¿Por qué el independentismo es legal cuando lo que pretende es ilegal?

Manuel Trallero
5 min

Una de las mayores paradojas de la actual situación en Cataluña es que los independentistas van a vela y a motor, como decían antaño los pescadores de la Costa Brava. Es decir, que se aprovechan de todas las ventajas de la malvada Constitución española para tratar de acabar con ella, ciscándose encima siempre que pueden y más. Esta situación, que en cualquier democracia sería considera como francamente inaguantable, aquí nos hace mucha gracia. Nos partimos de risa, por ejemplo, con las ocurrencias de un individuo de la catadura moral de Toni Soler, que propone pasar un camión por encima de los miembros del Tribunal Supremo.  Aquí le reímos la gracia a quien formula seguir la misma técnica que los terroristas autores de los atentados de Londres, Niza o Barcelona.

Mientras tanto, frente a la llamada Brigada Aranzadi de Madrid, los Boixos Nois de los juristas hoolligans del independentismo, capitaneados por el doctor Juanjo Queralt, andan buscándole cinco patas al gato para ver dónde pueden meterle un gol a la legalidad. Es un empeño digno de mérito que en lugar de dar agua enseñen a hacer trampas. Menos mal que la señora Artadi, que anda ronroneando para ser la representante de Puigdemont en la Tierra y de paso presidenta de la Generalitat, ya dejó bien claro que su objetivo era --en términos pugilísticos-- "poner al Estado contra las cuerdas".

Ruego encarecidamente que nadie olvide que la principal razón de existencia de los independentistas no es --por raro y extraño que parezca-- lograr la independencia de Cataluña. Ellos saben perfectamente que va para un rato largo, así que en términos cortoplacistas se conforman con joder la marrana y acabar con España, o aún mejor, con el Estado español, tal que si fuera una cáscara vacía. Sobre el contenido --los españoles y principalmente los que viven en Cataluña-- no creo que existan dudas razonables de lo que van a hacer con nosotros en caso de victoria. El relleno de las empanadillas se nos va a quedar holgado como proyecto de vida.

El independentismo se aprovecha de todas las ventajas de la Constitución española para tratar de acabar con ella

Todos saben que, tras el frustrado golpe de Estado iniciado el pasado 1 de octubre, es preciso un cambio de estrategia. El señor Miquel Puig, quien fue director de TV3, en el diario Ara --propiedad de los Carulla de Gallina Blanca y los Rodés de los anuncios-- publicaba un artículo con motivo de los 50 años de la ofensiva del Tet, en la que las fuerzas del Vietcong libraron una batalla cara a cara, abandonado la tradicional lucha de guerrillas, lo que representó un fracaso estruendoso. Siete años más tarde, EEUU abandonaba Vietnam. El articulista saca las oportunas conclusiones: "Vietnam del Norte ganó lentamente, evitando los enfrentamientos en campo abierto con una fuerza superior. No hace falta añadir nada más". Este émulo del famoso general chino Sun Tzu, autor en el último tercio del siglo VI a. C. de El arte de la guerra, expone subrepticiamente cual será la táctica del independentismo. No habrá tregua posible y, como aquel Felipito Tacatún del concurso Un, dos, tres..., repiten sin cesar la misma muletilla: "Yo sigo". Mientras los independentistas continúen siendo partidos legales y, por ende, recibiendo la consabida ayuda económica de los contribuyentes, será bien cierto aquello tan sabido en lengua vernácula de "cornut i pagar el beure" o lo de "cornudo y apaleado".

Aunque, claro está, si toda la contraprogramación del Estado es ofrecer en directo por TVE una rueda de prensa del inefable Albert Boadella, con su preclara inteligencia, haciendo pareja de baile con la señora Santamaría, viviendo del cuento de la presidencia de Tabarnia, apaga y vámonos... que yo pago las copas.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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