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Tranquilidad catalana

Carles Enric
5 min

Las vidas estresantes son siempre interesantes. Hay dos tipos de personajes en esa lid. Por un lado, los que creemos estar acostumbramos. Creemos manejar bien en la extrema tensión. Debemos decir siempre 'creemos' porque uno nunca sabe, a ciencia cierta, si ha manejado bien una situación extrema. Seguramente esa es su gran gracia. Por otro lado, tenemos a los que en su vida han sabido hacerlo. Huyen. Se refugian. Patalean. Y, al final, llaman a alguien para arreglarles el marrón. Su fin en la vida no es arreglar situaciones complejas sino simplemente llamar la atención sobre su vida aburrida.

Ya me dirán qué patán de asesor le invita a escribir semejante vomitada de estupideces en prosa en un diario deportivo

El enfoque de ambos también es diferente. Algunos gestionamos problemas cuando tocan, no los huimos cuando aparecen, pero intentamos alejarnos si podemos preverlos. Las situaciones complicadas, aún bien gestionadas, siempre dejan ese regusto amargo de la incompleta satisfacción de todas las partes. Curiosamente, en esa división humana de la gestión de problemas, los otros no sólo rehúyen buscar soluciones sino que, a veces, crean escenarios para complicarse aún más su amarga gestión. Su fin no es la gestión de un problema sino figurar. Hacerse notar. Hablar cuando no toca. Viajar para aparentar estar presentes. Simplemente, quieren se hable de ellos.

Esta historia viene a cuento de la 'última columna' de Puigdemont, aquel del que no recuerdo nunca su nombre, sobre el fallecido Johan Cruyff en el diario Sport. Una columna exprés, según el propio medio. Desconozco cómo se ha gestionado. Aunque, la verdad, es un ataque a la inteligencia mínima propia de una persona acomplejada que necesita hablar de lo que sea, cuando sea y como sea. Tristemente, una función que no cuadra con un presidente de la Generalitat. Supongo que por eso, entre otras cosas, nunca fue el primero de la lista al Parlament.

Ya me dirán qué patán de asesor --porque el tipo debe tener asesores-- le invita a escribir semejante vomitada de estupideces en prosa en un diario deportivo. Frases para la posteridad, impropias de un presidente de 'país', sobre Cruyff como: "Contribuyó a cambiar la manera de ser de los catalanes. Su gran virtud fue abrirnos los ojos y demostrarnos que podemos ganar, no solo deportivamente, sino como país". Aunque su desvarío continúa: "Los valores de su carrera deportiva y personal son ampliamente compartidos por una sociedad catalana que hoy tiene fijados horizontes ambiciosos".

La manía de Puigdemont de unificar Cataluña en base a un ideario es muy peligrosa. Quizás debería recordar que no todos pensamos igual

La manía de Puigdemont de unificar Cataluña en base a un ideario es muy peligrosa. Quizás debería recordar que no todos pensamos igual. Pero, ya ven, el president sigue esa tradición unificadora altamente ligada a movimientos totalitarios. Escribe, no por ser periodista, menos filólogo, sino simplemente porque cree que a alguien le interesa su opinión sobre alguien a quien seguramente ni conoció. El personaje se ha quedado ciego de poder en apenas unos días. A diferencia de Artur Mas, siempre fiel a su amo, que abrazó la locura del poder al cabo de unos años. Puigdemont recuerda aquella forma de llamar la atención tan común en la adolescencia. En cualquier pollo, en cualquier tema, debe aparecer Puigdemont, aunque pinte poco o nada.

Además, esa sensación de querer participar en todo dice muy poco de su vida. Es aquel tipo de gente siempre rodeada de personas pero bien sola. Ya saben, aquellas que organizan mil actos, mil historias, simplemente por no saber vivir su soledad. Lo cual para un particular, como ahora Mas, ya sería enfermizo, pero para un presidente de la Generalitat es un hecho muy grave. La tranquilidad en la vida es necesaria. Uno debe siempre buscar sus momentos de relajamiento. Encontrar ese momento vital donde todo se pare.

Incluso los que tenemos, o creemos tener, vidas estresantes gozamos con un simple silencio o una simple gin tonic en buena compañía. Pero otros necesitan siempre hacer algo, o fingir hacer algo, para demostrar que siguen vivos. Por eso, es un triste destino cuando alguien es incapaz de gestionar su propia vida tranquila. Quizás algunos no pidamos mucho, pero quizás, inisto en el adverbio, sería positivo que por primera vez en años algún presidente tuviera una vida normal. Una vida como la de cualquiera de nosotros. Porque para actores, figurantes, solitarios, extraños filólogos, periodistas subvencionados y gente, en definitiva, de la famiglia catalana, hubiera bastado una serie de TV3. Que esos sí tienen tranquilidad catalana.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.