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Transcurridas dos semanas desde las elecciones catalanas, bien podría afirmarse que para algunos aquí no ha pasado nada y que se ha vuelto a repetir la foto finish de las anteriores y --de no cambiar muchas las cosas-- una premoción de las siguientes elecciones y así sucesivamente. Mas allá del éxito electoral de la señora Arrimadas, convertida en una victoria pírrica, por mucho que las patronales catalanas se empeñen en su política recreativa de querer formar un gobierno imposible y contra natura en las actuales circunstancias, la autocrítica de los partidos no independentistas no solo ha brillado por su ausencia --ya no digamos las dimisiones que acarrean las derrotas electorales en los países normales-- sino que prevalece la actitud de sostenerla y no enmendarla.  Los partidos de ámbito estatal en Cataluña, excepción hecha de Ciudadanos, --tanto los de la vieja como la nueva política-- han quedado reducidos a la simple dimensión testimonial y corren el peligro de entrar en vías de extinción como los dinosaurios sobre la capa de la tierra. Sin ganar en Cataluña, tan solo el PP es capaz de ganar en toda España. Eso es público y notorio.

Aquellos que tenemos la dicha de vivir sobre el terreno y pisar la calle y no solo la moqueta de los despachos, los que no gozamos ni deseamos la condición de consejeros áulicos ni de la Moncloa, ni de Ferraz, ni de la CEOE, ni de Fomento, ni del Ibex 35, ni habitamos el palco del Bernabéu, ni ejercemos de salvadores de la patria a horas convenidas y caché estipulado, ni correteamos por los mentideros de la Villa y Corte, ni hacemos de correveidile, nos preguntamos: ¿Y ahora qué? ¿A seguir tal como estábamos cuatro años más? ¿Alguien tiene una idea de lo que hay que hacer? Es más ¿alguien cree necesario tenerla? Por lo visto, no.

 

Aquellos que en Cataluña mantenemos nuestra convicción personal de ser catalanes y españoles a un mismo tiempo, sin aspavientos, nos preguntamos: ¿Qué está haciendo España por nosotros?

 

¿Hay vida --sobre todo vida inteligente y, por ende. inteligencia emocional-- más allá del 155? España se ha esfumado de Cataluña, ha desaparecido, no existe. Aquellos que en Cataluña mantenemos nuestra convicción personal de ser catalanes y españoles a un mismo tiempo, sin aspavientos, ni dramatismo impostados, ni luciendo musculatura de mártires, llevando con esmero nuestra condición de estar muertos socialmente, de ser unos meros zombis, puedo bien asegurarles que nos sentimos solos, muy solos, abandonados a nuestra propia suerte, asumiendo un día tras otro como somos tratados de fascistas, antidemócratas, descendientes de franquistas y de colonos españoles. ¿Qué está haciendo España​ por nosotros? ¿Qué están haciendo el resto de los españoles?  ¿Esta España es nuestra patria, con la cual se llenan la boca? Y sobre todo ¿Hasta cuándo tendremos que aguantar todo lo que estamos aguantando, sin rechistar?

Es bien sabido que el que avisa no es traidor, sino simplemente avisador.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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