Esa mala educación tan catalana

Manuel Trallero
5 min

La incomparecencia del ínclito Torra, un antiguo editor, en el acto de concesión de los premios Planeta responde a un concepto determinado de la política que mi señora madre definiría como de arrancada de caballo y parada de burro. Ha sido la enésima ocasión en la que el Gobierno de Cataluña ha evacuado sus aguas menores fuera del tiesto. Y sobre todo es una muestra, a buen seguro the last but not the least important, de esa ostentación jactanciosa de falta de modales tan propia de los políticos independentistas. Esa chulería de barra de discoteca a altas horas de la madrugada blandiendo con desgana el vaso de whisky que tan bien lució el primogénito de Pujol en su comparecencia en el Parlamento, esa bravuconería de ser un echao palante de Puigdemont​ que le llevo a huir escondido en el maletero de un coche y no paró hasta llegar a Bélgica.

Hemos dado carta de naturaleza a las fanfarronadas del conspicuo Rufíán​, embutido en la camisola que hace al caso, que a mí me recuerdan por efecto de la moda vintage a la oratoria de José Antonio Primo de Rivera en las Cortes de la República, y hasta le reímos las gracias un personaje de la catadura moral de Boadella cuando enseña las posaderas o efectúa su enésimo corte de mangas en una prueba de hasta dónde nos puede llevar la futilidad.

Hemos perdido la educación, los modales y las formas. No sé si a cambio hemos ganado algo. Tras lo cual se ha instalado una inabarcable sensación de alivio en la sociedad catalana sólo comparable a la que sufrieron mis condiscípulas de la universidad cuando expidieron el sujetador al baúl de los recuerdos. A partir de aquel instante se dieron definitivamente por liberadas y corrió la voz. Ahora en Cataluña vamos como más sueltos, ¿no?; en plan exento, creemos que tenemos menos prejuicios y convencionalismos. El tuteo es la norma cuando antes era cosa de falangistas o de la FAI, el "salud" ha sustituido al "adiós". El Liceo o el Parlamento de Cataluña, por citar solo dos ejemplos, debe de ser los únicos establecimientos de sus respectivos ramos en que los asistentes a los mismos se desarreglan para acudir a ellos, vamos que se disfrazan de homeless como cuando en la Barcelona de la Guerra Civil el mono de trabajo se volvió una prenda cotizadísima para los burgueses que pretendían salvar la piel mediante su uso.

Eso sí, cuando acuden al parlamento de Westminster no se olvidan de lucir la preceptiva corbata o, como hizo la exdiputada de la CUP, la señora Anna Gabriel​, al llegar a su supuesto exilio suizo, de ir a la peluquería para adoptar un nuevo look de chica modosita; nada que ver con aquel aspecto de creerse a pies juntillas lo de que "las chicas buenas van al cielo y las malas a todas partes".

En un libro reciente, Cómo mueren las democracias, de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, estos explican como el éxito del sistema político de los Estados Unidos se basa en el respeto a una serie de normas y reglas que no están escritas en ninguna parte. La victoria de Trump se debió en buena parte a que durante el mandato de Obama el partido republicano, para combatir las políticas del presidente, empezó a incumplirlas sistemáticamente. El camino quedó expedito.

Juan Antonio Samaranch, que podía ser muchas cosas menos tonto, cuando en cierta ocasión le preguntaron cómo había llegado a presidente del Comité Olímpico, respondía: “Contestando a todas las cartas y respondiendo a todas las llamadas telefónicas que recibo”.

Artículos anteriores
¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

¿Quiere hacer un comentario?