Un país roto... económicamente

Rosa Cullell
09.02.2021
6 min

Desayunaba con dos empresarios catalanes cuando saltó un aviso en mi teléfono. “La Administración no contratará a las empresas del Ibex 35”. La declaración no era de un cualquiera, sino de la presidenciable de Junts per Catalunya, Laura Borrás. Les leí el texto y ambos caballeros levantaron los ojos, como pidiendo clemencia al cielo. “O sea que, el 15F, continuará la gresca”, resumió uno de los empresarios. 

El anuncio fue uno de los pocos titulares económicos que han saltado durante la campaña electoral catalana, centrada, como las anteriores, en promesas de quién hará antes la independencia. Piensan que les basta el patriotismo para conseguir votos y puede que estén en lo cierto. Si el voto masivo constitucionalista o el sentido común no lo impide, Cataluña formará otro Gobierno de patriotas que iniciará un nuevo “procés” cueste el dinero que cueste.

La economía es lo de menos dentro de esta campaña del 14F. Y, cuando se ponen a hablar o anuncian medidas, es peor. Parecen ocurrencias salidas del twitter. Ningún plan para la recuperación, ningún pacto político que lo propicie. Tras años de estancamiento, siguen sin negociar con las patronales y los sindicatos un plan para mejorar el empleo y los salarios. Sólo escuchamos eslóganes que minan la confianza y la estabilidad que necesita el dinero.

El covid no sabe de “nuestros” y “suyos”. El pasado 2020 fue malo para todos, pero Cataluña siguió creciendo menos que Madrid y que otras comunidades; también pierde más puestos de trabajo. No es la capitalidad --implantada hace siglos--, tampoco los cupos --de hace décadas-- las razones son otras. El “sorpasso” empezó en 2017, tras el referéndum de independencia. Ahora, en medio de una pandemia, la campaña del independentismo continúa apoyándose en la épica. Pasan por encima de la grave crisis a la que nos enfrentamos, acusan al 155 hasta del paro y olvidan que las empresas que se fueron tras el referéndum no han vuelto.

Se ha hablado durante los últimos años de la ruptura social, de la división del país entre catalanes independentistas y constitucionalistas, pero “la década pérdida” a la que alude el socialista Salvador Illa es también un período de ruptura económica. Desde principios de siglo, "la producción de Cataluña se ha estancado": sigue anclada en el 19% del PIB español.  Mientras, Madrid ha pasado del 17,7% en el año 2000 al 19,3% en 2019. En PIB per cápita, ha bajado a la cuarta posición, situándose por detrás de País Vasco y Navarra. Y Aragón o Valencia --sin cupos ni capitalidad--se acercan, siguen creciendo.

Se puede ser republicano o no, de izquierdas, de derechas, independentista o centralista, pero cuando se gobierna en un país europeo no se pueden contradecir las reglas de la economía. Cabe aumentar el gasto público, apostar por una sociedad más igualitaria, incluso del bienestar, pero asustando al dinero no se consigue nada de ello. Los emprendedores buscan lugares con menos carga fiscal, estabilidad jurídica y gobiernos que apoyen a las empresas y a los ahorradores.

Si los herederos de Puigdemont vuelven a ser protagonistas de un gobierno exclusivamente independentista, el anunciado veto a las sociedades del Ibex dejaría fuera de los concursos públicos a los siete grupos catalanes que forman parte del índice de referencia: La Caixa, Banc de Sabadell, Cellnex, Colonial, Grifols y Naturgy.  Los supuestos herederos del más burgués de los partidos, de Convergència, optan por dejar de ser “business friendly”, como acuñó en su tiempo Artur Mas. Quizás por eso, Mas apoya ahora al PDECat, el nacionalismo conservador que intenta levantar cabeza. Tienen como ejemplo el éxito del PNV, que ha priorizado el bienestar de los ciudadanos por encima de las banderas.

Las decisiones sobre impuestos tomadas por el Gobierno catalán no ayudan a atraer capital. Cataluña es una de las comunidades con más carga fiscal de Europa; los impuestos cedidos por el Estado han llegado al límite. La última gran idea fue aumentar, en pleno Covid 2020, los impuestos de sucesiones y donaciones, los que más afectan a la empresa familiar y al ahorrador de toda una vida.

La Cataluña industrial, esa que despertó y creció en la primera fase de la Revolución Industrial en Europa, se ha ido empequeñeciendo. Puede que ese espíritu del industrial sea sustituido por el de los innovadores y las starts-ups. Pero no se puede crecer despreciando a las grandes sociedades, a los centros financieros, a los sectores inmobiliarios y turísticos o a los fondos de inversión. Ante la mostrada falta de interés de los políticos por el bolsillo de sus votantes, el próximo lunes los catalanes seguirán en un país que, económicamente, se está rompiendo.

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¿Quién es... Rosa Cullell?
Rosa Cullell

Rosa Cullell es periodista. Trabajó como periodista en Mundo Diario, BBC (International Services-London) y El País. Durante su trayectoria profesional ha sido directora general Adjunta Ejecutiva de la Caixa, directora general del Liceu, directora de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales y Consejera Delegada del grupo de comunicación portugués Media Capital.