Pensamiento

Pronóstico para 2014: más tensión

7 noviembre, 2013 08:23

Poco a poco se han ido apagando los ecos de la movilización del 11 de septiembre, y el debate sobre la independencia parece haber entrado en una nueva fase. Los partidos políticos hacen cálculos, revisan su estrategia e intentan adecuarla a las cambiantes circunstancias mientras miran con el rabillo del ojo a los demás.

En las últimas semanas el independentismo ha recibido una serie de pésimas noticias que su potente maquinaria de propaganda no ha podido contrarrestar. La peor de todas: la economía española muestra síntomas de recuperación, y la posibilidad de quiebra del Estado español parece descartada. Una mejora de la situación económica aleja a algunos sectores sociales de las tentaciones rupturistas. No conviene poner en riesgo la frágil recuperación, y la nula simpatía que despierta el procés entre los poderes económicos catalanes se pone de manifiesto cada vez con mayor claridad.

En el frente internacional, se suceden las opiniones autorizadas que advierten sobre las peligrosas consecuencias de una secesión de Cataluña. La actividad de lobby del Gobierno autonómico no cosecha, de momento, demasiados éxitos.

Numerosos intelectuales dentro y fuera de Cataluña han abandonado su silencio y se han posicionado claramente en contra de la independencia

Las encuestas más recientes indican que el apoyo a la independencia se estanca, mientras el apoyo a otras opciones toma forma y se manifiesta más desacomplejadamente. Numerosos intelectuales dentro y fuera de Cataluña han abandonado su silencio y se han posicionado claramente en contra de la independencia. Y por si todo lo anterior fuera poco, algún medio que había apoyado y jaleado a CiU en su estrategia rupturista ha redescubierto las virtudes de la "moderación".

¿Cómo evolucionará la situación en los próximos meses? Las noticias que acabo de resumir han elevado la moral de los contrarios a la independencia, haciendo creer a alguno de ellos que el procés ha embarrancado definitivamente y a partir de ahora sólo puede perder fuerza. En efecto, todo indica que la independencia, en caso de producirse, no llegará pronto. Pero eso no quiere decir que el independentismo vaya a desistir de su objetivo, o que la tensión política vaya a disminuir. Los actores políticos catalanes han adquirido una dinámica propia, muchas veces independiente de la realidad y de las necesidades del país, y ésta tiene una considerable fuerza.

En el puente de mando del procés se halla un político obcecado. Sus opciones son el suicidio político en favor de la causa o seguir al frente de un Gobierno autonómico sin dinero ni apoyo político para gobernar. Artur Mas sabe que, en la peor de las hipótesis, la historiografía nacionalista lo convertirá en otro mártir de la nación catalana, borrando de la memoria sus miserias y dibujando un retrato idealizado. A estas alturas, creer que las presiones de los poderes económicos lo harán desistir de sus planes no es realista. Está rodeado de una camarilla de creyentes (Homs, Rull, Turull...) fuertemente comprometida con la causa independentista. Y en su partido, CDC, no se deja entrever ninguna alternativa. Los reparos y admoniciones de su socio de coalición, Duran i Lleida, se antojan tardíos y testimoniales.

El socio de gobierno y a la vez principal rival de CiU en el campo nacionalista, ERC, disfruta de la posición ventajosa en la que los errores de su rival la han colocado. Sus dirigentes y militantes acarician el sueño de la independencia, y no muestran ningún respeto por las reglas de la democracia formal.

Conviene no olvidar que estos dos partidos, CiU y ERC, obtuvieron en noviembre de 2012 el apoyo del 44,4% del electorado catalán (71 escaños sobre 135), y que las recientes encuestas coinciden en darles conjuntamente un apoyo semejante. Por tanto, de momento su electorado sigue dándoles la razón y ratificando sus acciones.

El bloque independentista tiene motivos para sentirse fuerte y para mantenerse fiel a sus planes y objetivos

Junto a ellos se sitúan los medios y los grupos de presión independentistas. El grupo del diario Ara, Òmnium Cultural, la ANC, etc. defienden que el procés siga adelante hagan lo que hagan los partidos políticos, y advierten que quien se oponga será desbordado por la movilización popular. Ejercen una fuerte presión sobre CiU, que limita todavía más su margen de maniobra.

Finalmente, en el bloque independentista debemos sumar a las CUP (3,5% del voto en 2012 y tres escaños), a la dirección de ICV y a una parte importante de su militancia y electorado (9,89% del voto y trece escaños) y a unas cuantas figuras y pequeños grupos del PSC. Todos ellos, compartan o no el modelo social y político que debe traer la independencia, defienden la soberanía catalana y permanecen alineados con la estrategia trazada por el independentismo.

En definitiva, el bloque independentista tiene motivos para sentirse fuerte y para mantenerse fiel a sus planes y objetivos. Liderado por políticos comprometidos con la causa, con un apoyo electoral considerable (superior al 50% y por el momento estable en las encuestas), con una oposición todavía débil, y con los grupos mediáticos y sociales funcionando a toda máquina, la probabilidad de que plantee desafíos cada vez mayores al Estado es muy alta.

Recordemos que, según el plan trazado por los líderes del independentismo catalán, en las primeras fases del procés hay que "cargarse de razones" frente al Estado. Se trata de mostrar al mundo el gran apoyo popular del que goza el independentismo y su vocación democrática, y contraponerla a la actitud cerrada e inmovilista del Estado español. La forma escogida será la convocatoria de un referéndum no acordado con el Estado y por tanto ilegal, para el que se intentará movilizar a un porcentaje muy elevado de la población, siguiendo el modelo de las grandes manifestaciones del 11 de septiembre de los dos últimos años.

Todo esto ocurrirá en el marco de las celebraciones del tricentenario de la derrota de 1714. Desde hace meses, la ciudad de Barcelona se halla repleta de publicidad del Ayuntamiento que con el lema "Viure lliures" (Vivir libres) anuncia dichas celebraciones. No se reparará en gastos para imponer la versión nacionalista de la historia y crear un clima fuertemente emocional.

¿Y el Gobierno español, qué puede hacer? ¿Y los partidos y ciudadanos contrarios al independentismo? El independentismo no tiene suficiente fuerza para conseguir sus objetivos en el corto plazo pero, dependiendo de la respuesta a estas preguntas, puede llegar a conseguirla en el futuro. En artículos posteriores nos ocuparemos de analizar las opciones del Gobierno español y de las fuerzas constitucionalistas. Por el momento, me atrevo a pronosticar un incremento de la tensión y una fuerte ofensiva de la propaganda independentista durante el próximo año.