Antonio Baños, de profesión: ser noticia

Manuel Trallero
5 min

Una de las mayores preocupaciones, hasta el punto de quitarle el sueño al ciudadano, es saber qué está pasando con Antonio Baños. La pérfida Asamblea Nacional Catalana, la ANC, vetó su candidatura para presidir tan benemérita entidad --cuyo principal logro ha sido emplazar a un locutor de TV3 encima de un vehículo de la Guardia Civil “de forma completamente pacífica”-- por el simple hecho de asistir a tertulias radiofónicas según su reglamento. No es que la cosa --lo de las tertulias, naturalmente-- no tenga delito, sin embargo, todos tenemos el corazón en vilo, víctimas de un profundo desasosiego. ¿Qué hará a partir de ahora Antonio Baños?

Tras una azarosa vida como gacetillero publicó varios libros dedicados a la economía y lo malvados que son los economistas, algo que ya se sabía con mirarle la cara a Andreu Mas-Colell. Ingresó en la secta del Buen Tío Tom, conocida como Súmate, la sectorial de Esquerra Republicana para los charnegos que pretendía reunir a los catalanes castellanohablantes, ¡cómo si en Cataluña hubiera alguien que no lo fuera! No había sitio para dos gallitos como Rufián, de Santa Coloma, y Baños, el Niño de la Meridiana, así que se quedó Rufián de santo patrón de aquella cofradía. Baños inició su particular camino de Damasco y apareció por sorpresa, incluso me atrevería a decir que como una grata sorpresa, como portavoza de la CUP, porque aunque gasta una rancia labia antiglobalizadora y una vena mesiánica de quien habla de la república como se hablaba de las suecas con bikini en mi juventud lejana, al menos no ponía aquella cara de yogur caducado de su antecesor David Fernández, con quien forma una gran pareja de baile, tipo poli bueno, poli malo.

Si yo me hundiera en un barco, elegiría sin duda el bote salvavidas en que estuviera Baños. Seguro que comeríamos caviar durante la travesía. Es un conseguidor nato

Baños quiso emular a Lenin y estableció que "para obtener la independencia hay que montar un pollo". Se hizo una pizza con el lío de que “si ahora no voto a Mas” que “si ahora lo voto” y acabó como acaban los elegidos por el dedo de Dios. Es contertuliano y dice cosas de tanta enjundia como que un soldado de la OTAN es como un miembro de Estado Islámico. Reapareció formando parte de la colla del gin tonic, una plataforma transversal, en la terraza de un hotel de postinero en grata compañía de Toni Soler --el payaso del régimen-- y el actual teniente de alcalde de Barcelona, Jaume Asens, que tiene la deshonra de ser un edil sin antecedentes tupamaros como algunos otros miembros del cartapacio municipal. Por último, se le recordara a Baños por colocar a Puigdemont cabeza para abajo en su perfil de Twitter cuando corría la especie de que aquel convocaba elecciones, y lo remató con una frase histórica: “Nos han robado en los despacho lo que hemos ganado en las urnas”, que es como el lagrimeo quejica del presidente Núñez por los arbitrajes al Barça cuando no ganaba ni a las canicas. Amén de ello se burló del acento de los andaluces que siempre tiene su gracia y su cosa para un nativo de Nou Barris antes de desclasarse.

Baños es un superviviente, un vivales, un epígono del Lazarillo de Tormes. Si yo me hundiera en un barco, elegiría sin duda el bote salvavidas en que él estuviera. Seguro que comeríamos caviar durante la travesía. Es un conseguidor nato, un postulante para el relumbrón que le permita continuar en el candelabro y salir a flote. Gracias a pícaros como él, el proceso continuará, Dios mediante, hasta el día del Juicio Final. Son sus vividores, trabajan por la revolución con el convencimiento absoluto de que la revolución no llegará nunca, y nunca por tanto tendrán que ponerse a trabajar de verdad. Tiene el futuro asegurado.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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