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No tienen los pies en el suelo

Roberto Giménez
4 min

Vivo en el autoexilio, pero percibo un aire ventoso que anuncia tormentas con peligrosos rayos en zigzag. A mi edad creía que lo había visto todo. La guerra entre hermanos era cosa del pasado, y lo es porque tenemos el colchón social de la clase media. Pero la crispación que avanza va a dañar las relaciones personales de los que no se arredran su opinión. No disfrazo mi pensamiento con palabras ambiguas que sirven igual para un roto que para un descosido. Mi máxima es no faltar a nadie. Tampoco a los estelados, no porque sean amigos o no, sino porque faltar al respeto es una derrota intelectual. Es como el uso de la violencia. El insulto es el paso previo. Quien insulta pierde la razón.

En la Diada, los de la revolución de las sonrisas decían que eran pacíficos. No lo niego. Si no se produjo ningún conato violento también fue mérito de los catalanes que no queremos que nos rompan España en la cabeza. No ven la otra cara de la realidad. La voz de Cataluña es sólo su voz. La mía, y la de todos los que piensan igual, no es la voz de Cataluña sino de los cipayos.

Hay una cosa que molesta a muchos maestros cuando digo que la escuela es el pivote de la política nacionalista. No sé por qué pica tanto esta afirmación. La han practicado todos los regímenes sin excepción: los niños de la República estudiaban a Viriato y El Cid como héroes nacionales, y a Numancia y Sagunto, villas iberas amuralladas que prefirieron morir antes que ser sojuzgadas por el invasor... En el franquismo, la leyenda blanca de la evangelización de América, el general Álvarez de Castro y la defensa del Alcázar fueron gestas patrióticas. La guerra civil era la guerra de la liberación... La historia de Cataluña empieza en Ripoll. Antes de Guifré el Pilós, la nada. Todos los pueblos necesitan mitos para construir su conciencia nacional. Cataluña no es una excepción. Por eso no soy nacionalista.

La Barcelona de fuego está a la vuelta de la esquina, fechada el 1-O. Da la impresión de que lo que se busca es eso: una víctima para que el polvorín callejero explote

Hace diez días, El País publicó un manifiesto firmado por un millar de intelectuales y artistas de izquierdas de toda España contra "la estafa antidemocrática del 1 de octubre". Según los nacionalistas, son personas que no saben que es la democracia.

Cuando una sociedad es crispada de esta manera, la chispa saldrá de cualquier pedernal de los antisistema, que son quienes han radicalizado la situación. La Barcelona de fuego está a la vuelta de la esquina, fechada el 1-O. Da la impresión de que lo que se busca es eso: una víctima para que el polvorín callejero explote...

No me gusta lo que estoy viendo. Quien disfrute no tiene los pies en el suelo. Quien diga que ha empezado la primavera, y no el otoño, simplemente es un adolescente, aunque haya cumplido los setenta...

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¿Quién es... Roberto Giménez Gracia?
Roberto Giménez

Durante treinta años ha sido director del Vallés, era el segundo semanario más antiguo de Cataluña, y fue director de Honor de El Vallès del siglo XXI. Ha escrito diez volúmenes de la serie 'Casi treinta años y un día' -en Sant Jordi de 2017 se publicó el último: 'Mis Enemigos Íntimos'-. Son las memorias del director del semanario comarcal más leído en Cataluña, que desapareció seis meses después de que lo dejara. Cada Sant Jordi publica una edición de 100 ejemplares que se agotan el mismo día. ¿Por qué no hace más? "Son para mis amigos", responde. Retirado antes de tiempo, con 55 años, por culpa de una bala traidora en la médula... También se le puede seguir en Facebook -cada día laborable publica 'La libreta azul'- y en Twitter. No es el capitán Araña. Sus amigos dicen que es honesto y leal, pero eso se lo dicen porque son sus amigos. Para entrar en su cofradía exige Derecho de Admisión. Vale quien sirve, pero no sirve cualquiera.