciones, incorruptible y sensato, trató, con relativo éxito, de disuadir al obsesionado juez de su plan para incriminar a ese mando policial y para, al mismo tiempo, y en el marco de la misma investigación, poner patas arriba a todos los grupos operativos EDOA (de delincuencia organizada) de la Guardia Civil de Cataluña. El fiscal no necesitó demasiados datos para entender, objetivamente, que lo que barruntaba el juez era un sinsentido a partir de los indicios que había sobre la mesa y que el juez le había explicado con vehemencia.

Entra en juego Manos Limpias

El juez volvió a fracasar, pues, en su búsqueda de 'apoyos'. Días después, un preocupado Martínez Madero llamó a la fiscal jefa Teresa Compte y ambos compartieron la inquietud por la desenfocada y estrepitosa actuación en ciernes de aquel magistrado.

Ella, la fiscal superior, le dijo a Martínez Madero que una fuente de toda solvencia le aseguraba que 'su señoría' había recurrido a Manos Limpias para buscar un motor acusatorio para el vehículo procesal que quería poner en marcha. Y su fuente resultó ser buena: Manos Limpias compareció en esa causa. Y sigue comparecida. Por cierto, los 11 guardias civiles imputados en ese sumario y por ese juez fueron llevados a juicio y resultaron absueltos. El juez no llegó a imputar jamás al mando de los Mossos.

Ahora, leña del árbol caído

Así pues, este sindicato ha sido poco menos que un local de alterne al que lo más ruin de esta sociedad ha recurrido para intentar llegar a donde la ley o la cobardía no les iba a permitir.

Ese local ha sido registrado por la UDEF y uno se pregunta si debajo de la alfombra habrá aparecido la información que ponga a cada cual en el lugar que le toca.

Quien a hierro mata, a hierro termina. Y, si no, tiempo al tiempo...

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¿Quién es... Carlos Quílez?
Carlos Quílez

Carlos Quílez Lázaro, periodista y escritor barcelonés, coordinador de investigación de Cronica Global, procedente de ED, donde trabajaba desde octubre de 2014 y tras cinco años al frente de la Dirección de Análisis de la Oficina Antifraude de Catalunya y veinte como periodista radiofónico de la crónica de sucesos en la cadena SER. Es colaborador habitual de La Sexta y de otras televisiones españolas donde acude de forma regular para desentrañar casos de corrupción política y económica. Como escritor es autor de siete novelas del género negro. Entre otras, destacan: Cerdos y Gallinas (Alrevés, 2012), La soledad de Patricia (RBA, 2010), Mala Vida (Aguilar, 2008); Piel de Policía (Roca Editorial, 2006); y Asalto a la Virreína, con Andreu Martín (Mondadori, 2004). En 2009 obtuvo el premio Crímenes de Tinta en su segunda edición.