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Perdonen las molestias

El nuevo 'país': Cataluña

Manuel Trallero
5 min

Esto del país se ha puesto ahora de moda como los productos ecológicos y de proximidad o el turismo rural. Es decir, que han proclamado (o no-proclamado) una república catalana para denominarla país. Antes del país era solo el llamado jamón del país que tenía un aspecto mortecino, un gusto intrínsecamente salífero y una textura de suela de zapato. Frente al país se erguía como alternativa el jamón de Salamanca, que era como más de lo mismo pero en caro. Aún faltaba tiempo para que el comunista Manolo Vázquez Montalbán descubriera que España era una unidad de destino en el jamón de jabugo. Tras el hallazgo, descanso.

Ahora los indepes han inventado el país --¡con lo fácil que es llamar a Cataluña, Cataluña!--, que viene a ser como la quintaesencia; la Cataluña vacía, aquella en donde se obtiene un diputado en el Parlamento catalán con un tercio de los votos que cuesta en la provincia de Barcelona, la Cataluña catalana; la que empieza allá donde acaba el excinturón rojo de Barcelona, la carlista y clerical, frente a la Sodoma y Gomorra de la Ciudad Condal, esa Babel en donde incluso se habla en español.

Esa es la Cataluña del paro de país, una huelga general política, convocada por unos sindicatos que los conocen en su casa y entre cuyos dirigentes figura un patriota catalán cuyo principal mérito fue asesinar al industrial Bultó allá por la Transición. El objetivo fue separar ese país imaginario de la Cataluña real, procediendo al corte de carreteras, autopistas y vías de ferrocarril con la inestimable pasividad de los Mossos d'Esquadra. Eso, por lo visto, no es violencia sino hacer punto de cruz, macramé o yoga. Fotografiando para mayor gloria a niños de corta edad sentados en plena autopista. No contentos con ello, henchidos de espíritu europeísta, lograron cortar el acceso a Andorra. Una forma, como otra cualquiera de practicar la geografía recreativa mientras que el consumo eléctrico indicador efectivo de la actividad resultó ser superior al de un día laborable.

Ahora los indepes han inventado el país, que viene a ser como la quintaesencia; la Cataluña catalana; la que empieza allá donde acaba el excinturón rojo de Barcelona, la carlista y clerical, frente a la Sodoma y Gomorra de la Ciudad Condal

Todo sea en favor de los supuestos "presos políticos" y del "Gobierno en el exilio", a cuyo presidente fugado el gran periodista Rafael Jorba dedicó un tuit aleccionador: "Dejen de banalizar el exilio. Es un insulto a la memoria de centenares de miles de exiliados de la posguerra. No iban en avión. Cruzaban la frontera a pie y no dormían en un hotel en Bruselas sino en un campo de concentración en Argelès". Ello(s) a los suyo(s). Andan los indepes deshojando la margarita de si hacen o no hacen una lista de país para los próximos comicios del 21 de diciembre. No parecen dispuestos a ser unos sin techo durmiendo en los cajeros automáticos. Fuera del Parlamento hace frío, mucho frío, las cuentas corrientes quedan ateridas. ¿Qué vamos a hacer con Lluís Llach o Germà Bel que no tienen ni oficio ni beneficio?

En mi juventud esto del país estaba mal visto. Todos creíamos a pies juntillas los versos de Salvador Espriu: "¡Oh, qué cansado estoy de mi cobarde, vieja y tan agreste tierra, y cómo me gustaría alejarme hacia el norte!". Fieles al mandato del poeta nacional, tratábamos desesperadamente de ligar con aquellas míticas amazonas rubias y nórdicas que lucían bikini en la playa pero, con suerte, acabamos, en el sumun de la nortedad, en brazos de una joven de la Seu d'Urgell, hija de un militar. Ya lo decía Forges a modo de maldición: "¡...país!". Pero, claro, se refería a España.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.