Puigdi Jump: ha nacido una estrella

11.03.2019
Guillem Bota
6 min

No ha resultado sencillo averiguar cuál era el propósito que tenía en la mollera el fugado Puigdemont cuando interpretó su tocata y fuga. Descartado como estaba que ello le sirviera para presidir no ya una autonomía, sino ni tan siquiera un club de petanca; visto que lo de «internacionalizar el procés» significaba a visitar las Islas Feroe y ser recibido por un subsecretario o algo parecido de alguna recóndita administración; y teniendo en cuenta que la República Catalana --así, en mayúsculas-- resultó ser una broma inocente y sin ánimo de perjudicar a nadie, o eso por lo menos deben tragarse los magistrados, todas las apuestas coincidían en que lo único que pretendía el huido era poner tierra de por medio entre él y su señora. Cosa disculpable: ¿qué marido no ha tenido alguna vez ganas de hacer lo propio?

Sin embargo, los últimos acontecimientos han derribado esta teoría, para desgracia de muchos maridos que tenían ya a Puigdemont no sólo como héroe, sino como ejemplo a imitar. Hace unos días, el ex presidente fugado se coló en un acto que se celebraba en el Parlamento Europeo, acto al que no había sido invitado y que para acceder al cual tuvo que llevar a cabo martingalas tales como hacerse con una acreditación ajena, o sea, suplantar una personalidad, entre otras. Por fin ha mostrado al mundo cuál era, no diré ya su propósito, sino su auténtica vocación: emular al heroico Jimmy Jump.

Por si algún lector no está versado en la historia de Cataluña, en concreto en el apartado titulado «héroes legendarios», recordaré que Jimmy Jump era el fulano que, barretina en la cabeza, se colaba en espectáculos varios, desde el festival de Eurovisión hasta el terreno de juego durante partidos del Barça, esto último con la barretina como única prenda de vestir. Puigdemont, que siempre ha tenido ganas de ser recordado por algo, por lo que sea, veía a Jimmy Jump y se decía: un día yo seré como él. Dicho y hecho: ha nacido Puigdi Jump. Ha empezado colándose en un acto en el Parlamento Europeo, ya se ve que el festival de Eurovisión era poca cosa para alguien con sus ínfulas, pero una vez roto el hielo, será un no parar. La próxima actuación de Puigdi Jump será saltar desnudo al terreno de juego durante algún derbi futbolístico de aquellas tierras, tal vez un Standard de Lieja-Brujas, y correr perseguido por los guardias de seguridad mientras las cámaras de televisión nos muestran que en sus sonrosadas --por el frío que arrecia en el norte-- nalgas luce escrito un «Visca Cataluña» («Visca» en la izquierda i «Catalunya» en la derecha) así de grande. Entre los que saben de su vocación, extrañó que en su aparición en el Parlamento Europeo no aprovechara para bajarse los pantalones y hacer un calvo, lo único que le falta llevar a cabo en sus desesperados intentos de llamar la atención. Manteniendo pantalones y calzoncillos en su lugar, consiguió solamente aparecer en TV3, y para eso no necesita ejercer de Jimmy Jump, le basta con descolgar el teléfono y hacer que venga un equipo de cámara y redactor, como quien pide una pizza.

Deberemos estar atentos a las próximas apariciones de Puigdi Jump, puede ser en fiestas patronales de la región, eventos deportivos, jubileo de los reyes de los belgas o el equivalente en aquella televisión a «Mujeres y Hombres y Viceversa». Por su propia naturaleza, tales apariciones no pueden revelarse con antelación, el factor sorpresa es esencial, pero allá donde no sea invitado --y eso supone un numero infinito de posibilidades-- allá donde pueda haber prensa que recoja su imagen, allá donde sea considerado un pelmazo --y de nuevo las posibilidades se multiplican--, allá puede saltar Puigdi Jump. La que ha montado este hombre, por simple afán de notoriedad.

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¿Quién es... Guillem Bota?
Guillem Bota

Guillem Bota quiso ser siempre torero, pero haber nacido en un pueblecito de la provincia de Gerona (Fornells de la Selva, 1970) sin plaza de toros, le dificultó la vocación. No se rindió el maletilla, y embarcó en un carguero rumbo a América, con un hatillo y un viejo jersey de su madre que hacía las veces de capote, como único equipaje. Quiso la mala fortuna que el carguero atracara en Buenos Aires, ciudad en la que abundan las porteñas mas no los morlacos, con lo que desvió su atención de éstos a aquéllas, con desigual fortuna y algunas cogidas. A orillas del río de la Plata empezó a colaborar con distintos periódicos e incluso se atrevió con dos libros de relatos -le marcó conocer en persona a Roberto Fontanarrosa-­, siempre bajo seudónimo que ocultara a sus allegados el fracaso en la lidia. Regresó a su tierra más viejo pero más sabio y con cinco hijos allende los mares. Se instaló en el Ampurdán con la vana esperanza de que se le pegara algo de Josep Pla y de que no lo localizaran las madres de sus retoños.

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