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¿Por qué lo llaman "inmersión" cuando quieren decir "monolingüismo"?

Javier Pérez López
9 min

Una parte importante del desencuentro político y social sobre el modelo lingüístico de la escuela catalana podría resolverse si aclarásemos de una manera rigurosa términos que interesadamente han estado confundidos durante demasiado tiempo. Entre estas confusiones destaca la identificación inmersión-monolingüismo. Traigo esto a colación por el revuelo suscitado por el PSC al proponer en uno de sus documentos congresuales una flexibilización de la inmersión. Tanto desde las filas independentistas como desde las entidades probilingüismo los socialistas han recibido críticas: en un caso furibundas, en el otro más bien de escepticismo.

Hay que decir que el propio PSC es responsable de la maraña conceptual de la que ahora es presa, pero no por ello voy a dejar de aplaudir la valentía de quienes lideran en la formación un intento por modernizar tanto el sistema como el lenguaje sobre la cuestión. Algunos dirán que es tarde, pero me pregunto si quienes dicen tal cosa renuncian entonces a una educación bilingüe. Yo, por mi parte, doy la bienvenida a los socialistas a un debate sereno cuando hasta hace poco estaban en el "ni un paso atrás".

La inmersión no es un sistema educativo, sino un método de enseñanza de una segunda lengua (L2). Cada vez que realizamos una actividad no lingüística en la L2 que pretendemos aprender, estamos aprendiendo por inmersión. Si hacemos un curso de cocina y éste se imparte en inglés, estaremos haciendo aprendizaje de inglés por inmersión. Es decir, basta que un niño de ambiente familiar hispanohablante reciba la clase de matemáticas en catalán para poder decir que hay inmersión. El sistema de la escuela catalana es de conjunción lingüística, esto es lo legal y avalado por la justicia, esto es lo que dice la ley. La ley no dice que el sistema sea de inmersión, porque la inmersión es un método de enseñanza, en este caso de la lengua catalana. Cosa diferente es que la conjunción lingüística lleve décadas sin aplicarse.

Del anterior párrafo hemos de deducir que las entidades probilingüismo que no pretendan tener dos redes de centros, una en catalán y otra en español, están defendiendo la inmersión, porque están de acuerdo con que los niños de ambiente familiar hispanohablante sean educados en parte en catalán en materias diferentes a Lengua Castellana. Por tanto, no deberían criticar que el PSC defienda la continuidad de la inmersión. Ellos también la defienden.

Obviamente, lo que entidades como la Asociación para una Escuela Bilingüe (AEB) critican es que la aplicación del método de aprendizaje de L2 se aplique a todas las materias excepto la de Lengua Castellana, y eso es precisamente a lo que, según parece, pretende poner fin ahora el PSC. La inmersión se puede aplicar a un 10% de las horas, a un 30% o, como ha sucedido en las últimas décadas, al 100% de las clases no lingüísticas. Al menos oficialmente así ha sido, como ha demostrado la AEB exigiendo y recopilando, con un encomiable esfuerzo, la documentación de todos los centros de Cataluña. Es imposible encontrar un solo centro en esta comunidad autónoma donde podamos matricular a nuestros niños y niñas y se nos diga algo así como que "en este centro, las Matemáticas se imparten en español en cuarto de Primaria". De hecho, toda esa documentación de los proyectos lingüísticos consiste en poner por escrito los esfuerzos que el centro llevará a cabo para garantizar el uso exclusivo del catalán como lengua vehicular, incluso más allá de las clases: en el patio, en el comedor, etc.

Por su parte, los nacionalistas pretenden mantener bien prieta la cuerda que liga inmersión y monolingüismo; cuerda que ha atado hasta ahora también al PSC, y de la que hoy parecen querer liberarse. Pero, en fin, la pregunta es: si inmersión no implica monolingüismo, porque además éste es ilegal, ¿qué bilingüismo nos propone el PSC? Por lo que sabemos públicamente, es decir, del redactado propuesto para el congreso y las declaraciones de responsables del partido socialista como Miquel Iceta o Eva Granados, los cambios podrían ser de calado o superficiales. Hace unos meses, el consejero de Educación Josep Bargalló ya habló de la posibilidad de incrementar alguna hora en español en los centros de la Cataluña interior, porque los técnicos veían carencias en las destrezas lingüísticas del alumnado en esta lengua. La propuesta del PSC, tal cual la conocemos hoy, muy genérica y nada concreta, podría quedarse en dicha propuesta de Bargalló, y solo en eso. Pero también podría amparar un régimen lingüístico bilingüe en un porcentaje del 25% mínimo de catalán o castellano adaptado al contexto social por motivos técnicos.

Ambas cosas son posibles, insisto, a tenor de lo expresado y filtrado, pero suponen cambios muy diferentes. Mientras el cambio de Bargalló, por así decir, en la práctica sería continuar con el mismo régimen lingüístico --incluso reforzado por el mínimo de flexibilidad que el edificio requiere para resistir mejor cualquier envite--, en cambio, apostar por un suelo del 25%, en la línea de lo que marcan las sentencias judiciales, en todos los centros catalanes --un mínimo a partir del cual regular el uso de las lenguas según el contexto-- supondría un verdadero salto hacia un auténtico consenso social. Estaríamos en este segundo caso dentro del sistema de conjunción lingüística, ahora sí, en el que se hacen compatibles la inmersión como método de aprendizaje de la lengua catalana por el alumnado de ambiente familiar hispanohablante y el mútuo reconocimiento del otro. Una educación en la tolerancia de quienes defienden una sociedad diversa, pero unida.

Distinguir entre "inmersión" y "monolingüismo" es importante para llegar a acuerdos de amplia base social sobre un tema tan sensible en nuestra sociedad. Lo es sobre todo para quienes defendemos que a una sociedad bilingüe como la nuestra le corresponden unas instituciones y una escuela bilingües. Es importante hacer la distinción, porque la inmersión nos enriquece, mientras el monolingüismo vehicular genera intolerancia, rechazo y recíproca incomprensión. Es importante, a fin de cuentas, porque la inmersión cuenta con amplio apoyo social y el monolingüísmo vehicular cuenta con un rechazo generalizado en la Cataluña de ambiente hispanohablante.

Quienes buscan reconstruir un consenso sobre la lengua en la educación, un consenso social y no tanto de partidos políticos como el que teníamos hasta hace unos años, aquí lo tienen: el nuevo consenso lingüístico será el que haga compatibles inmersión y bilingüismo vehicular.

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¿Quién es... Javier Pérez López?
Javier Pérez López

Lingüista y profesor de lengua y literatura españolas