La seguridad de Puigdemont

Carles Enric
4 min

Una de las pautas de esta columna es intentar explicar historias para que los lectores puedan sacar sus conclusiones. No intentamos convencer y mucho menos dar ideas. Simplemente recogemos esas conversaciones que surgen a la luz de las estrellas y las plasmamos para que cada cual pueda interpretarlas a su manera. En la Cataluña independentista todos piensan igual; por suerte, en la Cataluña de los demócratas cada uno tenemos nuestra propia opinión.

Quien ha gestionado información sensible en situaciones complejas sabe que una de las premisas de los servicios de "asesoramiento", llamados por otros cloacas, es ofrecer a aquel que decide todas las opciones por más inverosímiles que parezcan. Cataluña, y por ende España, no son una excepción en el funcionamiento informativo de las cloacas. Ofrecer las máximas alternativas no significa aprobarlas, sino simplemente --algo a veces más difícil de entender-- valorarlas.

Hubo un día, hace muchos meses, en que comentamos que Carles Puigdemont estaría más seguro en una prisión española que dando la vuelta a Europa. Jugar al poker con profesionales tiene el inconveniente de que cuando vas de farol eres fácilmente detectable. Cuando, además, vas de farol en varias partidas simultáneas con gente de todo tipo de calaña, eso se convierte en sí mismo en un peligro. Una máxima de la información es que, cuanto más público es un personaje, más seguro puede estar en un entorno abierto. Cuanto menos importante, menos seguro.

En ese sentido, la importancia de Puigdemont en el ajedrez catalán de los últimos meses le ha dado una seguridad innata. Todo perfecto, hasta hace pocas semanas cuando, con el cambio de ciclo, desde su propio entorno se solicitó la presencia de cuerpos de seguridad con el fin de proteger al expresidente y evitarle más riesgos. Su entorno es bien consciente de que la degradación de su discurso unido a su declive informativo le convierte en una presa fácil para cualquier oponente.

Que nadie piense que esto funciona de la forma clásica. La sibilinidad de los tiempos también ha llegado a la información. Eliminar a un personaje público no es tan simple. Debe cerciorarse un escenario donde esa desaparición sirva como nexo de un discurso potente. Recordemos algunos casos de la oposición a Putin. Aquí ya nadie muere de un tiro. El escenario es tan importante como el acto. No es lo mismo aparecer en una vía de tren que en una habitación rodeado de lujuria y droga sobre las mesitas. Los escenarios son claves, necesarios de pensar, pero sobre todo de presentar.

En toda esta reflexión hablando de Putin, Puigdemont, los amigos, los enemigos, debemos también valorar que la clave, como hemos dicho, es que, cuando alguien reduce su presencia pública, aumenta su riesgo. En la antigüedad incluso la previa era difuminar a un personaje en el destierro. En fin, como esto va de pensar individualmente, simplemente debemos recordar que el lugar más seguro para Puigdemont es una cárcel española. Y una moraleja final: no todos sus amigos son tan inocentes como los servicios españoles.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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