Cataluña o el imperio de la mentira

Manuel Trallero
6 min

Mientras Puigdemont se proclamaba el único presidente posible de la Generalitat, a través de ese Ministerio de la Verdad, creado por George Orwell en su obra 1984, que funciona como franquicia bajo la marca TV3, el ínclito y abominable Comín recibía un mensaje del primero en que ponía el the end ha todo lo sucedido hasta ahora. La pretensión de la señora Ana Rosa Quintana de que con la exclusiva del mundo mundial de Telecinco se iba a acabar la matraca del proceso demuestra una ignorancia enciclopédica de todo cuanto ha sucedido y sucede en el cuadrante nororiental de la península Ibérica. Ni que decir tiene que los adeptos a la causa separatista han pasado por alto semejante ocurrencia, fruto de un mal momento que lo puede tener cualquiera y a otra cosa mariposa.

Goebbels, el ministro de Propaganda de Hitler, decía que una mentira repetida mil veces se convertía en verdad. No es cierto, claro está. Sin embargo, hacer de la mentira virtud es algo que tan solo ha sucedido, hasta ahora, entre los políticos separatistas catalanes. No llamar a las cosas por su nombre e ir rebuscando entre los eufemismos, de nuevo esa neolengua de Orwell, hasta dar con el sucedáneo adecuado; negar en público aquello que se mantiene en privado; no informar de las consecuencias de las decisiones políticas es una práctica virtuosa, asumida sin pestañear por sus seguidores a quienes la verdad les importa un comino. Una muestra de la superioridad moral de Cataluña sobre España, de la inteligencia de sus dirigentes frente a la cazurrería hispana. Artur Mas se definía como un astuto, es decir alguien que según la Real Academia Española es "agudo, hábil para engañar o evitar el engaño o para lograr artificiosamente cualquier fin".

No es verdad que una mentira repetida mil veces se convierta en verdad, pero hacer de la mentira virtud es algo que solo sucede entre los políticos separatistas catalanes

La mentira es virtud en Cataluña desde antiguo. Desde que Jordi Pujol se inventó su Cataluña y afirmó desde el balcón de la plaza Sant Jaume que, a partir de aquel momento, sobre ética iba a hablar él. Banca Catalana mediante. Ahora a nadie le extraña que otro Pujol, Eduard Pujol, portavoz del PDeCAT, quien parece querer dejar atrás las gansadas de Quico Homs, afirmase que peligraba su integridad física porque le seguía un caballero de mediana edad... en patinete. O que Pilar Rahola se abalance contra un contertulio del PP en un programa televisivo. Y que Quim Monzó afirmase vía Twitter que la señora Arrimadas añoraba a ETA, "un grupo armado para justificar su barbarie". Es lógico porque, cuando ETA mataba al inicio de una campaña electoral en el País Vasco, él hacia sus crónicas sobre la señora que pasaba el mocho antes de los mítines.

Violencia solo hay una. La del 1 de octubre. Ahí están las imágenes. Lo están viendo porque está pasando. Así de sencillo. Mil heridos porque lo dice el presidente del Colegio de Médicos de Barcelona o el prestigio de la medicina catalana. Igual, igualito que durante las protestas de la plaza de Tiananmén de 1989, en donde las pancartas estaban en inglés. Pero nadie ha visto a ningún político separatista apareciendo junto al cabezal de la cama de los heridos. ¿No resulta raro? Hubiera ido hasta la Reina de Inglaterra. La señora a quien le rompieron uno a unos los dedos y fue víctima de un acoso sexual por parte de la policía española. ¿Alguien la ha vuelto a ver más?

Lo otro, ¿qué quieren que les diga? Pelillos a la mar. El artículo 544 del Código Penal establece que "son reos de sedición los que, sin estar comprendidos en el delito de rebelión, se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales". Pero mientras que el prestigioso jurista Juanjo Queralt no diga lo contrario, "vamos a contar mentiras, tralará; vamos a contar mentiras...".

Artículos anteriores
¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

¿Quiere hacer un comentario?
Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Más información