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Ayer, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias firmaron un pacto de impacto que durará lo que duran los churros de chocolate calientes la madrugada de Año Nuevo, pelados de frío a las seis de la mañana y con una cogorza de padre y muy señor mío. Y más viendo cómo estaban los protagonistas: Iglesias, exultante, y Sánchez, con migraña.

El presidente del Gobierno en funciones dice que el acuerdo es para cuatro años; si son dos, ya puede darse con el canto en los dientes, ya que de noche tendrá pesadillas. Porque a las izquierdas no les pasa como a las derechas, que si sumaran estarían cuatro años gobernando. Los socialistas y comunistas sólo se parecen en lo formal: en el puño izquierdo en alto, el color rojo y la Internacional. Estos dos partidos históricamente se han llevado como el perro y el gato, porque persiguen los mismos electores.

Si Felipe González y José María Aznar mandaran, hubieran acordado un gran pacto como en Alemania entre socialdemócratas y democristianos. En España es más complicado que en Alemania, porque allí estos partidos democráticos habían sufrido el nazismo, pero en España hubo una guerra civil que los nietos tienen muy presente, y también los biznietos, porque esa guerra incivil no ha cicatrizado. González y Aznar no se podían ver por ideología y carácter, pero en estos momentos, ante la más grave crisis territorial que padece España, ambos líderes harían de tripas corazón e irían juntos.

Pero eso hoy es imposible, porque el PP tiene el aliento de Vox en la nuca. Y la evaporación de Albert Rivera, el Breve, que es el gran responsable de una inestabilidad política que sufrirán hasta los serenos; por eso Ciudadanos está muerto.

Intuyo que los separatistas y Vox están de acuerdo en esa maldición de que cuanto peor, mejor (los extremos siempre se juntan: los polos negativos se repelen).

Entiendo que los separatistas se alegran de lo que tan mal le va a España. Pero que no vean un haz de luz de esperanza, porque seguirán estando en la sombra.

La depresión de 2008 le dio a los estelados.

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¿Quién es... Roberto Giménez Gracia?
Roberto Giménez

Durante treinta años ha sido director del Vallés, era el segundo semanario más antiguo de Cataluña, y fue director de Honor de El Vallès del siglo XXI. Ha escrito diez volúmenes de la serie 'Casi treinta años y un día' -en Sant Jordi de 2017 se publicó el último: 'Mis Enemigos Íntimos'-. Son las memorias del director del semanario comarcal más leído en Cataluña, que desapareció seis meses después de que lo dejara. Cada Sant Jordi publica una edición de 100 ejemplares que se agotan el mismo día. ¿Por qué no hace más? "Son para mis amigos", responde. Retirado antes de tiempo, con 55 años, por culpa de una bala traidora en la médula... También se le puede seguir en Facebook -cada día laborable publica 'La libreta azul'- y en Twitter. No es el capitán Araña. Sus amigos dicen que es honesto y leal, pero eso se lo dicen porque son sus amigos. Para entrar en su cofradía exige Derecho de Admisión. Vale quien sirve, pero no sirve cualquiera.