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¿Sant Jordi de plata o taza de váter de oro?

Manuel Trallero
5 min

El mismo día que prometía su cargo el nuevo presidente del Gobierno de la casposa, rancia y ultramontana España ante el Rey --con la ausencia de símbolos religiosos, tal como corresponde a un Estado aconfesional--, prometían sus cargos los nuevos miembros del Gobierno de la supuestamente republicana, moderna, progresista e independentista Cataluña. Encima de la mesa en la que se situaban los consejeros, frente al presidente Torra, figuraba un objeto que no era ningún pisapapeles ni un pongo (esos regalos que no sabemos dónde ponerlos) sino una imagen revestida de plata de Sant Jordi del siglo XV que está habitualmente en el Museo Nacional de Arte de Cataluña.

El susodicho Torra tuvo el antojo de que fuera precisamente esa representación del patrón de Cataluña la que estuviera presente en la toma de posesión del nuevo Gobierno catalán, y se la hizo traer para la ocasión expresamente desde el referido museo para dicho acto por la misma casuística que el brazo incorrupto de Santa Teresa de Jesús estuvo en la capilla de El Pardo, por deseo de Francisco Franco, hasta la muerte del dictador. La escenografía o el simple fetichismo reclamaban la inexcusable presencia de la figurita de plata como atrezo. ¡Vayan a ustedes a saber! A nadie le extrañó ni mucho menos le molestó lo más mínimo. Ni una palabra. A este paso aún veremos al Señor de los Lazos Amarillos entrar bajo palio en algún tedeum de acción de gracias por la liberación de Mosén Junqueras y Cía. ¡Si hasta yo he visto a Felipe González con la señora y los niños de vacaciones a bordo del Azor, el barco de Su Excelencia!

Tampoco es el primero que se cree la reencarnación del caballero que mató el dragón, porque ya en cierta ocasión Artur Mas se disfrazó precisamente de Sant Jordi mientras que José María Aznar lo hizo de Rodrigo Díaz de Vivar, alias el Cid Campeador. La risa va por barrios. En esta ocasión, el aspirante a matador de dragones está convencido de que acabará con el monstruo de España y rescatará, sana y salva, a la doncella Cataluña de las garras de la bestia hispánica, y liberará a los cautivos prisioneros en tierra de infieles.

Estamos en pleno regreso de la superchería. Y así, mientras a algunos ministros del Gobierno del Partido Popular les daba por cantar El Novio de la Muerte al paso de la legión en una procesión de Semana Santa, a Puigdemont en Berlín se le aparece la Virgen de Montserrat --excelsa patrona de Cataluña y de un Tercio de Requetés que llevaba su nombre en el bando franquista-- en una mesita al lado del sofá de las visitas. Campa por sus respetos el nacionalcatolicismo independentista, que igual sirve para votar el 1-O en una iglesia en plena misa como para que el Abad de Montserrat visite a los "presos políticos". A este paso, los miembros de la jerarquía eclesiástica se convertirán en los ayatolás de la República catalana. Ya el Papa Wojtyla, ante las incesantes solicitudes de que hablará en catalán, les replicó, por lo visto, a los emisarios: "Lo haré cuando me llenéis las iglesias y los seminarios". No hay ningún peligro.

Al sátrapa Torra con su caprichito no le ocurrió como al de los Estados Unidos, Donald Trump, cuando tuvo la brillante idea de solicitar que le trajeran unas obras del MOMA para unas paredes que le quedaban vacías en la Casa Blanca. La directora del museo de Nueva York se negó en redondo pero le ofreció a cambio toda una taza de váter de oro, pero eso sí, convenientemente usada. Es lo que tiene América.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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