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¡Fusíleme, por favor, aunque solo sea un poquito!

Manuel Trallero
5 min

Por estas calendas se rememora el fusilamiento del presidente Companys. De hecho es prácticamente lo único que el personal sabe de él; de la misma forma que de Luther King solo se le conoce que tuvo un sueño y de Gaudí, que proyectó la Sagrada Familia y le atropelló un tranvía. La fecha marcada en el calendario patriótico lleva adosada la cansina reposición de una interminable polémica en forma de diálogo para besugos. La versión remasterizada para este aniversario incluía el bonus track del vendedor de ratafía, señor Torra​, según la cual lo mató el Estado español mientras que en la cara B la señora Arrimadas ha hecho uso de sus meninges, sin que se registren daños colaterales entre la población, para aducir que fue el franquismo. Es una discusión entrañablemente hispánica cuya principal consecuencia es que el muerto continúa igual de muerto.

Este año, sin embargo, se ha producido lo que yo no dudaría en calificar como hecho histórico, la legitimación del régimen franquista, cuarenta años después de la muerte de Franco. El acontecimiento, merecedor sin duda del próximo premio Ondas, tuvo efecto el pasado viernes en el programa de RAC1 No ho sé --No lo sé (no es una ocurrencia mía, es el título del programa)-- y corrió a cargo de Joan Lluís Garcia quien efectuó ante la audiencia, sin manos y sin red, este brillante silogismo: “Si el jefe del Estado era Franco y Franco mando fusilar a Companys, es el Estado Español quien le mató. Está claro”. Una prueba irrefutable del éxito sin precedentes del modelo educativo de la escuela catalana.

Sin embargo, la gran novedad de esta temporada es que el fusilamiento de Companys ha marcado tendencia. El señor Antoni Castellà, de la misma camada ideológica que la señora Núria de Gispert y su agencia de viajes a Andalucía, afirmó mondo y lirondo que "probablemente, si no estuviéramos en el marco de la UE, tendrían tentaciones de fusilarlos también, exactamente como pasó con Companys. Como no pueden hacerlo, están en la prisión"; o el señor Tardà de ERC: "Si el señor Casado pudiera, nos fusilaría". El líder del PP, por su parte, acusó al presidente del Gobierno Pedro Sánchez de haber dado “un golpe de Estado”, y mientras tanto el bueno de Agustí Colomines desafina del guión marcado: “De momento, en todas las independencias del mundo ha habido muertos. En la nuestra, hemos decidido que no queremos. Si decides que no quieres, pues tardas más. El proceso es mucho más largo”.  

El proceso, en efecto, empieza echar cuentas de a cuanto la sale el muerto y cuanto el plan low cost. Hizo lo mismo con los encarcelados creyendo que se volvería un boomerang contra el llamado Estado español, alardeando de que no se podía meter en la cárcel a dos millones de catalanes y ahora anda de Herodes a Pilatos cambalacheando por unos presupuestos y publicando unos libros de supuesta literatura penitenciaria, infantiloides y lacrimógenos --vamos, que no es la estancia de Gramsci en prisión--, para ablandar los corazoncitos en plan "carta al consultorio sentimental y de belleza de la señora Francis”  o ¡Nene, pupa!

Todo el mundo quiere ser fusilado pero nadie, claro está, quiere que lo fusilen. Los que fusilan nunca son los nuestros siempre son los otros. Los fusilados siempre son los míos, los que fusilan siempre son ellos. Continuará.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.