¿De qué se ríe Eduardo Mendoza?

Manuel Trallero
4 min

El recién galardonado con el Premio Cervantes aparece siempre con un semblante radiante, en ocasiones con una leve sonrisa con pretensiones irónicas por debajo del bigote, otras en cambio con una abierta carcajada, pero siempre dando a entender la suerte que ha hecho en esta vida. ¿Es un tic, una mueca, una máscara? Acostumbrado a esta Cataluña de rostros sombríos entre el Pantocrátor de Taüll y la cara de Tàpies, unos semblantes como de yogur caducado, la risa de Mendoza ha sido para mí siempre un misterio. Quizás por ello, por ese halo de buen rollete que desprende el premio, ha sido acogido con una extraña unanimidad en este rincón del planeta. Todo el mundo contento.

No seré yo quien discuta, Dios me guarde, los méritos literarios del premiado, entre otras razones porque siguiendo el consejo de Josep Pla --a partir de los 40 no deben leerse novelas-- nunca las leo, como tampoco voy nunca en coche de caballos por la ciudad, ni me alumbro con luz de gas o utilizo sombreros de copa. El rutilante Premio Cervantes de este año me consoló cuando le leí al propio Eduardo Mendoza declarar en una entrevista que: "Solo leo libros en inglés. Eso es una pedantería, pero bueno me divierten más que lo que se escribe en España". ¡Cáspita! Pensé para mis adentros que "estoy salvado" porque a mí me aburren soberanamente las novelas. ¿Pero alguien se imagina al ganador del Goncourt diciendo que solo lee en inglés porque le divierte más que lo que se escribe en Francia?

¿Alguien se imagina al ganador del Goncourt diciendo que solo lee en inglés porque le divierte más que lo que se escribe en Francia?

¡Es que Mendoza es muy británico, tiene un humor muy inglés!, dirán ustedes. Umbral, que era malo con ganas, ya se refirió a los anglo aburridos. Además, siempre habla de dinero, lo bien dotados que están todos los premios que le dan y que le han dado. Lo dice como de pasada, y eso tengo para mí que debe ser muy casual... Tiene casa en Londres y yo tengo una masajista que también es de Londres. Siempre he creído que son dos vidas equivocadas. Ella se vino a vivir a Barcelona y él se fue a orillas del Támesis, al país que se ha inventado una palabra con mucho futuro: la posverdad. Pero ha sido en Oxford.

¿Cómo debe vernos Mendoza desde el otro lado del Canal de la Mancha? En cierta ocasión la niebla impidió la navegación por el mismo y The Times publicó que el Continente estaba aislado. Nos debe mirar con la condescendencia de los hispanistas ingleses, aunque nacido en el Ensanche barcelonés, miran a los pobres españolitos que solo saben matarse entre ellos, unos ratones que solo servimos como objeto de estudio, además olemos a ajo. Mendoza patina con sobrada elegancia sobre la realidad, sin piruetas, mientras desliza que "en el cole nos enseñaban en castellano y en el patio jugábamos en catalán". Sí, es cierto, por entonces ya existía la rueda. ¿No será que se ríe de nosotros? Seguro que le hacemos mucha gracia, somos tan bajitos.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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