Yo sí creo en la justicia, incluso en la española

Manuel Trallero
5 min

Lamento comunicarles que, a pesar de todos los pesares, creo en la justicia. Reconozco que siempre he sido un culo de mal asiento y que me gusta más llevar la contraria que comer con los dedos pero con la justicia me ocurre lo mismo que a Churchill con la democracia que "es según dicen la peor forma de gobierno si se exceptúan las demás que se han ensayado". Las imágenes que supuestamente estamos viendo porque está pasando se han convertido en una prueba de cargo irrefutable. Nadie cae en la cuenta de que las víctimas del 11-S apenas son unos puntos negros lanzándose al vacío como los bombardeos sobre Bagdad semejaban un simple videojuego. Vivimos en la dictadura de la pantalla, lo que Mario Vargas Llosa ha definido como "lo que Steiner llama la retirada de la palabra". En la tradición cultural, "el discurso hablado, recordado y escrito fue la columna vertebral de la conciencia". Ahora, la palabra, está cada vez más "subordinada a la imagen". Nadie se lee una sentencia --¿para qué?-- y cualquier vociferante contertuliano es un experto en derecho penal cuando no en derecho penal internacional como yo pueda serlo en física cuántica.

Entiendo perfectamente el empecimiento en convertir a Letizia en la madrastra de Blancanieves, a Cifuentes en Cruella de Vil y a Ada Colau en la mismísima Caperucita Roja por tan solo unas imágenes. Twitter se ha convertido en la soga de la horca de los linchamientos mediáticos. Uno de los grandes logros de la modernidad fue retirar del espacio público las ejecuciones, y ahora gracias a las redes sociales han vuelto a contar con numerosos verdugos-espectadores capaces de condenar a alguien a la muerte social, sin inmutarse lo más mínimo, respaldados por la valentía que concede el anonimato. La presunción de inocencia ha pasado río abajo porque, teniendo las imágenes culpables, ya no la necesitamos para nada antes de apretar el icono de "me gusta", como los espectadores del circo romano inclinaban enardecidos el pulgar hacia abajo para sentenciar. Alea jacta est.

Uno de los grandes logros de la modernidad fue retirar del espacio público las ejecuciones, pero Twitter se ha convertido ahora en la soga de la horca de los linchamientos mediáticos

No estoy dispuesto a aceptar que la justicia se dicte en la calle a golpe de manifestantes por mucho que me revuelva el estómago la sentencia contra los miembros de La Manada, ni que se prive de la presunción de inocencia a los profesores de un instituto de Sant Andreu de la Barca por supuestas coacciones a los hijos de guardia civiles, ni que se dude de la imparcialidad del juez Llarena ni de los restantes miembros del Supremo, ni que los abogados Pina y Alonso-Cuevillas confundan la defensa de sus clientes con la agitación política que nada tiene que ver con su encomiable misión en busca de un desaforado protagonismo mediático.

Tampoco pienso aceptar que el Código Penal deba modificarse a marchas forzadas ya sea para implantar la prisión permanente revisable o para los delitos de violación. Desde su promulgación en 1995 ha sufrido casi treinta y cinco modificaciones, algo inaudito en los países de nuestro entorno. No se ha cambiado para adaptarlo a nuevas necesidades sino siguiendo la presión social realizada a través de la red y generada por la difusión reiterativa en los medios de comunicación de sucesos de la crónica negra.

En última instancia, sería bueno recordar que no solo las víctimas son nuestras sino que los agresores nos pertenecen por igual. A no ser que creamos a pies juntillas el aserto de Margaret Thatcher según el cual "no hay tal cosa como la sociedad".

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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