Las oportunidades económicas perdidas en Cataluña

Gonzalo Bernardos
9 min

En numerosos comicios, la economía ha decantado la balanza hacia uno u otro candidato. Por regla general, un elevado incremento del PIB y una gran creación de empleo son los mejores aliados del gobernante que aspira a ser reelegido. En cambio, una profunda crisis se convierte en su peor enemigo.

Los precedentes históricos son abundantes. Una ligera recesión y un eslogan electoral impactante, La economía, estupido) permitieron a Clinton desbancar a G. H. Bush en 1992. Un gran auge y la entrada de España en la zona euro proporcionaron una mayoría absoluta a Aznar en el 2000. El recorte del Estado del Bienestar realizado por Schröder, cuyo objetivo era reducir el déficit público, permitió a Merkel ganar sus primeras elecciones en 2005.

Desde 2012, el año en que oficialmente se inició el procés, la economía en Cataluña ha tenido una escasa importancia. No obstante, la penalización de los votantes sobre los partidos gobernantes ha sido nula. En las elecciones autonómicas, las formaciones con mejores resultados generalmente han sido las que han apelado a los sentimientos de los ciudadanos y les han hecho emocionar con sus propuestas. El resultado es un agudo declive.

En 2018, el PIB de Madrid superó al de Cataluña, a pesar de que la primera comunidad tenía 939.000 habitantes menos. Lo seguirá haciendo en 2021. En los últimos tres años, el saldo migratorio entre autonomías ha sido negativo en Cataluña, una característica solo compartida con el País Vasco, Ceuta y Melilla. En el mismo período, la inversión extranjera directa en el territorio catalán no ha llegado al 15% de la realizada en España, situándose en 2018 solo en el 6,5%.

Desde mi perspectiva, a pesar de la elocuencia de los números, lo más indignante son las oportunidades pérdidas durante los últimos años. Las responsabilidades son compartidas entre Generalitat y Ayuntamiento de Barcelona, pues el partido de la alcaldesa defiende claramente el decrecimiento económico. Las principales son las siguientes:

1) Infraestructuras: la ampliación del aeropuerto de El Prat. Tenía dos grandes objetivos: la creación de un hub de vuelos intercontinentales e impedir el colapso de la instalación en los próximos años, pues en 2019 la capacidad utilizada ascendió al 95,8%. Contaba con el pleno respaldo de la sociedad civil y nadie dudaba de los grandes beneficios que proporcionaría en materia de generación de riqueza, creación de empleo y atracción de turistas e inversores.

No obstante, Esquerra Republicana ha valorado más la conservación de una parte de los humedales del Delta de Llobregat próximos al aeropuerto (47 hectáreas) que las anteriores repercusiones económicas. Incluso ha descartado sustituir el anterior espacio por la protección de otro mucho más extenso (280 hectáreas) ubicado en el mismo Delta.

En décadas anteriores, si se hubiera aplicado el mismo criterio, ni el puerto de Barcelona se hubiera ampliado (1998) ni habría tercera pista en el aeropuerto (2002). En el primer caso fue imprescindible desplazar el río hacia el sur; en el segundo, destruir parcialmente el humedal cuya conservación en la actualidad es una prioridad.

2) Instituciones: la Agencia Europea del Medicamento (AEM). La salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) obligó a reubicar las agencias situadas en dicho país. Una de ellas era la AEM, a la que Barcelona optó por acoger. En el primer sondeo entre los trabajadores, la capital catalana apareció como el destino más atractivo.

La decisión del traslado se adoptó en noviembre de 2017. Un mes después de la declaración de independencia y en un contexto de gran inestabilidad política en Cataluña. Barcelona fue eliminada en la primera vuelta, pues no tenía mucho sentido conceder una sede a una ciudad que próximamente podía dejar de formar parte de la UE.

La ciudad perdía una institución con un presupuesto superior a 300 millones de euros anuales, una plantilla de 890 empleados y la visita cada año de 35.000 profesionales del sector farmacéutico. También le impedía obtener externalidades positivas sobre la industria local, pues una parte de las empresas más grandes suele instalar algunas de sus sedes en las urbes donde está ubicado el regulador de su actividad.

3) Cultura: el Museo Hermitage. El Hermitage no es un museo cualquiera, sino una de las marcas culturales más prestigiosa del mundo. Quería instalarse en Barcelona por la gran afluencia de turistas que tiene la ciudad y buscaba una ubicación que fomentara la visita de aquellos. Ésta era la bocana norte del puerto de Barcelona, con una gran proximidad a la terminal de cruceros.

Ada Colau se opuso frontalmente a su instalación en el lugar elegido. La principal excusa fue una gran concentración de turistas en la parte baja de la ciudad. En lugar de ofrecerle todo tipo de facilidades como hizo Bilbao con el Guggenheim y Málaga con 31 (captados o creados en los últimos 25 años) de los 40 que posee, les puso numerosas dificultades. La cultura también puede ser un buen negocio y no es malo que el Hermitage consiga hacerlo en Barcelona, si su llegada contribuye a mejorar la oferta cultural de la ciudad.

4) Energías renovables: un considerable retraso. El acuerdo de gobierno entre ERC y Junts per Catalunya comporta una moratoria encubierta a la construcción de grandes instalaciones productoras de energías renovables. Una situación que hace que llueva sobre mojado porque entre 2009 y 2018 solo se instaló un único molino de viento en el territorio catalán, debido en gran parte a una legislación excesivamente restrictiva (Decreto 147/2009).

La excusa es que dichas instalaciones perjudican a las actividades agrícolas y ganaderas y favorecen los intereses de los grandes inversores. La realidad es que quieren contentar a la CUP para lograr su apoyo a las distintas iniciativas que el ejecutivo presente en el Parlament. El resultado es desolador, pues mientras en 2019 la energía eólica y fotovoltaica en Cataluña únicamente satisfacía al 7% de la demanda, en el conjunto de España lo hacía al 28,3%.

5) Industria automovilística: no hay relevo. En 2020, Nissan decidió cerrar sus plantas en Cataluña y, hasta el momento, ninguna otra empresa ha ocupado su lugar. En el mejor de los casos, puede llegar un fábrica de baterías, más por interés del gobierno central que del autonómico.

La salida de la empresa japonesa era un desenlace anunciado, pues el número de vehículos fabricados en su principal instalación era sustancialmente inferior a su capacidad productiva  (solo utilizó el 44,3% en 2018) y la compañía tenía desde hace años un exceso de plantas. A pesar de ello, nadie hizo nada relevante para buscar una empresa que la sustituyera.

En definitiva, si la actual intensidad del declive continúa en los próximos años, muchos de nosotros veremos emigrar a nuestros hijos para buscar un futuro mejor. Es lo que puede suceder si una gran parte de los ciudadanos vota con el corazón, da más importancia a las propuestas simbólicas que a las pragmáticas y continúa confiando en unos dirigentes que han dado múltiples muestras de su incompetencia.

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¿Quién es... Gonzalo Bernardos?
Gonzalo Bernardos

Profesor titular de Economía de la Universidad de Barcelona, y vicerrector de Economía entre enero de 2010 y octubre de 2012, he escrito 32 libros o grandes informes, entre los que destacan La gran mentira de la economía (Ed. Destino), ¿Cómo invertir con éxito en el mercado inmobiliario? (Ed. Netbiblo) y Economía (libro de 1º de bachillerato de la Ed. Barcanova). Tengo un gran problema y una gran virtud. Es la misma. Soy muy sincero, pienso lo que digo y digo lo que pienso, tanto delante como detrás. No necesito quedar bien con nadie, excepto con mi mujer, con mis hijos y conmigo mismo. Lo notarás en mis artículos.