¿Hasta cuándo los catalanes haremos el ridículo?

Manuel Trallero
5 min

En TV3 lo fijaron en el frontispicio: "El juicio del siglo", como un anuncio del Circo Americano o el mayor espectáculo del mundo. Artur Mas proclamaba que "nos querrían arrodillados, pero nos encontrarán de pie", una reverberación de la Pasionaria con lo de "más vale morir de pie que vivir de rodillas". Nos lo encontramos, sin embargo, a gatas en compañía de sus nietas y Josep Cuní, en eso le llaman ahora periodismo, en la tele de Godó, en un programa de supuesto interés humano, el día antes del juicio. Egos en simbiosis hasta alcanzar el orgasmo de la cursilería almibarada. Un éxito de audiencia.

Pasearon juntos por los escenarios del día después, cuando la procesión desde el Palacio de la Generalitat, pasó por el cementerio de los defensores de Barcelona el 11 de septiembre de 1714. Al llegar al paseo Lluís Companys fue allí donde Cuní le espetó a bocajarro: "¡El presidente mártir! ¡Hábleme de su martirologio, el de usted!". Estaba bien visto. Se ha escrito en Cataluña que "el juicio contra Mas remite en el imaginario colectivo al juicio sumarísimo del fusilamiento de Companys a manos de Franco". Aunque Karl Marx ya estableció que "la historia se repite dos veces, primero como tragedia y después como farsa". Al levantar la vista, Cuní topa con el Arco del Triunfo y ya se lo imagina pasando por debajo henchido de gloria. Pero no. Mas señala que "por ahí pasará nuestro país, ¡y yo acompañándolo!". No fuera a extraviarse.

Ante el tribunal, el expresidente optó por dejar escapar a la épica por el sumidero del sofisma: "Soy el responsable, pero no el culpable". Había llegado el momento de sacarse las pulgas de encima

Aquella magna concentración a las puertas de un tribunal no es ningún escrache ni presión a la justicia. Es como ir al teatro y silbar al final de la representación, no estás en contra del teatro, sino de esa función. Eso también se ha escrito en Cataluña. Porque, al fin y al cabo, la justicia está politizada como bien dice Donald Trump. Mientras, por los altavoces, se escuchaba la voz amiga, ora de Mònica Terribas, ora de Jordi Basté. Los acusados recibían el aplauso del público reunido, que se había pegado un meritorio madrugón, al que tanto quieren y al que tanto le deben. Allá estaban llegados de todos los confines de la Cataluña auténtica, la Cataluña catalana. También llegaban los acusados, con media hora de retraso, como quien llega tarde al dentista o a la peluquería, pero la historia bien podía esperar a sus protagonistas.

Ante el tribunal, el expresidente optó por dejar escapar a la épica por el sumidero del sofisma: "Soy el responsable, pero no el culpable". Había llegado el momento de sacarse las pulgas de encima, todo había sido un malentendido, una confusión tonta, el Tribunal Constitucional se explicó mal. Todo a pesar de haber mandado al Museo de Historia de Cataluña la pluma con que firmó, en el salón de la Virgen de Montserrat del Palacio de la Generalitat, el mismo lugar en que Pujol firmó ante notario su desvinculación con Banca Catalana, la convocatoria del 9N.

Amadeu Hurtado, nacionalista y republicano, antes de octubre de 1934 dejó escrito que "Cataluña no ha producido, ni por ahora puede producir, ningún otro tipo de político que el agitador, propenso a la protesta como el mismo pueblo y diestro en aprovechar cualquier motivo de orden sentimental para asustar al adversario mientras dure la llamarada".

Ya hemos hecho línea y ahora vamos para bingo.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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