¿Abstención? ¡Es Franco, imbéciles!

Manuel Trallero
5 min

Sir Winston Churchill, que era un conservador y un anticomunista a ultranza, cuando le recriminaban su alianza con Stalin durante la Segunda Guerra Mundial respondía que si el mismísimo diablo estuviera dispuesto a luchar contra Hitler, él daría buenas referencias suyas en la Cámara de los Comunes. Viene a cuento porque, por muchas vueltas que le doy, no consigo persuadirme -aunque personalmente no le tenga en muy alta consideración- que el actual presidente del Gobierno español, el señor Pedro Sánchez, sea peor que Stalin. Así que no consigo entender la abstención de los señores Casado y Rivera y sus respectivos grupos parlamentarios al traslado de los restos de Franco desde el Valle de los Caídos.

Es cierto, si ustedes quieren, que se trata de una medida oportunista del actual gobierno socialista empeñado en hacer una política de escaparate, del buen rollo, etc., pero después de cuarenta años de su muerte no creo que a ningún demócrata le pueda parecer inoportuna. Tampoco había ninguna urgencia, pero cualquier momento es bueno para terminar de puñetera vez con esa anomalía con la cual no habían acabado los anteriores gobiernos. Entiendo perfectamente que los partidos de la oposición quieran buscarle las cosquillas, ponerle a caer de un burro e incluso hacer del actual gabinete socialista relleno para empanadillas. Pero no cabe la menor duda de que a sus Señorías no les faltarán oportunidades para llevar a cabo tan loable misión, sin necesidad de hacer el ridículo por un quítame de ahí un máster o ponme un plagio en una tesis doctoral como pantalla para tapar el vergonzoso y bochornoso espectáculo de su abstención.

Me atrevo a decir que para quienes vivimos bajo LA DICTADURA de Franco resulta odioso que a la Transición se la denomine el “régimen del 78”, porque el único régimen que existió era el Régimen por antonomasia, es decir, la Dictadura. Pensar que la permanencia de franquistas en los aparatos del Estado –policía, ejército, jueces, etc.- es una excepcional anomalía española es demostrar una total ignorancia de lo ocurrido tras la Segunda Guerra Mundial en países como Italia, Alemania, Austria o Francia. ¿O alguien se cree que todos los nazis estaban en el juicio de Nüremberg? Ni tampoco se puede considerar que una panda de descerebrados de extrema derecha represente la pervivencia de un franquismo sociológico: ¿acaso persiste el nazismo sociológico en Alemania?

Ahora bien, quienes nos consideramos demócratas sin mayores aspavientos ni pretensiones de convertirnos en salvadores de la patria, y estamos dando el callo en Cataluña denunciando a los independentistas por sus comportamientos fascistas, xenófobos y racistas no podemos aceptar que mientras tanto en el Congreso de los Diputados haya quienes tengan los santos bemoles de pronunciar el “no sabe/no contesta” ante la tumba de un dictador, dejándonos con las posaderas al aire. Para este viaje que no cuenten con un servidor de ustedes. Antes que ser español, soy demócrata, al menos eso creo.

En un libro reciente para analizar las causas y las consecuencias del triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, titulado Cómo mueren las democracias, sus autores, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, dan una serie de recetas para tratar de evitar tal defunción. Una de las medidas para preservarla consiste, según ellos, en que “los políticos deben evitar actos que contribuyan a normalizar o confieran respetabilidad pública a figuras autoritarias”.

Así que, queridas y queridos, al loro.

Artículos anteriores
¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

¿Quiere hacer un comentario?