El PSC acapara poder en las compañías estatales

Gonzalo Baratech
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La cúpula del gigante tecnológico Indra, ubicada en Madrid, acaba de vivir una situación insólita en el mundo empresarial. Su principal propietaria, la sociedad pública Sepi, anunció días atrás el cese de Fernando Abril-Martorell como factótum de Indra, y su relevo por el ingeniero catalán Marc Murtra.

El consejo de la firma recibió el cambio con escaso fervor. Durante una semana lo analizó del derecho y el revés. Finalmente, el jueves último dictó su veredicto. En una especie de solución salomónica, dio luz verde a la salida de Abril-Martorell y su reemplazo por Murtra. Pero con una diferencia. Así como el primero disfrutaba de plenas facultades, el segundo asumirá un papel institucional, mientras que el peso de la gestión del negocio recaerá en dos profesionales de la casa, Cristina Ruiz Ortega e Ignacio Mataix Entero, quienes ya venían ejerciendo de directores generales del potente conglomerado.

Así, pues, donde antes había un jefe supremo, ahora habrá tres: uno encargado de las relaciones con el Gobierno, que no en vano es el primer socio y el primer cliente; y otros dos con rango de consejeros delegados solidarios.

Indra figura entre las más prestigiosas ingenierías y consultorías europeas. Es especialista en técnicas de la información aplicadas al transporte, el tráfico aéreo, la defensa y la seguridad. Su giro anual supera los 3.000 millones y su plantilla abarca 47.000 empleados de alta cualificación.

Nació en 1993, como resultado de la fusión de la estatal Inisel y la privada Ceselsa. Se privatizó en 1999, bajo la férula de José María Aznar. Pero el sector oficial, por medio de la Sepi, retuvo en su poder un copioso paquete de acciones. Este equivale hoy a un 19% del total y es el mayor existente en una sola mano.

Abril-Martorell enarboló las riendas de Indra seis años atrás. Le avalaba un currículo descollante: consejero delegado del Credit Suisse en nuestro país, director general de JP Morgan, primer ejecutivo del coloso Telefónica, e idéntico trono en el grupo mediático Prisa, editor del diario El País.

Por su parte, Murtra, ingeniero industrial por la UPC, encabeza en la actualidad la casa de fusiones y adquisiciones Closa Capital y es patrono de la Fundación La Caixa. Adicionalmente, cuenta con un extenso bagaje de conocimientos sobre las administraciones socialistas: fue jefe de gabinete del ministro de Industria Joan Clos; director general de Red.es; y responsable de Educación y Cultura en el Ayuntamiento de Barcelona. Asimismo, ocupó poltrona en los sanedrines de Paradores y del Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación. En resumen, formación y experiencia no le faltan. Y de paso se le atribuye una notable cercanía a Salvador Illa y Miquel Iceta.

El rifirrafe acaecido en la cúspide de Indra es extraordinario, tal como digo al comienzo. Es sabido que en las entidades mercantiles manda quien posee la cuota de capital más abultada. En el caso de Indra, cumple tal requisito la Sepi, pues su participación dobla la del siguiente titular en orden de magnitud, a saber, la Corporación Alba de la acaudalada familia mallorquina March. Además, resulta que el máximo cliente de Indra es nada menos que el Ministerio de Defensa.

Las vicisitudes de este consorcio no son comparables a las sufridas por otras varias compañías de la órbita gubernamental desde que Pedro Sánchez anida en la Moncloa. Antes, cuando militaba en la oposición, fustigó con dureza la práctica de las “puertas giratorias”, o sea, los trasvases de altos gerifaltes de lo público a lo privado y viceversa. Ahora que encarna el poder omnímodo, esas mismas puertas se siguen moviendo a todo trapo.

Para muestra un botón. Los prebostes del Partit Socialista de Catalunya (PSC) van ocupando butacas destacadas en las grandes empresas nacionales. En orden cronológico, el primer llegado es Isaías Táboas, secretario general de presidencia cuando José Montilla lideraba la Generalitat. En junio de 2018 catapultaron a Táboas a la cumbre de Renfe.

Un mes después, Maurici Lucena, exdiputado del PSC, ascendía a gestor de los aeropuertos de Aena. En junio de 2020, el citado Montilla aterrizó en Enagás​. Jordi Hereu, exalcalde de Barcelona, empuña desde septiembre la batuta de los satélites de Hispasat

A la vista de semejante repertorio, no parece sino que los miembros del PSC gocen de la bula del régimen sanchista.

Desde el punto de vista de los catalanes, tal circunstancia no es vituperable, sino todo lo contrario. En vez del enfrentamiento constante con “Madrid”--deporte predilecto de los capitostes vernáculos desde hace siete años--, al Principado le interesa disponer de la mayor presencia posible en los centros decisorios de la Villa y Corte, que es donde se corta el bacalao más apetitoso de Celtiberia. El PSC ya ha abierto camino. A ver si toman nota Pere Aragonès y su flamante Govern.

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¿Quién es... Gonzalo Baratech?
Gonzalo Baratech

Baratech forma parte de una estirpe periodística catalana de larga tradición. Licenciado en Administración de Empresas por la European University y máster en Social Media Branding & Digital Strategy por La Salle-Universidad Ramón Llull, es coautor del libro Mas-Colell, el ‘minessoto’ que fracasó en política, de reciente publicación. Ha colaborado en Economía Digital y con anterioridad en La Vanguardia Digital y el diario Avui.