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Pedro Sánchez vende humo a un país colapsado

Gonzalo Baratech
6 min

El jefe del Gobierno anunció esta semana un presunto plan de ayudas de 11.000 millones de euros para empresas, pymes y trabajadores autónomos. No ofreció más datos. Se limitó a lanzar la idea con sus habituales gestos de grandilocuencia. De paso, auguró por enésima vez que ya tenemos a la vista la ansiada recuperación económica. Al parecer nadie la vislumbra, salvo él mismo.

Sánchez se abstuvo de facilitar los pormenores de su fabuloso programa por una potísima razón, esto es, que tal programa no existe en realidad. Se trata del mero bosquejo de un proyecto que circula por los vericuetos del Ministerio de Economía. Al día de hoy no está definido el formato ni está escrita la letra pequeña con el detalle de las salvaguardas previstas y las condiciones para acceder a ellas.

En definitiva, las declaraciones de Pedro Sánchez son simple humo, un brindis al sol más de los que el aparato gubernamental de propaganda larga cada dos por tres, para solaz del factótum que sestea en la Moncloa.

Tras casi un año de pandemia y restricciones sin cuento, los gremios y asociaciones pregonan ahora que multitud de empresas se hallan al límite de sus posibilidades de supervivencia. Avisan también de que la mitad de los trabajadores por cuenta propia no llegarán a final de año y se plantean cerrar su negocio.

Para nadie es un secreto que las arcas empresariales están exhaustas. Sólo el comercio y la hostelería cifran sus necesidades pecuniarias en no menos de 12.500 millones.

Entre tanto, otra grave amenaza se cierne sobre el tejido productivo del país. Ocurre que dentro de pocas semanas vence la espera de un año concedida a las empresas deudoras del Instituto de Crédito Oficial. El importe de los préstamos asciende a la astronómica cantidad de 100.000 millones. Cuando llegue el momento del reintegro, son innumerables las compañías que tropezarán con serias dificultades para desembolsarlos. Por tanto no tendrán otro remedio que solicitar una extensión del periodo de carencia durante un año más. O sea, la consabida patada hacia adelante.

Desde los ámbitos del Ejecutivo ya han comenzado a “filtrar” la especie de que se piensa otorgar quitas a los saldos pendientes. Abundan los convencidos de que sólo con tamaña condonación se podrá evitar el estallido de una andanada de insolvencias sin fin.

En contraste con lo reseñando, lo que sí funciona a todo trapo es el Fondo de Apoyo a la Solvencia de Empresas Estratégicas. Este instrumento de socorro está dotado con 10.000 millones. Cualquier compañía puede pedirle asistencia, con un mínimo de 25 millones. Si es aprobada, recibirán préstamos, bien sea directos, bien sea convertibles en acciones. En este último supuesto, el Estado --es decir, el conjunto de los contribuyentes--, pasará a devenir accionista de una colección inmensa de firmas tambaleantes.

Pedro Sánchez puso en marcha ese pomposo fondo el pasado mes de julio. Al principio, pocas corporaciones se atrevieron a pasar por las horcas caudinas de implorar el auxilio estatal. Pero la crisis del virus aprieta cada vez más. Y en las últimas semanas, una tromba de solicitudes ha colapsado las ventanillas oficiales.

Las instancias de más bulto corresponden a la aerolínea Air Europa con 475 millones, la siderúrgica Celsa con 350, las agencias de viajes Avoris y Globalia con 320, el gigante hotelero Hotusa con casi 200 y Tubos Reunidos, con 115 millones. Otros botones de muestra, con cantidades inferiores, son el turoperador Wamos con 75, la transportista Julià con 37, la casa de cambio de divisas Global Exchange con 35 y el consorcio turístico y de distribución alimentaria Serhs con 28.

Todas esas entidades están incursas en riesgo palpable de suspensión de pagos. Para ellas, las anheladas inyecciones dinerarias significan ganar tiempo, a la espera de que amaine la devastadora borrasca del Covid.

Pero la contrapartida que han de afrontar es peliaguda. Entraña la entrada del sector público en sus capitales y en sus consejos de administración. O sea, acarrea una mengua sensible de la libertad e independencia que hasta ahora vienen disfrutando.

No hay precedentes de algo parecido. Por tanto, todavía es pronto para calibrar la bondad o la maldad del plan sanchista. Mentes agoreras temen que desemboque finalmente en una ristra infernal de quiebras. En tal caso, la factura del desastre correrá, como de costumbre, a cargo del conjunto de los contribuyentes españoles. O sea que los ciudadanos del común, tras de cornudos, apaleados. Nada nuevo bajo el sol.

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¿Quién es... Gonzalo Baratech?
Gonzalo Baratech

Baratech forma parte de una estirpe periodística catalana de larga tradición. Licenciado en Administración de Empresas por la European University y máster en Social Media Branding & Digital Strategy por La Salle-Universidad Ramón Llull, es coautor del libro Mas-Colell, el ‘minessoto’ que fracasó en política, de reciente publicación. Ha colaborado en Economía Digital y con anterioridad en La Vanguardia Digital y el diario Avui.