Tambores de guerra en Cataluña

Manuel Trallero
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La constante reclamación del carácter pacífico del llamado proceso llevaba implícito el mensaje de "¡cuidadito que ahora es así, pero puede ser de otra manera!". Es cierto que la violencia hoy en día se ejerce por otros medios de la misma forma que no vamos en coche de caballos ni utilizamos la luz de gas. Pero no hay que olvidar que Barcelona, antes de ser la ciudad de la paz con las grandes manifestaciones contra la Guerra de Irak --es decir, contra Aznar y el PP--, fue la "Rosa de fuego", la ciudad de las barricadas, de las bombas, del pistolerismo y de las juventudes de Estat Català desfilando uniformadas.

La "revolución de las sonrisas" se ha ajado como las esteladas de los balcones, con el paso del tiempo. Hemos entrado en la dimensión desconocida. Todo un sabio como Manuel Castells la definía en La Vanguardia, con un artículo con reverberaciones de la revolución castrista (Catalunya: ¿Patria o muerte?), mientras que otra lumbrera como Josep Ramoneda nos advertía de los peligros: "Cuidado con pretender capitalizar unos hechos violentos porque la violencia llama la violencia".

Hasta ahora la violencia siempre se cargaba sólo de un lado. "Sólo un acto violento del Estado puede detener el referéndum", sentenciaba Pilar Rahola; en quienes, por lo visto, "matarían por España", en los llamados "unionistas", que se "quedan de forma espontánea (aún inconsciente) con las armas y ceden las urnas a los independentistas". Pero, como acertadamente señala Arcadi Espada, el independentismo "lleva años coqueteando por activa o pasiva con la violencia: desobedeciendo, desacatando, chuleando la paz, que es la ley".

La "revolución de las sonrisas" se ha ajado como las esteladas de los balcones, con el paso del tiempo

Ahora parece que las tornas han cambiando hasta el punto de que Puigdemont es partidario de un ejército propio para la República catalana, pese a que Artur Mas empezó diciendo que la Cataluña soñada no tendría ejército, como Costa Rica. Más allá de las ilusiones militaristas, que siempre han caracterizado al catalanismo desde Macià a Pujol, el belicismo últimamente se ha revitalizado. Así, circula la idea de que, tras las posibles medidas del Estado, como dice Jordi Graupera en el diario Ara, el pueblo tendrá que "salir a protestar, a proteger a los consejeros y el Parlamento, y si es necesario, acampar en la Ciudadela (sede de éste)". "Hacer un Maidan", se dice, en homenaje a las protestas de Ucrania de 2013.

Los catedráticos de la posverdad que acoge la universidad serbia del rector Antich están ufanos. "Una de las cosas que me complace más del mayor Trapero [de los Mossos d'Esquadra] es verlo comparecer en las ruedas de prensa con su espléndida 'pipa', civilmente colocada en las caderas. Bienaventuradas las naciones que escuchan el himno palpándose la pistola". O: "Las guerras llevan implícita una lección moral que es necesario tener en cuenta, aunque no nos guste aceptarlo y preferimos decir que no sirven para nada. [...] La violencia es el último recurso, pero no basta con que las sociedades sean suficientemente fuertes para ejercerla sino que también deben ser lo suficientemente fuertes para soportarla. Sin este principio no se pueden educar ciudadanos libres".

No dudo yo de las buenas intenciones de muchos independentistas, como no dudaba Bertolt Brecht al final de su poema La pregunta sobre el bien: "Escúchanos: sabemos / que eres nuestro enemigo. Por ello / te pondremos frente al muro. Pero en consideración / a tus méritos y buenas cualidades / te pondré frente a un buen muro y te dispararemos / con una bala buena de un arma buena y te enterraremos / con una pala buena en la buena tierra".

Parole, solo parole...

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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