Puigdemont o el deshonor

Manuel Trallero
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En el año 2015 la BBC entrevistó, poco antes de morir, a Nicholas Winton que contaba nada menos que 106 años de edad. Este judío inglés en 1939 se trasladó a Praga y logró enviar a Londres a 669 niños judíos antes de que llegaran los nazis. Cuando el entrevistador le preguntó qué había aprendido del pasado, Winton puso cara de sorpresa y respondió: "¿De qué nos sirve fijarnos en el pasado? ¿Quién ha aprendido algo fijándose en el pasado?".

Cada año se conmemora en Cataluña el fusilamiento del presidente Companys por los franquistas, tras haber sido detenido en Francia por la Gestapo. Sin embargo, nadie se acuerda del general Batet, quien se le opuso con la fuerza de las armas al levantamiento del 6 de octubre de 1934. Franco mando fusilar en febrero de 1937 al militar catalán, era de Tarragona, por defender esa misma legalidad de la II República frente a los golpistas. 

No creo ni poco ni mucho en la pretendida alma de los pueblos ni en su supuesta personalidad. No dejan de ser una simple retahíla de tópicos, una patraña. Se han vertido ríos de tinta sobre la supuesta dualidad de los catalanes, oscilando entre el seny (la cordura) y su opuesto, la rauxa (el arrebato), que en ocasiones se apodera de nosotros, como dos caras de una misma moneda, el yin y el yang, dos polos entre los cuales oscilamos siguiendo la inexorable ley del péndulo. Puro y simple determinismo histórico. Según todos los indicios, estaríamos ahora en plena rauxa, la misma que se apoderó de Companys en 1934 y la misma que respondió con "incontrolados" al levantamiento de Franco. No hemos aprendido nada del pasado.

Según todos los indicios, estaríamos ahora en plena rauxa, la misma que se apoderó de Companys en 1934 y la misma que respondió con "incontrolados" al levantamiento de Franco. No hemos aprendido nada del pasado

Llegados a este extremo, suelen traerse a colación eruditos que van desde Vicens Vives a Ferrater Mora. Tampoco falta para aderezar el argumento fatalista el recurso a Gaziel, el director de La Vanguardia en la República, un paradigma de los catalanes como unos perdedores natos de la historia. Ni creo, como sostiene Ferran Mascarell, exdelegado del Gobierno catalán en Madrid, con su mirada torva de fiscal de los juicios de Moscú, que España sea una anomalía histórica ni que sea la España actual la de la Leyenda Negra, el Desastre del 98 o la de franquismo.

Tampoco comparto la opinión de notabilísimas personalidades, desde luego con mucho mejor criterio que el mío, y destacados salvadores de la patria, que diagnostican el independentismo como una enfermedad, una pandemia contagiosa que convierte a sus seguidores en meros enfermos, portadores de un virus y por ello exonerados de cualquier responsabilidad. El propio Stalin ya sentenció que, "en lo que yo puedo juzgar, son hombres ciertamente quienes hacen la Historia".

Me sorprende, sin embargo, quienes excusan a Puigdemont diciendo que tanto él como Artur Mas no eran conscientes de lo que estaban haciendo, es decir, que eran unos inconscientes. De de quienes, como Puigverd desde La Vanguardia, enfatizan que "Carles Puigdemont no tiene más ambición que formar parte de la gente, de su gente", transformando así Girona en Sicilia, un asunto de familia. O quienes ya apelan a las desgracias del exilio. Todo ello no le exime al expresidente ni a otros muchos del Núremberg de la Historia. Winston Churchill dijo de sus predecesores en el Gobierno, los del pacto de Múnich con Hitler: "Os dieron a elegir entre la guerra y el deshonor. Y elegisteis el deshonor. Ahora tenéis guerra y deshonor".

No sé si hay vuelos directos de Bruselas al infierno.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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