Sueño y mentira de la escuela catalana

Manuel Trallero
5 min

Es como el dogma de Inmaculada Concepción o aquellos Principios Fundamentales del Movimiento de Franco. Eternos e inamovibles. No cabe ni un "sí, pero...", ni siquiera chistar. Carme Forcadell, siendo presidenta de la ANC, aseguraba en un libro titulado ¿Por qué sí a la independencia? que "lo que hizo muy bien [Jordi Pujol] fue no separar a los niños por razón de la lengua en la enseñanza catalana. Ha sido un gran éxito conseguir una escuela en catalán tanto en la lengua como en los contenidos". Por su parte, la fallecida Muriel Casals, entonces presidenta de Òmnium Cultural, la otra plataforma de movilización, afirmaría que "la televisión pública catalana ha contribuido a crear un imaginario colectivo", mientras que Forcadell remataba diciendo: "¡Imagínate estos treinta años sin TV3 ni Catalunya Ràdio!". No es la caverna mediática madrileña, ni la rancia derecha española sino dos líderes del independentismo catalán las que valoran como imprescindibles para sus fines tanto la escuela como los medios públicos catalanes. Ellos han sido los principales constructores del "marco mental" de los independentistas​ catalanes. ¿O todavía hay quien cree que la independencia ha bajado del cielo como el Espíritu Santo?

Hay una cuestión que, sin embargo, pocas veces se resalta. El contumaz antiliberalismo de una sociedad que, como la catalana, es aparentemente tan moderna. Hay una pulsión reguladora, herencia tanto del gremialismo medieval como de la planificación estatal de la izquierda, que crea compartimentos estancos, mundos cerrados, modelos, espacios, comunidades... como la llamada comunidad educativa. Es un ente opaco, endogámico, autorreferencial, acotado a las miradas externas, regido por unos sacerdotes custodios del templo sagrado --los maestros, como lo son los médicos, los mossos d'esquadra o los periodistas afines-- por encima del bien y del mal y que tan solo rinden cuentas ante la Historia. Es tabú, un himen virginal sacrosanto, tema prohibido. ¿Quién nos habremos creído que somos nosotros para opinar? Somos fascistas, charnegos desagradecidos, colonos franquistas, españolistas, antidemócratas... Las escuelas son auténticas casas-cuarteles con el "todo por la patria" catalana como bien pudo verse con el supuesto referéndum del 1 de octubre.

Las escuelas son auténticas casas-cuarteles con el "todo por la patria" catalana como bien pudo verse con el supuesto referéndum del 1 de octubre

Una sola comunidad educativa equivale a un solo pueblo en donde los individuos quedan relegados al supuesto bien colectivo hasta el punto de desaparecer. Cuando un alumno mata a un profesor disparándole un proyectil con una ballesta, el juicio moral de lo sucedido es capaz de equiparar a la víctima con el asesino, porque son "dos vidas truncadas", en palabras de la entonces consejera de Enseñanza, Irene Rigau. Dos bajas en la comunidad educativa, sin más.

Hannah Arendt, filosofa judía, huida de la Alemania de Hitler y nacionalizada estadounidense, escribió en 1959 Reflexiones sobre Little Rock, pequeña ciudad del sur en donde se produjo la primera integración por orden judicial de una niña negra en una escuela exclusiva de blancos. La pensadora, en pleno auge del pacifismo de Martin Luther King, llega a la conclusión de que "estaría de acuerdo en que el Gobierno tiene algo que decir sobre la educación de mis hijos en la medida que estos han de convertirse en ciudadanos", pero "el derecho de los padres a decidir esos asuntos para sus hijos hasta estos sean mayores de edad solo lo discuten las dictaduras". ¡Oído barra!

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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leborgne 01/12/2017 - 09:03h
Excelente artículo. No puede quedar más claro el designio adoctrinador de la famosa inmersión solo en catalán...¿Dónde quedaron aquellas reflexiones de Marta Mata y los del colectivo Rosa Sensat en la fase final del franquismo en el sentido de que los niños tenían derecho a ser escolarizados en su lengua materna, al menos hasta cierta edad?. Se abogaba con justicia por la escolarización en catalán de quienes la desearan para sus pequeños, pero se olvidó todo aquello en cuanto "dió la vuelta la tortilla" y los que iban a solicitar ese planteamiento fueran castellanohablantes.... ¡Cuánto oportunismo incluso a cargo de notables pedagogos como la sra Mata!
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