El 1 octubre o ¿el inicio del próximo conflicto civil?

Manuel Trallero
4 min

Se ha conmemorado con los fastos propios del caso el primer aniversario del intento de conato de nada o si lo prefieren la celebración de un referéndum de autodeterminación en Cataluña, en que participaron más de dos millones de personas, a pesar de la violencia extrema del Estado, en el que ganó el sí a la independencia de forma abrumadora y de que acto seguido se proclamase la República catalana. No me extraña pues que el presidente Torra califique la jornada como el "Día de la Victoria".

La efeméride recuerda aquel viejo chiste de la extinta Unión Soviética. Un oyente llama a un programa de radio y pregunta al locutor. "¿Es cierto que al camarada Ivanov le ha tocado en un sorteo un coche nuevo?". El locutor responde: "En principio, sí es cierto. Lo que sucede es que no se trata de un coche nuevo, sino de una bicicleta vieja. Y además no se la han regalado, sino que se la han robado".

Tengo un recuerdo imborrable de aquel día. En las proximidades de un colegio en donde se procedía a votar, estaba aparcado un convoy de furgones de la Policía Nacional. Todos los efectivos se acomodaron en los vehículos y emprendieron súbitamente la marcha. Me puse a seguirles. El recorrido fue breve. A poca distancia se detuvieron frente a un parterre. Un numeroso grupo de agentes se encaminaron a toda velocidad a una zona apartada y allí procedieron a solventar una perentoria necesidad fisiológica. Mientras tanto yo me imaginaban la cara que pondría Soraya Sáenz de Santamaría si presenciara la escena.

Un año más tarde y en los prolegómenos de la rememoración de aquella enésima jornada histórica vivida por los catalanes se ha podido comprobar en las calles de Barcelona que las porras de los antidisturbios no tienen patria. Y que lo más parecido a un ministro del Interior del Partido Popular es un consejero de Gobernación de Esquerra Republicana por aquello de que los extremeños se tocan. Estamos pues de celebraciones con los Mossos luciendo su nuevo atuendo, pintarrajeado de colorines para la ocasión, y con un fin de fiesta de una turba que pretende asaltar el Parlamento de Cataluña como quien toma la Bastilla o el Palacio de Invierno. Todo precedido del pregón de las fiestas a cargo del presidente Torra, que ha invitado "a apretar más" por aquello de querer estar en los dos lados de la barricada o cómo ser el próximo concursante del conocido programa La papelera de la historia.

La revolución de las sonrisas ha mutado en "te voy a cortar la cabeza, hijo de puta". Hace un año Cataluña cruzó el Misisipi, se puso el mundo por torera y vive en la otra cara de la luna. Es bien conocido que se empieza por cometer un asesinato y se acaba por no acudir a la iglesia ni respetar el Día del Señor. La grandísima Maruja Torres ya sentenció que cuando estas cosas empiezan ya nadie se acuerda ni del cómo ni del por qué se han iniciado. Solo queda el "a por ellos, a por ellos". No hay ya adversarios, ni contrarios, ni rivales, solo quedan enemigos. Estamos hoy los catalanes más cerca de llegar a las manos que ayer, pero desde luego mucho menos que mañana.

Bienvenidos a la realidad.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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