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Llega el proceso al ‘procés’

José Antonio Sorolla
7 min

Con el traslado a cárceles madrileñas de los dirigentes independentistas, llega la hora de la verdad del proceso al procés en el juicio que se iniciará el 12 de este mes. Desestimada por última vez por el Tribunal Supremo la libertad de los encausados, al achacar a las actividades exteriores del expresident Carles Puigdemont el aumento del riesgo de fuga, los procesados deberán ser trasladados cada día al tribunal desde las prisiones de Soto del Real y Alcalá-Meco. Declararán unos 500 testigos y se calcula que el juicio dure unos tres meses.

El juicio no será el más importante desde el proceso de Núremberg en el que se juzgó a los dirigentes nazis, como ha dicho algún catedrático exagerado, pero sí que se convertirá en el más relevante de la democracia española, superior por sus múltiples connotaciones al del 23F, el intento de golpe de Estado en el que las responsabilidades estaban mucho más claras. El Tribunal Supremo y la democracia española se juegan, pues, mucho en el envite y por eso deberán extremarse las garantías para que, como los independentistas ya dan por supuesto, las sentencias no sufran un revolcón en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) de Estrasburgo.

No solo eso dan por supuesto los independentistas. Dan también por hecho que las sentencias ya están dictadas y que la justicia española es injusta. De ahí que todos los preparativos del traslado a Madrid de los presos hayan estado rodeados de los acostumbrados gestos de propaganda y de la repetición de las mentiras. Unos días antes, el president Quim Torra y todo el Govern recibieron a los familiares de los presos en el Palau de la Generalitat. En el acto, Torra no frenó sus excesos habituales, calificando a los procesados de “prisioneros del Estado español” y confundiendo la parte –la Cataluña independentista—con el todo: el pueblo catalán.

El viernes, día del traslado, visitó en coche oficial la prisión de Brians II para despedir a los presos, acompañado de buena parte del Govern, al que reunió después en una sesión extraordinaria, y suspendió la mesa de diálogo entre los partidos catalanes que estaba prevista. La suspensión, de todas formas, no dejaba de ser coherente. Para qué quería Torra diálogo si en la declaración institucional que leyó en la Galería Gótica de la Generalitat iba a decir lo que dijo: que hay una “ola represiva” en España, que sufre una “involución democrática” y que se produce una “violación impune” de derechos fundamentales. También reclamó a Pedro Sánchez “valentía, coraje y voluntad para emprender los cambios que España necesita” para “homologarse a las democracias plenas y avanzadas del mundo”. Se ve que Torra, pese a que hizo parte del discurso en inglés, no lee The Economist ni otros ránkings que sitúan a España entre esas democracias plenas y avanzadas.

Torra solicitó asimismo el apoyo de la Unión Europea (UE) porque, en su opinión, el problema de fondo que se enjuicia también es un problema de la UE. Pero la batalla dentro del independentismo por la hegemonía no se reduce a la pugna entre Puigdemont y Oriol Junqueras. Mientras Torra pedía el respaldo de la UE, Puigdemont no cesaba desde Waterloo de disparar en Twitter dardos envenenados contra las instituciones europeas, a las que reprochaba su “falta de credibilidad”, su “silencio”, su “cobardía” y sus “mentiras”. Y a propósito de la campaña del Gobierno para contrarrestar la propaganda independentista, el expresident acusaba a Josep Borrell de violar la directiva europea sobre presunción de inocencia sin sorprenderse demasiado por que “las directivas europeas están para hacer bonito”.  La iniciativa del vídeo de España Global para contrarrestar la propaganda secesionista ha irritado tanto a los independentistas que no caen en la cuenta de que reprochan al Gobierno lo mismo que ellos hacen: utilizar el dinero de todos para expresar los puntos de vista de una parte.

La UE está también en el punto de mira de la ANC, que cambió la manifestación prevista en los Jardinets de Gràcia por una acción comando que ocupó la sede de la Comisión Europea (CE) en el paseo de Gràcia. Un grupo de una veintena de independentistas durmió en la sede, que abandonó en la mañana de ayer, tras entregar una carta dirigida al presidente de la CE, Jean-Claude Juncker. En la misiva pedían que la UE retire a España el derecho de voto y de representación por lo que ocurre en Cataluña, que, según la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, es tan grave como lo que sucede en Polonia y Hungría, demostrando una vez más la finura de sus análisis.

Este fue el incidente más destacado de la despedida de los presos, arropados por unas decenas de manifestantes a la salida de las cárceles catalanas. Ahora, dentro de 10 días, el juicio se presenta como la última oportunidad para que el movimiento independentista, desgarrado por sus luchas internas, recupere la unidad. Tras la agitación inevitable que nos espera hasta el verano y si el resultado del juicio no empeora las cosas, quizá el independentismo pueda acabar entonces con la subasta continua y afrontar de verdad y con realismo el diálogo sobre el futuro.  

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¿Quién es... José Antonio Sorolla?
José Antonio Sorolla

Periodista desde 1974. Ha sido redactor jefe de El País, director adjunto de El Periódico de Catalunya y corresponsal de ambos diarios en París.