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Perdonen las molestias

2 de octubre: mentiras para el día después

Manuel Trallero
5 min

Nadie alberga la esperanza de que el próximo domingo sea un punto final, ni siquiera un punto y aparte, como mucho un punto y seguido en el relato de los indepes. Tendrán que repartir nuevos cromos porque los tenemos repe, introducir novedades en la ficción, es decir, otras invenciones que alcancen a fuerza de ser repetidas la categoría de posverdad y así explicar lo que acaecerá este 1 de octubre.

Ni siquiera hace falta la bola de cristal ni ser el Sabio de Badalona, Enric Juliana, de La Vanguardia, para saber que, ocurra lo que ocurra, la independencia de Cataluña habrá ganado la noche del domingo. Los indepes siempre ganan, si no es un pito es una pelota, y sino una muñeca mimosa. Si se celebra la votación, habrán ganado por goleada, y si no se celebra, también. Todo estará dispuesto para una inmediata declaración de independencia u otras elecciones parlamentarias supuestamente plebiscitarias. Lo que más les pida el cuerpo.

Habrá sido una derrota de Rajoy, del Estado y de España porque han perdido, por lo visto, antes de empezar. Tampoco si el referéndum no se celebra o solo un poquito habrán ganado, y además Rajoy no puede ganar de cualquier manera. Los conspicuos analistas le exigen además que haga "jogo bonito". Si se monta un pollo de mucho cuidado, una demostración de fuerza ocupando las calles, con un fin de fiesta acabando todos bailando el mambo, siempre será obra de los provocadores, culpa de la fiscalía y, en último caso, por el despliegue desproporcionado de las fuerzas de seguridad del Estado, al grito de "¡a por ellos, a por ellos!" de unos energúmenos.

Ocurra lo que ocurra, la independencia de Cataluña habrá ganado la noche del domingo. Habrá sido una derrota de Rajoy, del Estado y de España porque han perdido, por lo visto, antes de empezar

Se afirma el disparate de que la actuación del señor Rajoy es una fábrica de hacer independentistas, como si ya no estuvieran todos hechos gracias a la escuela y a la televisión catalana con la inestimable ayuda de la casi totalidad de los medios de comunicación públicos y privados. Menos el cactus de mi terraza, no creo quede ya nadie en Cataluña por convencer de que con lo de la independencia incluso tipos como yo haremos mucho más el amor.

Por lo visto, hay que moverse, no parar ni estarse quieto, y sobre todo dialogar, ha llegado la hora de hacer política después del referéndum, repiten al unísono los periodistas unidos por la próstata y las memorias, el club del seny, y la partida de dominó de los yayoflautas. Eso de que hablando se entiende la gente o de que se puede hablar de todo en ausencia de la violencia es una simple falacia. Los acuerdos, los pactos y las transacciones solo suceden cuando ya no queda más remedio; verbigracia, la Transición española, que se hizo con el miedo metido en el cuerpo. Al diálogo le pasa como a la carne de pollo, que tiene una inmerecida buena fama.

Nadie quiere reconocer lo que todos sabemos: nadie sabe qué hacer. La cuestión catalana, el encaje de Cataluña en España o como diantre quiera llamarlo no se resuelve de la noche a la mañana, ni con paridas de Pedro Sánchez, una versión tuneada del infausto Zapatero, tratando de federalizar algo imposible de federalizar como es España, ni el invento ese del TBO de la nación de nacionesni la España plurinacional con una reforma de la Constitución que pide la chiquillería de Podemos. Nadie tiene la solución sencillamente porque no la hay. Quizás valdría la pena empezar por ahí. Mientras tanto vamos a oír mentiras.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.