Artur Mas y la papelera de la historia

Manuel Trallero
5 min

En ocasiones la CUP luce unos modales propios de las Hermanitas de la Caridad. Si hubieran sido Winston Churchill, seguramente en lugar de remitirle al cesto del olvido hubieran dicho del expresidente lo que dijo el político inglés de uno de sus acérrimos enemigos: "No le deseo ningún mal, solo lamento que haya nacido". Su enésima despedida, un apartamiento lateral, de ese hombre que solo se sonroja en caso improbable de que diga una verdad, es el enésimo eufemismo para decir que los suyos lo han echado allá donde querían verle los antisistema. Es el mismo que juraba y perjuraba que los bancos no se irían nunca de Cataluña o que la Unión Europea no podría vivir sin nosotros. Un ser siniestro que arrastra un resquemor contra casi todo y casi todos. Víctima de una manía persecutoria, aferrado a la familia como un valladar inexpugnable con un extraño concepto de la intimidad que le permite mantener la placa de prohibido aparcar delante de su domicilio porque reza "Generalitat" o que posa con sus nietos haciendo carantoñas con Josep Cuní, maestro de periodistas, tirados por el suelo.

Un resentido social, convencido de que no solo existe la lucha de clases y que la suya precisamente la ha ganado. Un neoliberal que hace suya la frase de Margaret Thatcher de que "no hay tal cosa como la sociedad, hay individuos, hombres y mujeres, y hay familias; y ningún gobierno puede hacer nada si no es a través de la gente, y la gente primero debe cuidar de sí misma". Un ser superior perteneciente a un casta. "A mi abuelo y a mi padre siempre les preocupó más la calidad del producto que fabricaban que hacer dinero. Gente muy concienciada del valor del esfuerzo y el sacrificio; una cultura que permitió que Cataluña avanzase mucho y en muchos sentidos". O que "una determinada concepción del subsidio de paro, si se da para toda la vida y en cualquier circunstancia, esto no estimularía que la gente vuelva a trabajar".

Quién nos iba a decir que la acción de la malvada justicia española le proporcionaría a tanto independentista una coartada para abandonar el barco antes de que se hunda

Un creyente cercano al protestantismo ultra del Tea Party norteamericano, admirándose en países como Holanda, Austria o Dinamarca en donde la extrema derecha o bien tienen una extraordinaria fuerza o ya están en los respectivos gobiernos. Esa misma extrema derecha flamenca, que colaboró con Hitler, que ahora da cobijo a Puigdemont en Bruselas. Un político capaz de estigmatizar a la inmigración con el no pasarán o que "en Cataluña no cabe todo el mundo" Un hombre dispuesto a conducir a todo un pueblo hacia Ítaca con los brazos abiertos como un Moisés tecnicolor, con un mechón rebelde, ajustándose las gafas con el pulgar y el índice en signo de autoridad y perdiendo unas elecciones tras otras. Diciendo, eso sí, que había ganado hasta en cinco idiomas distintos. Pavoneando que había puesto a España contra las cuerdas como solo había hecho Tejero el 23F y mostrando un rictus de complacencia masoquista mirándose al Rey de reojo con una media sonrisa mientras era pitado en el Camp Nou.

Apoyado por una cohorte de palmeros capaces de saltar en plena carrera de un caballo perdedor al caballo que va en cabeza, como en el caso de Pilar Rahola, sin despintársele los labios. Este es el hombre incapaz siquiera de tener un atisbo de grandeza y reconocer por fin la derrota. Ahora se aparta para preparar su defensa. Quién nos iba a decir que la acción de la malvada justicia española le proporcionaría a tanto independentista una coartada para abandonar el barco antes de que se hunda y para esconderse de rendir cuentas a los ciudadanos en último rapto de cobardía.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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