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El PSC sacude unas elecciones diferentes

José Antonio Sorolla
7 min

Cada vez está más claro que las elecciones catalanas del 14 de febrero no son unas elecciones más. Lo creen así Pedro Sánchez y el PSC y de ahí la sacudida del tablero que acaban de provocar con la sustitución de Miquel Iceta por Salvador Illa como candidato a la presidencia de la Generalitat.

Las elecciones no pueden ser iguales a las que se han celebrado en la última década --estas serán nada menos que las quintas en diez años-- porque se celebrarán en medio de una pandemia que ha costado miles de muertos --al menos 17.000 en Cataluña-- y ha cambiado la vida de miles de millones de personas en todo el mundo. Hasta el final de este maldito 2020, se habían contagiado 80 millones de personas en el mundo y habían muerto 1,8 millones.

Tampoco pueden ser las mismas elecciones de siempre porque el proceso soberanista se ha traducido en una década perdida y ha alcanzado un nivel de hartazgo en unos sectores y de indiferencia en otros que ha de notarse necesariamente en las intenciones de voto. Si los cinco primeros años del procés, del 2012 al 2017, se caracterizaron por la agitación y por la ilusión de una parte considerable de los catalanes en busca del sueño de la independencia, los tres años que siguieron a la extrema tensión de los hechos de octubre de 2017 y al fracaso subsiguiente han estado marcados por el desconcierto, el desvarío, la paralización y las peleas fratricidas entre los dos principales partidos independentistas.

Las elecciones del 14F se distinguen también en el hecho de que ningún candidato efectivo repite al frente de las listas electorales de las principales formaciones políticas. Solo Carles Puigdemont encabeza simbólicamente la misma lista que en el 2017, pero con la renuncia expresa a competir por la investidura, posibilidad reservada a la debutante Laura Borràs. En el caso de ERC, Oriol Junqueras no se presenta por estar preso e inhabilitado, y ha sido reemplazado por Pere Aragonès, pero los demás partidos han cambiado sus cabezas de cartel sin que nadie les forzara a ello. Así, Carlos Carrizosa sustituye a Inés Arrimadas en Ciutadans; Alejandro Fernández releva a Xavier García Albiol en el PP; Jessica Albiach, a Xavier Domènech en Catalunya en Comú-Podem, y Dolors Sabater, a Carles Riera en la CUP.

El cambio más inesperado y sorprendente, sin embargo, ha sido la sustitución de Miquel Iceta por Salvador Illa en el PSC. La apuesta de Pedro Sánchez y del propio Iceta al optar por el aún ministro de Sanidad significa que los socialistas catalanes van a por todas y aspiran a movilizar a un electorado que estaba resignado y desmotivado ante la previsible reescritura del guion con una nueva victoria independentista.

El PSOE y el PSC están convencidos de que la buena imagen moderada, dialogante y templada de Illa, que ha sabido huir de la crispación tanto en la gestión de la pandemia como en el rifirrafe político diario, les puede otorgar la victoria en un panorama en el que Cs --vencedor en el 2017-- se desmorona, Junts per Catalunya sigue encerrado en su burbuja imaginaria y ERC acusa la falta de liderazgo y no acaba de concretar las expectativas que despierta.

La candidatura de Illa pretende, sobre todo, ensanchar la base electoral del PSC en el electorado huérfano de Ciutadans y en el área metropolitana de Barcelona, donde la ambigüedad opositora de Iceta no acababa de satisfacer. Illa está mejor valorado en los sondeos públicos y privados que Iceta, cuya falta de empuje entre los electores había sido detectada en los estudios cualitativos efectuados por el PSC.

A esa apertura hacia Cs responde el fichaje del número dos de Ciutadans en el Ayuntamiento de Tarragona, Rubén Viñuales, que irá en el segundo lugar de la lista del PSC por esa provincia. Pero, al mismo tiempo, los socialistas quieren arañar votos de los comunes y de ahí la incorporación de la escritora Gemma Lienas como número cuatro por Barcelona. Los despojos de Ciutadans son también objeto del deseo de otros partidos, como el PP y Vox. El fichaje por el PP de la hasta no hace mucho candidata de Cs a la Generalitat, Lorena Roldán, responde a esa aspiración, aunque no ha tenido el impacto de que hubiera gozado por coincidir con el anuncio de la candidatura de Illa.

Si el PSC no consigue vencer en las elecciones y presidir la Generalitat, algo que se ve aún bastante difícil, pese a las proclamas oficiales --necesarias, no obstante, para quien quiera ganar--, al menos puede aspirar a romper la mayoría independentista que conforman ERC, Junts y la CUP. Si esa línea roja se quiebra, las posibilidades que se abren son múltiples, y no solo para gobernar, porque significaría un vuelco en todos los sentidos.

La apuesta por Illa en Cataluña solo tiene ventajas. El único riesgo eran las críticas de los demás partidos. La oposición ha reaccionado con irritación. Tanto los partidos españoles como los adversarios de Illa en Cataluña han coincidido en el argumento de que se ha valido de su cargo de ministro de Sanidad durante la pandemia para promocionarse cara a las elecciones. Ello solo indica, por una parte, el respeto y el temor que suscita una candidatura que agita el mapa político. Por otra, es muy fácil desmontar la solidez de la argumentación cuando esa misma oposición ha reclamado insistentemente la dimisión de Illa. ¿Tenía que dimitir por su mala gestión y cuando lo deja se aprovecha del cargo? O una o la otra, ambas cosas no pueden ser.

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¿Quién es... José Antonio Sorolla?
José Antonio Sorolla

Periodista desde 1974. Ha sido redactor jefe de El País, director adjunto de El Periódico de Catalunya y corresponsal de ambos diarios en París.