Una sentencia no tan previsible

Manuel Trallero
7 min

Hay la consabida nube de periodistas a la intemperie tras los aparatos electrodomésticos propios del caso, ateridos de frío. Le deseo mucha suerte y ánimos a Daniel Osàcar, quien responde que ánimos no le faltan pero... La mole del palacio de justicia con su grandilocuencia arquitectónica proyecta su sombra sobre los encausados y abogados que van llegando. Jordi Montull aparece desmejorado en compañía de su hija, quien le ayuda para ascender los escalones. Los ejecutivos de Ferrovial van con paso decidido y su abogado Martell anda a cuerpo gentil a pesar de los clamorosos siete grados de temperatura. Me pierdo la entrada de Millet con su carricoche impelido por su ayuda de cámara por una puerta lateral dotada de rampa. A las 9.45 llega de prisa y corriendo el señor Francesc Sánchez, representante legal de Convergència. Sube las escaleras de un salto y recuerdo la épica de Artur Mas despidiéndose en ese mismo lugar de la multitud formando con los dedos de las manos las cuatro barras catalanas. ¡Qué tiempos aquellos!

Restamos a la espera. Un transeúnte le explica a otro, ante el despliegue mediático, que "hoy hay lo de Millet y todo el rollo ese", como queriéndonos devolver a la realidad de la vida. La dotación de un furgón de los Mossos d'Esquadra aprovecha un resquicio de sol para formar un corrillo en la esquina mientras llegan los ecos de los niños en el patio de una escuela cercana. La chiquillada de los becarios de la prensa da patadas contra el suelo para combatir el frio y por turnos se traen café en vasos de cartón. El tiempo parece haberse detenido, apenas hay tráfico, ni gente que entre ni salga del edificio, ni bicicletas en el carril destinado a tal fin.

El primero al que veo es a Zuloaga, el abogado del Palau. No parece muy encantado, explica que ahora viene el juicio por el delito fiscal y se va con viento fresco. Los periodistas en modo témpano de hielo blanden la copia del fallo, tal que si fuera un trofeo de caza. Martell se abraza con su defendido --"lo hechos, a mí que me den los hechos jurídicos"-- y se deshace en elogios de las acusaciones particulares: "Nadie les replico, nadie". Andan exultantes de una parte a otra. Los Montull aparecen circunspectos, Gemma​ luce unas gafas de sol como las folclóricas al salir del juzgado tras recibir el varapalo de la condena a cárcel. El padre explica que el pacto con la fiscalía no ha servido de nada y el letrado Pina, siempre tan bien predispuesto con los medios de comunicación, está arisco, por no decir francamente desagradable, con el rostro desencajado y ganas de irse de prisa y corriendo. Es la viva imagen de la desolación.

Sánchez Ulled​ ha perdido estrepitosamente por goleada. La sentencia vuela por los aires el pacto con Millet y Montull, deja en libertad sin cargos a Garicano y encima Martell le ha ganado en el mano a mano que se tenían

Xavier Melero, el abogado de Osàcar, tiene mejor perder. La sentencia no le ha sido favorable pero mantiene el fair play y entramos en amena cháchara con el también letrado Martell sobre los avatares de la vida y otras metafísicas. Las televisiones van haciendo sus conexiones en directo y los supervivientes de la glaciación andan cámara en ristre esperando la salida de Millet, que la demora casi una hora porque por lo visto ha ido al lavabo. Cuando finalmente aparece ante la concurrencia, tiene una frase para la Historia: "Por el amor de Dios". Y el propio toma una curva con la silla de ruedas y Millet a bordo tal que si fuera el circuito de Mónaco en un premio de Fórmula Uno.

En el taxi pienso que el gran ausente, Emilio Sánchez Ulled​, ha perdido estrepitosamente por goleada. La sentencia vuela por los aires el pacto con Millet y Montull, deja en libertad sin cargos a Garicano y encima Martell le ha ganado en el mano a mano que se tenían. El calificado como el Messi de los fiscales ha resultado ser en este caso un auténtico bluf, con una instrucción de chichinabo de mucha filmina y poca teca. Entró en el Palau como si fuera un desfalco en una fábrica de lavadoras o elefante en cacharrería. Junto a él, Convergència, sus dirigentes de entonces --sin necesidad de que Llinares, el director general del Palau tras Millet, se alce como el Gran Inquisidor-- y sus sucesores actuales tienen un cúmulo de explicaciones pendientes que dar --aunque no son los únicos-- a la opinión pública. Si, como insiste Francesc Sánchez, el fallo no acusa de financiación irregular al partido del señor Mas, ¿eso quiere decir que se gastaron la pasta recibida jugando al bingo o con señoritas que fuman? Si no, ¿a dónde fue?

Tras casi nueve años de espera, finalmente se ha hecho justicia. Si alguien tiene la más mínima duda al respecto, que recuerde que al presentar el informe de la Sindicatura de Cuentas en el Parlament de Cataluña el año 2015 se afirmó que el Palau continuaba funcionando con la misma opacidad que los tiempos de Millet. Imagino que para la ocasión la señora Mariona Carulla, actual presidenta de la institución, recibirá el fallo judicial ataviada con el perceptivo jersey amarillo que luce allá donde va, en señal de duelo por los políticos exiliados y los encarcelados, hasta el punto que ya se cruzan apuestas por saber si es siempre el mismo o tiene varios iguales de repuesto. Un misterio más que queda por resolver.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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