La España de Pedro Sánchez, entre Frankenstein y una ONG

Manuel Trallero
5 min

El periódico El País del pasado 1 de junio, ante la pretensión del líder socialista de formar un gabinete ministerial, titulaba su editorial Un Gobierno inviable. Siete días más tarde, el 8 el junio, El País titulaba su editorial, tras la formación del gobierno, Un buen Gabinete. Es lo que tiene la prensa de tronío. Los españoles le han pegado a Rajoy una patada en las posaderas --ahora los paniaguados dicen la cursilada de "enviarle a la papelera de la historia"-- un auténtico impeachment. Nos pasa con Rajoy lo que a los americanos con Nixon, quien dirigiéndose al retrato de Kennedy en la Casa Blanca le decía: "Te admiran porque quieren ser como tú, y me odian porque son como yo".

Gracias a la impericia del niño Rivera, se ha colado de refilón Pedro Sánchez, el denostado, repudiado por los suyos, desaparecido en combate, situado por la Gracia de Dios y la sentencia del caso Gürtel en la pole position, se dijo "ahora o nunca", antes de saber si había agua en la piscina. Salió cara porque llevaba el efecto sorpresa, como viento de cola. La misma dinámica del Brexit o la victoria de Trump o el ahora "se van a enterar" por mor de estar hasta el gorro de la misma cara; de indolencia; de ese ir tan sobrados; de la sonrisa hueca de la vice, marirrespondona y resabiada. Y el sonsonete insoportable a todas horas de patrioterismo, cuando el patriotismo es ya solo el último refugio de los canallas.

La perplejidad es el estado de ánimo imperante en España que se acostó del PP y despertó sociata, como un 14 de abril monárquico y constitucional. La ola de baba todavía no ha descendido y amenaza con ahogar el entendimiento. ¿Cuándo se ha visto a un banquero como la señora Botín, ama y señora del Santander, elogiar a Nadia Calviño, ministra socialista? El Gobierno ha despertado ilusiones y va a practicar el ilusionismo. La ministra Batet, guapa, inteligente y catalana, ya invoca al Gran Manitú del consenso para reformar la Constitución con tan solo 84 diputados. Es lo que tiene la afición del Alcoyano. Mientras tanto, a los indepes catalanes se le ha quedado la misma cara que cuando la orquesta toca una polca y en la pista siguen bailando el vals.

Es un gobierno con hechuras. Una ensalada variada y multicolor donde hay de todo, como en botica. Feminizado para atender a las manifestantes del 8M según el presidente de ese gobierno-trampa, como Artur Mas justifica el independentismo, por las manifestaciones multitudinarias de 11S. Ministros de todos los rincones de esa supuesta nación de naciones, como el juego de las muñecas rusas en que una va dentro de la otra. Un Gobierno con un ministro de la porra, casado con otro hombre e incluso con una aficionada a las corridas de toros y con una acérrima enemiga de las mismas. Por ponerle un pero, echo de menos a una señora con hiyab. Aunque reconozco que lo mío es ganas de molestar.

Este verano se llevará el talante, la confesión de los pecados cometidos en Twitter, las víctimas (hacerse la...), el multiculturalismo, Bambi, la Santa Inquisición buscando la limpieza de la declaración de renta, las emergencias humanitarias, el happy flower, la jauría mediática (de Madrid se sobrentiende), el nacional buenismo, las delaciones guerracivilistas, la cara de malo del ministro del Interior italiano (el que se fotografió con la estelada separatista catalana), la hoguera del feminismo, el blanqueador que lava más blanco, la Roja, las bicicletas y hasta la España faldicorta de José Antonio Primo de Rivera.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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