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Viaje con nosotros: Estremera, Soto del Real, Alcalá Meco...

Manuel Trallero
5 min

Antes iban a la India a hacer el hippy, a despelotarse en Ibiza o se bajaban al moro para ponerse ciegos de hierba para el caldo; ahora está de moda entre los antiguos progres hacerse la fotito entrando o saliendo del trullo como quien se retrata ante el Partenón de Atenas, el Coliseo de Roma o la Gioconda. Vamos que, de seguir así la cosa, hasta El Corte Inglés los va a incluir en el catálogo de viajes para este verano. Nada de cruceros por los fiordos, ni un resort "todo incluido". Este año lo in es hacerse un tour por los talegos más chics de España. Una puesta de sol en Alcalá Meco no tiene rival con el Taj Mahal; ni una jornada castellera (histórica, of course) a las puertas de Estremera con la práctica de cualquier deporte de aventura; ni la caldereta con patatas del 15 de agosto en Soto del Real con los hermanos Roca y todos sus michelines. Es una experiencia solo para VIPs tipo Évole, Sardà o Joan Manuel Serrat. Los demás, a la cola, como en los restaurantes postineros, las cuevas de Altamira o la Rusia soviética.

Hay una extensión optativa a bordo de un barco de rescate de emigrantes de una ONG en aguas del Mediterráneo, que viene a ser algo así como los safaris fotográficos de antes, con chaleco salvavidas reflectante incluido en lugar del salacot de los ingleses en las colonias. Una vez concluida la visita, mosén Junqueras da la indulgencia plenaria y el perdón al pecador por creer en una cosa llamada España, en los guardias de la porra, que la ley es igual para todos, y entonar el conocido villancico navideño A por ellos, a por ellos. Y como a los peregrinos del Camino de Santiago les conceden la compostelana, aquí te dan un lazo amarillo​ de amuleto que igual cura el lumbago que sirve para que la niña pase el corte de la selectividad.

Hay que darse prisa porque, si no, dentro de dos días ya los tendremos en Cataluña por motivos humanitarios, y coger el autobús a Can Brians no tiene el mismo glamur. Es poner a la zorra a vigilar las gallinas, es decir, a los supuestos presos políticos custodiados por la Generalitat. Faltará tiempo para que entren por una puerta y salgan por la otra. Así que los podremos encontrar en el Gran Tour del Exilio Catalán. El viaje que todos hemos soñado para poder sentir la emoción irrepetible de ver de cerca al señor Comín en Bruselas --¿ustedes se lo imaginan?--, quién sabe, incluso de poder tocar el piano con él. Jugar al escondite con la señora Rovira por las montañas de Suiza, emulando a Heidi y a su abuelo. Asistir a una rueda de prensa del abogado Cuevillas con entrada garantizada en las primeras filas. Visitar la peluquería a la que acude la mismísima señora Anna Gabriel en Ginebra; ir por los pubs de Escocia en compañía de la señora Clara Ponsatí y su atildado abogado y acabar en Berlín saludando al presidente de la República catalana como quien visita Lourdes en espera del milagro.

Al presidente del Gobierno español le ha cogido ahora un súbito ataque de diálogo. España va a poner la otra mejilla para que le partan la cara en otra brillante edición del festival Piolín con motivo del próximo uno de octubre. Hace un mes, Pedro Sánchez tildaba al señor Torra de "un racista al frente de la Generalitat" y del "Le Pen de la política española". Pero ahora ya se sabe que "un enemigo es alguien cuya historia no has escuchado". Chamberlain decía más o menos lo mismo tras el pacto de Múnich y así le fue a él y a todos los demás.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.