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Odio y autodestrucción

Manuel Peña Díaz
6 min

Es difícil comprender el odio de una o un independentista hacia cualquier objeto o ser animado que les recuerde España o lo español. A los propagandistas del régimen republicanista autosuspendido no les importa que los hechos se inventen o se adapten, con tal de que la ficción alcance el mayor grado de realismo posible.

Decía el inolvidable y añorado Fernando Morán que para entender el enigma sobre como el reino de la fantasía se subsume al de las cosas cotidianas, nada mejor que leer a Borges. Un ejemplo. En Emma Zunz el escritor argentino relata la historia de una joven que venga la muerte de su padre, que se había suicidado tras la ruina a la que le había llevado la traición de un socio. Emma se deja violar por un marinero desconocido y consigue matar al traidor para acusarlo después del acto, fue en defensa propia diría ella. Borges acababa el cuento reconociendo la falsedad que había en los hechos y en los individuos, y la certeza que tenían los sentimientos de la muchacha: “La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios”.

Hay que reconocer el éxito del enredo al que los líderes independentistas condujeron a las fuerzas policiales el 1-O, lo hicieron con ingenio y con disimulo

Cualquier sujeto atrapado en un discurso, construido sobre unos hechos parciales y unos cuantos nombres, es muy difícil que tome conciencia de la falsedad que sustenta su razonamiento. Por ejemplo, la tramoya del 1-O se ha convertido en punto de partida y en lección de historia. Hay que reconocer el éxito del enredo al que condujeron a las fuerzas policiales, lo hicieron con ingenio y con disimulo. En el conjunto de dispositivos que utilizaron los líderes independentistas, los votantes fueron uno más dentro de la teatralidad democrática que se representó durante unas horas. Ni siquiera fue necesario cumplir con la jornada electoral en el Cottolengo, hubiera recordado Italo Calvino.

El principal objeto de aquella representación no era ejercer el derecho a votar --ya reconocido--, sino ocultar el fraude democrático mediante una enorme proyección de antipatía y aversión hacia todos aquellos elementos que se pudieran relacionar con España. Hasta aquí todo es más que comprensible y sabido. Pero ¿qué hay detrás de la apariencia de la ficción realista de un Estado represor y demofóbico? Son muchos los que se preguntan por qué ese profundo odio hacia lo español se ha extendido con tanta intensidad entre centenares de miles de catalanes. Los argumentos pilarraholianos de pueblo oprimido son falsos, además de histriónicos y ridículos; sin embargo, hay que reconocer que tienen su propia lógica, a la vista de sus numerosísimos fieles.

En su cuento, Borges dio una explicación, entre líneas, al éxito de la convincente Emma, a la causa de su comportamiento y al por qué de su premeditada falsedad y manipulación. En realidad ella no fue violada sino que usó al marinero para su propósito perverso: “Ella sirvió para el goce y él para la justicia”. Pero había una realidad primigenia e interiorizada más inquietante, escondía una pesadilla, pensó “que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían”. El fundamento de su odio hacia el otro no era la maldad ajena, sino su propia perversión y su inclinación hacia la autodestrucción.

Los nacionalistas y sus cómplices construyen la realidad como consecuencia de sus experiencias y expectaciones previas

¿Cómo explicar la solidaridad que despierta el movimiento xenófobo y supremacista catalán entre la autodenominada izquierda española? El punto de intersección entre unos y otros no puede ser el odio a España sino sus respectivas tendencias autodestructivas. El objetivo de estos fenómenos psico-políticos es reducir a pedazos el “régimen del 78” y aniquilar la actual España franquista. Una excusa.

Cualquier mente --de izquierdas o de derechas, tanto da-- con un cierto equilibrio (seny) comprenderá que esos imaginarios enemigos no son gigantes sino molinos de viento. De ahí que uno de los gritos preferidos de los independentistas (“prensa española manipuladora”) lo repitan una y otra vez para negarse a sí mismos la evidencia. Los nacionalistas y sus cómplices construyen la realidad como consecuencia de sus experiencias y expectaciones previas. Y ansiosos como están por protagonizar su propia novela, no piensan en ahorrar daños, ni siquiera su propia y caprichosa autodestrucción (rauxa), con la que tanto están disfrutando. Los demás les importamos muy poco.

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¿Quién es... Manuel Peña Díaz?
Manuel Peña Díaz

Historiador y profesor universitario, autor de Una Historia no oficial de Cataluña (2019).