¿Por qué lloran las eléctricas?

Gonzalo Bernardos
10 min

Entre el 1 de enero y el 31 de agosto, el precio del gas en el mercado internacional se incrementó un 73%. Una noticia que los ejecutivos de las principales eléctricas recibieron con júbilo, pues era lo más parecido a maná caído del cielo. En su negocio nacional, su expectativa era lograr los mayores beneficios de la historia.

En idéntica situación, cualquier directivo de otro sector hubiera tenido una reacción antagónica. El motivo sería una gran disminución de las ganancias esperadas debido a la reducción de las ventas y del margen unitario de beneficio. En la primera variable a causa del incremento del precio, en la segunda por la imposibilidad de repercutir en el importe final la totalidad del incremento del coste del producto básico.

La diferencia entre ambas respuestas viene explicada por dos de las tres grandes ventajas de las eléctricas: la provisión de un bien imprescindible para la subsistencia y un sistema de fijación de precios (método marginalista) generador de grandes beneficios extraordinarios.

La primera característica convierte la demanda en inelástica y hace que un aumento del importe de la luz tienda a incrementar los ingresos de las empresas productoras. La segunda provoca que la tecnología más onerosa, siendo ésta la que utiliza el gas como materia prima, sea la que determine el precio de venta de la totalidad de la energía generada. Por tanto, permite a las más baratas (hidroeléctrica y nuclear) obtener elevados márgenes de beneficio.

Dicho sistema, calificado como eficiente y transparente por la Comisión Europea, otorga a las anteriores empresas la posibilidad de trasladar por completo a los compradores en el mercado mayorista el impuesto del 7% sobre la generación de electricidad (instaurado por Rajoy en 2012) y cualquier nuevo coste adicional de las centrales de ciclo combinado. Unos privilegios al alcance solo de ellas.

Tal y como ha ocurrido en los últimos meses, las empresas eléctricas también pueden repercutir en los adquirentes incrementos del precio del gas natural que no han sufrido. Así sucede cuando al inicio del ejercicio compran una gran parte de la materia prima necesaria para hacer funcionar las centrales de ciclo combinado durante todo el año. No obstante, actúan como si la adquirieran ahora a un importe mucho más elevado y provocan una elevada subida del precio de la electricidad en el mercado mayorista.

La tercera gran ventaja está en su gran capacidad para manipular el precio. La estrategia más sencilla consiste en una buena gestión de los pantanos. Consiste en desembalsar el agua suficiente para que casi siempre sea necesaria la producción de energía por parte de las centrales de ciclo combinado. Una técnica que implica abrir mucho las compuertas de los pantanos en los días y horas en que la demanda de energía es elevada y poco cuando ésta es escasa.

Una sustancial parte de la explicación anterior está basada en el concepto clásico de mercado marginalista. Implica que las tecnologías que inicialmente venden su energía son las que producen más barato y la última la que lo hace más caro. Por tanto, dependiendo de la cuantía de la demanda, ésta tendrá o no presencia en el mercado.

No obstante, en el mes de agosto, en el 58% de las horas el precio de mercado lo marcó la tecnología hidráulica (la más barata) y solo el 21% las centrales de ciclo combinado. Una situación muy difícil de explicar cuando la segunda ha suministrado energía al mercado durante el 89,6% de las franjas horarias del período.

Para resolver dicho enigma, aunque posiblemente haya muchas más, solo encuentro dos explicaciones coherentes: las eléctricas hacen trampas a plena luz del día y presumen de ellas o el algoritmo nos tema el pelo. En concreto, ordena la entrada en el mercado de las distintas tecnologías en una prelación muy distinta a la anteriormente indicada y en algunas ocasiones obliga a pujar a la tecnología entrante por encima de un elevado precio mínimo.

Indudablemente, la segunda alternativa me parece mucho más elaborada. Esta última permitiría explicar el contrasentido antes descrito si, para entrar en el mercado, el algoritmo obligara a las empresas productoras de energía hidroeléctrica a pujar en determinadas horas por encima del precio establecido por las centrales de ciclo combinado.

Todas las anteriores razones han hecho que España sea un paraíso para las eléctricas. No obstante, desde la pasada semana, el paraíso ya no es el que era, pues la intervención gubernamental ha adoptado dos medidas que reducirán en gran medida sus beneficios (alrededor de 2.600 millones de euros) durante los próximos seis meses: la fijación implícita de un precio máximo en el mercado mayorista y la desviación de una parte de la oferta a otro donde no rija el sistema de fijación de precios ideado por la Comisión Europea.

Las medidas han sorprendido mucho a los ejecutivos de las eléctricas. A principios de septiembre, en las reuniones celebradas con analistas, les explicaban que la reacción del ejecutivo al elevado importe del precio de la luz sería la reducción de los impuestos pagados en la factura o el abono, a través de los Presupuestos Generales del Estado, de una fracción de su parte fija.

La única repercusión negativa que consideraban era la entrada en vigor el próximo año de la ley que creará el Fondo Nacional para la Sostenibilidad del Sistema Eléctrico. Ésta les detraería una pequeña parte de los beneficios caídos del cielo, siendo inferior la ahora prevista a la inicialmente planteada por el Ministerio de Transición Ecológica.

La escasa empatía de los ejecutivos, su prepotencia y los múltiples precedentes históricos (véase los privilegios de las eléctricas) les hicieron pensar que sus empresas eran intocables. Su reacción ha sido la típica de un niño muy mimado y consentido: “cerraremos las nucleares”.

En primer lugar, la ley les impide tomar la anterior decisión. En segundo, el precio percibido continuará siendo superior al coste de producción. En tercero, si las instalaciones aún no las tienen completamente amortizadas, es únicamente culpa suya. En los últimos 25 años, por distintos conceptos y sin incluir las primas a las renovables, han recibido subvenciones por valor de más de 50.000 millones de euros. En lugar de destinar dicho dinero a su amortización, prefirieron dedicarlo a la adquisición de empresas extranjeras.

Si lo piensan fríamente, han salido bien parados. Por un lado, las dos medidas adoptadas son temporales, pues su duración se ha fijado en seis meses. Por el otro, conservan el sistema de fijación de precios que les beneficia enormemente, la competencia en el mercado mayorista seguirá brillando por su ausencia y, si nadie lo remedia, el algoritmo continuará haciendo de las suyas.

En definitiva, el gobierno ha actuado contra las eléctricas por la presión mediática y el clamor popular. Una intervención que no han sido capaces de vislumbrar ejecutivos extraordinariamente bien pagados. En lugar de llorar, lo más inteligente que pueden hacer es pactar con el gobierno y congraciarse con la población.

Dicha actuación hará que sus empresas ganen menos dinero a corto plazo, pero mucho más a largo plazo. Especialmente porque el futuro es suyo, pues la demanda de electricidad se disparará en los próximos años. Espero que sus directivos aprendan la lección recibida y tomen nota de una de las frases que en las familias humildes los padres repiten más veces a sus hijos: “la avaricia rompe el saco”.

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¿Quién es... Gonzalo Bernardos?
Gonzalo Bernardos

Profesor titular de Economía de la Universidad de Barcelona, y vicerrector de Economía entre enero de 2010 y octubre de 2012, he escrito 32 libros o grandes informes, entre los que destacan La gran mentira de la economía (Ed. Destino), ¿Cómo invertir con éxito en el mercado inmobiliario? (Ed. Netbiblo) y Economía (libro de 1º de bachillerato de la Ed. Barcanova). Tengo un gran problema y una gran virtud. Es la misma. Soy muy sincero, pienso lo que digo y digo lo que pienso, tanto delante como detrás. No necesito quedar bien con nadie, excepto con mi mujer, con mis hijos y conmigo mismo. Lo notarás en mis artículos.