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Perdonen las molestias

El "nene pupa" de los 'indepes' catalanes

Manuel Trallero
4 min

A estas alturas de la película, uno ya debería estar curado de espantos, pero lo cierto es que no salgo de mi asombro. No consigo entender, por más vueltas que le doy, cómo aquellos que desafían a un Estado les sorprende que este responda. No me cabe en la mollera que los sabelotodo independentistas creyeran a machamartillo que el Gobierno español se iba a quedar inmóvil como un cervatillo cegado por el resplandor de la luz que emite los faros deslumbrantes del separatismo.

Artur Mas proclamó urbi et orbi que, tras 23-F, el 9-N había sido el mayor desafío al Estado en la democracia. Tras el aquelarre de las sesiones del Parlamento catalán --solo faltaban las escobas voladoras porque el resto ya estaba en el hemiciclo--, la mayoría independentista se pasó por el forro del dobladillo de los pantalones la legalidad y las minucias esas del respeto a las formalidades democráticas. Iban que se salían con David y Goliat, con San Jorge y el dragón, con la revolución de las sonrisas y con Cataluña como Cuba y la España actual como la España del 98. Y, por supuesto, Mariano Rajoy era don Tancredo, tonto del haba. El Estado, un pelele al que se le podía mantear como en un cartón de Goya. Llevados por la superioridad moral de la que hacen gala, España debería haberse quedado quieta y parada mientras las mentes pensantes --y no los trogloditas esos de los españoles, que vivimos encima de los árboles y vamos en taparrabos-- decidían por todos nosotros. Pues va a ser que no. La electricidad hace tiempo que llegó a Palencia.

Llevados por la superioridad moral de la que hacen gala, España debería haberse quedado quieta y parada mientras las mentes pensantes decidían por todos nosotros. Pues va a ser que no

Cuando ha arreciado la lluvia fina de querellas y de notificaciones judiciales, han surgido el habitual coro de plañideras y los sepulcros blanqueados rasgándose las vestiduras. Salen con el ritornelo de que la justicia no solucionará el problema, que Rajoy es un quietista y no ha propuesto nada, que eso es darle alas al independentismo y, ya en el colmo del disparate, que el Gobierno español no puede ganar de cualquier manera, que a mí me recuerda las sesudas cavilaciones en las radios de Cataluña sobre si el Barça de Luis Enrique conservaba la esencias del juego de Guardiola o las había traicionado.

Quienes sí lo han entendido perfectamente, de que con las cosas de comer no se juega, han sido los propietarios del diario Ara, que hasta el momento presente ha sido un baluarte del independentismo, pero por aquello de que lo cortés no quita lo valiente, alejado de la posverdad de otros medios digitales como El Nacional de José Antich. Ante la posibilidad de cierre del rotativo, las familias Carulla --de los sopicaldos Gallina Blanca-- y Rodés --de la publicidad-- han dicho que por ahora buenos. Que una cosa es predicar y otra dar trigo.

¿Dónde hay que poner la tirita?

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.