¡Torra, gallina, capitán de la sardina!

Manuel Trallero
5 min

Al presidente Sánchez le han hecho el rasurado a pelo y contrapelo los salvadores de la patria “antes-roja-que-rota”, tras su ocurrencia de jugar al rey Salomón y casi descuartiza al niño.  Le ha dado por hacer gestos a los independentistas como si estuviera en clase de yoga haciendo el “Saludo al Sol” y casi hay que desenroscarlo como si hubiera sufrido un accidente practicando el Kamasutra. Todo por querer hacer política.

Hace una semana yo me hacía otra vez al borde del ataque de nervios, como el año pasado. Vamos, que debo de ser el único que no tiene ni pajolera idea que si fue rebelión, sedición o la del Manojo de Rosas, pero puedo jurar por Snoopy que a un servidor de ustedes se le pusieron mismamente por corbata, la camisa no me llegaba al cuerpo y los ansiolíticos me los tomaba en formato tortilla. El caso es que todo apuntaba a la repetición de la jugada retransmitida en directo por TV3, con un escenario ante el centro penitenciario de Lledoners tal que si fueran a actuar los Rolling Stones y, claro está, salió el presidente de la Generalitat y no es lo mismo que Mick Jagger moviéndose por el escenario. Sin embargo, todo hay que decirlo, apuntaba maneras con su voz inflamada, denunciando a la justicia española que viene a ser lo que antes era ciscarse en la Renfe, se producía un in crescendo y se notaba cómo el público asistente al acto iba envalentonándose como una llamarada; yo ya esperaba que, de un momento a otro, el presidente de la Generalitat ordenase la liberación de los presos bajo su jurisdicción o que se alzara un castell de 3 de 10 con folre i manilles, en fin, algo de épica, pero cuando la cosa parecía que había ya alcanzado el clímax orgasmático, con ese timbre de voz de rapsoda declamando un poema encima de una silla, después de la comida de Navidad, en pantalón corto para que el padrino le de una propina, se produjo el gatillazo... anunció con un hilo de voz, que me recordó el chorrito que tiene aquella estatua de Bruselas entre las piernas, que no votaría los presupuestos del señor Sánchez. Y el personal se fue a dormir a casa.

Ante el éxito perfectamente descriptible, el vendedor de ratafía se ha subido días después al púlpito del Parlamento catalán para que los suyos le hicieran carantoñas y arrumacos, tratando del meterle miedo al Estado, que es algo así como querer venderle neveras a los esquimales. Supongo que las risotadas se han debido escuchar hasta en Sebastopol, mientras que por lo bajini se repetían en los aledaños de Cibeles: “Cuidado, cuidadito, que vienen los catalanes, que ya llegan, uf, qué miedo”.

La verdad es que esperaba más. Atrás quedaron los tiempos en que querían un submarino nuclear chino en el puerto de Tarragona o que el flamante presidente de Fomento, el entonces diputado Sánchez Llibre, denunciaba desde la tribuna del Congreso a los aviones de caza españoles que con su vuelo rasante intimidaban a los pacíficos catalanes. O cuando Antonio Baños, en plan Roger de Lauria al frente de sus almogávares, anunciaba que aquí se iba a “montar un pollo”. Ahora quieren internacionalizar el conflicto. Los manifestantes a favor de la República catalana harán compañía a los del Hare Krishna y a The Salvation Army en las principales capitales del mundo mundial. Y sin duda alguna, éste les mirará asombrado. El mundo, por lo visto, no tiene otra cosa que hacer.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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