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Oriol está triste, ¿qué le pasa a Junqueras?

Roberto Giménez

por Roberto Giménez

14.02.2016
6 min

En política, el lenguaje no verbal es tan importante como el verbal, si no más. Habitualmente, las palabras de un profesional de la política son correctas. Por fortuna, no tenemos un Trump en nuestras vidas (espero que no gane las elecciones de noviembre porque, si gana, sí lo tendremos, y entonces ya podremos reírnos de lo que hoy padecemos, porque nuestros problemas serán globales y peores).

A principio del verano de 2014, cuando por la tele veía a Jordi Pujol, me transmitía una impresión de pesadumbre. En los actos públicos a los que asistía su camarilla tenía una sonrisa 'profident', pero a él se le veía acongojado. Algo tenía en la cabeza o una mala digestión en el estómago.

Pujol parecía el único consciente de que el terreno que estaba pisando su CDC estaba minado con bombas de trilita que iban a despanzurrar a su partido y, a lo peor, hasta la autonomía

Ingenuo de mí, pensaba que, entre tanta sonrisa 'profident', era el único consciente de que en esa fiesta de palabras altisonantes como machetes hacían una trocha en la selva española en busca de la ansiada Llibertat; que con trompetas anuncia el vividor Miquel Calzada Mikimoto en sus viajes a nuevos Estados las noches de domingo por TV3.

Él [Jordi Pujol] parecía el único consciente de que el terreno que estaba pisando su CDC estaba minado con bombas de trilita que iban a despanzurrar a su partido y, a lo peor, hasta la autonomía, si se cumplían los peores presagios, con la aplicación de la espada de Damocles afilada en la fragua de la calle Constitución Vulcano artículo Principal número 155.

Creía que era por eso, pero no era sólo eso sino, en lo personal, algo aún más grave que iba a destruir su escultura de un dios menor esculpida pacientemente por él mismo durante toda una vida, en teoría, al servicio de Cataluña. El día de Santiago, patrón de España, el apóstol celoso echó de la peana al hombre que se sentía protegido por la mano de Dios...

Pero también creo que esa enigmática seriedad era hija de la intuición (Pujol es todo menos bobo) de que la ruptura con la legalidad constitucional que proclaman sus sucesores de la Fábrica JNC podía acabar en una hecatombe. La confesión lo era para su legado personal, pero las declaraciones del converso Mas y sus heraldos de la Fábrica, también lo eran para su legado político.

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La misma sensación tengo con Junqueras desde el día en que se invistió a Carles Puigdemont, alias Antoñita (ver 'Puigdemont, la versión catalana de Antoñita la Fantástica'), como Molt Honorable President de la Generalitat.

De todos es sabido que en la grada y a la sombra se está mucho más relajado que en un albero con ganas de sangre. Junqueras tiene holgada hechura como para que le coja una buena cornamenta

Igual que en el caso de JP, puede ser por dos motivos: Oriol o bien está celoso por no tener el sitial al que aspiraba, temiendo que el espontáneo Puigdemont pueda salir con ínfulas de líder con tupé caído, o bien porque asumir la responsabilidad de las finanzas provoca al historiador noches de insomnio. De todos es sabido que en la grada y a la sombra se está mucho más relajado que en un albero con ganas de sangre. Junqueras tiene holgada hechura como para que le coja una buena cornamenta.

Claro que está armado con algo más que un broquel; tiene un escudo de alta protección alegando que es un preso en las mazmorras de Paseo de la Castellana 162, sede el Ministerio de Economía o el de Hacienda, tanto da. Sea quien sea el futuro titular continuará siendo un Montoro torturador que con sus tenazas tiene la orden de la Moncloa de ahogar financieramente a Cataluña.

Este discurso que hasta la saciedad usó el ex Mas no fue excusa para que los fanáticos de la CUP le dieran el pasaporte con destino al Palau Robert, el palacio de invierno de la ciudad condal.

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En el siglo XVI, Erasmo de Rotterdam escribió un libro clásico que cinco siglos después continúa vigente: 'Elogio de la locura'. El meollo de ese tratado del maestro de Carlos I, el mejor emperador que ha tenido España, es que la mayor felicidad es la que se basa en la ilusión, ya que cuesta menos; es más fácil imaginarse que se es rey, que ser rey en realidad, como resumió el pensador Bertrand Rusell en su 'Historia de la filosofía occidental' recordando al maestro del Emperador.

Es más fácil imaginarse que se es el presidente de la Republica de Cataluña que serlo en realidad

Para que no se me ofenda Junqueras enmendaré la plana al filósofo británico y diré del 'Elogio de la locura' que es más fácil imaginarse que se es el presidente de la Republica de Cataluña que serlo en realidad.

Mal que le pese al vividor Mikimoto.

PD: Este artículo fue escrito el pasado domingo, esa semana el prestigioso Alfredo Pastor, doctor en Ciencias Económicas, dijo en el IESE que el proyecto de Junqueras responde "al sueño propio de su estado de ánimo". Vamos, que no le he copiado, pero lo suscribo.

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