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El PSC en el chapapote

Pedro Vega
14.12.2020
7 min

Por una extraña conjunción astral, el cielo o quien sea ha querido que las elecciones catalanas tengan su pistoletazo de salida un día tan señalado como el del sorteo la Lotería Nacional: el 22 de diciembre. Siempre, claro está, que no se cruce algo y se altere todo en un gran Armagedón, que todo es posible en estos tiempos de chapapote político, panorama negro, viscoso y pegajoso. Los sorteos siempre son motivo para el anhelo descreído. ¡Todo es cuestión de suerte! Casualmente también, tras el día más corto del año, recién empezado el solsticio de invierno y con la luna en cuarto creciente. Además, la fecha inicialmente prevista, el 14 de febrero, acabaremos de salir de una fase de luna nueva en pleno día de reflexión. Será un gran momento para los lunáticos.

Han querido a su vez los hados que los socialistas catalanes o, más exactamente, el Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC) decida sus candidaturas el 29 de diciembre. Es de agradecer que no hayan elegido la víspera, día de los Santos Inocentes, de bromas pesadas o ligeras. Los tiempos no están para sarcasmos ni chirigotas. Lo que salga de ese día es una incógnita difícil de despejar. Ya queda menos. Sobre todo para saber quién será el candidato del PSC para intentar presidir la Generalitat.

Madrid, como capital política, administrativa y económica, siempre ha tenido la peculiaridad de ser una gran caja de resonancia y rumores de todo tipo. De una u otra forma, su palpitar acaba siempre teniendo ecos en provincias. Y ya llevamos largos días con el rumrum de si la apuesta de La Moncloa, que no del PSC, será Miquel Iceta o Salvador Illa. Lo único que parece claro es que la veda está abierta.

No falta quien sostiene que el PSC puede ser lugar de refugio o esperanza para un buen número de votantes. Sin embargo, Miquel Iceta parece haber mutado en un displicente o apático melifluo incapaz de tomar decisión alguna o de hacer oposición a los socios de investidura y Presupuestos de Pedro Sánchez, es decir, a ERC. En consecuencia, el partido está desaparecido en combate, ni está ni se le espera en lugar alguno, incapaz de formular cualquier propuesta novedosa. Con un socialismo en horas bajas en Europa, en Cataluña vive en estado de contradicción permanente: la autocracia monclovita ha convertido al primer secretario del PSC y su formación en un simple correveidile. “Lo trasladaré”, es respuesta formal a quienes incluso le pueden plantear la posibilidad de configurar una plataforma electoral en la que el partido que ¿dirige? sea el eje vertebrador para plantar cara al independentismo. Después, todo es silencio. La Moncloa es quien decide.

Dice el refrán que “si del cielo caen limones, aprende a hacer limonada”. Y esta parece la máxima del socialismo orgánico catalán: con la confianza de rebañar un puñado de votos desencantados de Ciudadanos. Cuántos sean, da lo mismo. Siempre será algo más y llovidos como por arte de birlibirloque, sin esfuerzo alguno, sin oferta clara, iniciativa ni presencia de ningún tipo. Da igual el ámbito de que se trate: teniendo mayoría aplastante, Antoni Balmón dejó el AMB a disposición absoluta de los Comunes y el PSC, cuyo discurrir rige formalmente Miquel Iceta, no se enteró de lo que pasaba en la Cámara de Comercio, no ha dicho una palabra de las elecciones del Barça, está a punto de escurrírsele entre los dedos el rectorado de la Universidad de Barcelona, no sabemos qué opina de las andanzas de Mediapro… ¿Pura inocencia ingenua o desidia? Y qué decir del Ayuntamiento de Barcelona: meros comparsas siempre dispuestos a poner la cara en la foto en un papel de convidados de piedra, sea Jaume Collboni con Ada Colau o cualquier otro concejal socialista con alguno de los Comunes. Siempre por parejas, como la Guardia Civil, pero sin mando en plaza.

Prevalece en el PSC, y podríamos extenderlo al PSOE, una especie de pandemia de silencio, mientras se instala la nostalgia en el ayer sin ver perspectivas de futuro. Sin ánimo de que nadie se deprima, que bastante tenemos con el bicho y sus consecuencias de tan diverso tipo, parece que se hubiese quebrado el contrato que cualquier partido tiene con sus electores, con los votantes que depositan en él su confianza. Un hecho de especial gravedad en un régimen democrático, guste más o menos, por encima de las deficiencias que pueda tener.

En la historia se suceden los ciclos. Es lo que tiene la alternancia, el juego de las mayorías. Miquel Iceta, por más valorado que sea por los ciudadanos, probablemente ya agotó el suyo: se quedó a las puertas de ser senador y quizá presidir el Senado. Acaso porque alguien tenía a mano “El principio de Peter” y pensó en aplicarle lo del “Arabesco lateral”; pero salió mal. Es algo que puede pasar y de hecho pasa en todas las organizaciones. Puede dar las gracias a ERC, socio preferente de Pedro Sánchez, a quien se empeñan en presentarnos como un partido de izquierda.

¿Es el momento de Salvador Illa como gran redentor del socialismo catalán? Nunca lo sabremos hasta que se dé el paso. Por bien que lo haya hecho o tratado de hacer al frente del Ministerio de Sanidad en tan amarga crisis, tampoco es la alegría de la huerta, se le ha puesto aspecto de enterrador de western y al mejor candidato del mundo le pueden arrastrar al cenagal las siglas de un partido sin alma y descafeinado.

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¿Quién es... Pedro Vega?
Pedro Vega

Santander; Aries, mientras los astrólogos no alteran las certezas zodiacales; cosmopolita residente en Barcelona tras pasar por Paris, Bucarest y Madrid. Colaborador de diversos medios informativos, es autor de libros como “Crónica del antifranquismo”. Dedicado desde hace tiempo a la consultoría de comunicación de grandes corporaciones empresariales.