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Hacerse la víctima en Cataluña

Manuel Trallero
5 min

Hay como la extraña percepción de que los atentados de Barcelona en el mes de agosto nunca hubieran sucedido. La única referencia ha sido para inculpar al Gobierno español de complicidad con los autores. Nadie se acuerda de los 16 muertos y más de un centenar de heridos que yacen en el más absoluto de los olvidos. Aquí las víctimas no son las producidas por el terrorismo yihadista sino aquellas otras de la acción de la policía española el pasado 1-O. Esas sí que son nuestras víctimas.

Un amigo que recibió algún golpe de porra aquel aciago día mostraba su indignación: "Alguien nos tenía que haber avisado" ¿Pero quién? ¿Los padres que a primerísimas horas de la mañana iban con sus retoños de corta edad al supuesto colegio electoral acaso sufrían el síndrome de Abraham dispuesto a inmolar a su hijo? ¿Acaso la Generalitat que según la señora Marta Rovira de ERC sabía de las aviesas intenciones del señor Rajoy de matar catalanes por las calles? ¿No había advertido Lluís Llach a los funcionarios que desobedecieran de lo que les iba a pasar en la futura república? ¿Nadie recuerda el desalojo de la acampada de 11M en la plaza Cataluña? Las hostias de los nuestros por lo visto no duelen ni de ellas dan parte los patrióticos médicos. ¿Para qué? La explicación de lo sucedido describe la flojera argumental del separatismo, una actitud de virginal inocencia. "No estábamos preparados", nos dicen ahora. "No esperábamos una respuesta así del estado español". Por lo visto los guardias de la porra durmiendo en el Piolín, que tanta gracia hizo la ocurrencia, habían venido a Barcelona a repartir caramelos entre los niños de las escuelas.

En Cataluña se ha impuesto la política espectáculo, la del show mediático. Una realidad virtual a partir del relato imperante en las pantallas. Nadie quiere ser víctima, pero muchos quieren haberlo sido

En Cataluña se ha impuesto la política espectáculo, la del show mediático. Una realidad virtual a partir del relato imperante en las pantallas. Las vivencias son no ya del presente, sino de la más rabiosa actualidad. Reina por antonomasia "el está pasando, lo está viendo". Ya estamos en otra pantalla. Nadie quiere ser víctima, pero muchos quieren haberlo sido. Ahora las víctimas por antonomasia son los Jordis, los exmiembros del gobierno encarcelados en Madrid o los que permanecen en Bruselas tomando el fresco. Cataluña se ha convertido en lo que Sánchez Ferlosio denomino como un victimato. Estamos de duelo y hemos elegido el amarillo para ponerlo de manifiesto, como cuando falleció Diana de Gales y se decretó un luto mundial. El filósofo Daniele Giglioli ya estableció que "la víctima es el héroe de nuestro tiempo". Además, "¿cómo podía la víctima ser culpable o responsable de nada?". La víctima despierta nuestra simpatía. Hay un fácil maniqueísmo. Estás con los verdugos o con las víctimas.

No había nada preparado para el día después de la independencia, como no hay propuestas para el día siguiente al 21D. El futuro es una dimensión desconocida, hay un simple presentismo que se justifica en un pasado casi remoto como toda explicación de lo sucedido. En el primer mitin electoral escuché a un caballero, candidato en la lista del presidente recién llegado de Madrid, adonde había ido a recibir a los "presos políticos", afirmar que "había hecho un viaje al franquismo". No me extraña, en absoluto, que el exconsejero Mundó haya leído en un mes de cárcel dos obras de tanto calado como Victus, de Sánchez Piñol --que encima la ha encontrado bien escrita--, y otra sobre Mandela. Y una de las dos ya le tenía empezada.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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