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Puigdemont y la maldita hemeroteca

Carles Enric
5 min

Fue el 3 de marzo de 2003. En el diario El Punt de Girona se desgranaba un perfil de Carles Puigdemont. En aquel momento ya era director de la Casa de Cultura de Girona. Tiempo atrás había llegado a ser redactor jefe en ese mismo medio. Era un personaje reconocido y reconocible en esa capital catalana. Su perfil trazado en su ya ex diario decía literalmente: "Con estudios de filología catalana, de humanidades, postgrados en gestión y periodismo electrónico. Carles Puigdemont ha acabado siendo uno de los más grandes especialistas de naciones sin Estado".

Hay tantos datos oscuros o inconexos en la vida de Puigdemont que uno tiene la sensación de que es como un pozo sin fondo

Personalmente me sorprende que sus propios ex compañeros desconocieran que Puigdemont era un bachiller. Desconocieran porque, como es sabido, un postgrado solo puede hacerse con un título universitario detrás. Por lo tanto, consideraba el autor del perfil que los estudios de filología y humanidades de su antiguo mentor habían acabado de forma exitosa. Como avanzamos hace días, un dato falso. Hasta el propio president Puigdemont lo confirmó en sede parlamentaria. Ya saben, todos, reitero todos, los diarios de Cataluña, España, y alguno incluso extranjero dieron por finalizados esos estudios de filología. Una gran mentira curiosamente unísona en toda la prensa. Por cierto, sorprendentemente verosímil mientras fue diputado o alcalde de Girona.

Pero la hemeroteca es maldita para las mentiras de patas cortas. Es cuanto menos curioso que el propio diario donde el hoy presidente ejerciera de redactor jefe elevara sus estudios a la licenciatura. Pero hay tantos datos oscuros o inconexos en la vida de Puigdemont que uno tiene la sensación de que es como un pozo sin fondo. Muchas fechas bailan, muchos vacíos. Suma perfecta para un escenario burlesco. Ideal para la búsqueda profunda en hemerotecas. Al final, uno vive, olvida, pero los recuerdos siempre pueden quedar por escrito. No se los lleva el viento.

Un detalle más para sumar. En el Parlament explicó su grave accidente de coche de 1983. Indicó que su convalecencia le obligó a dejar los estudios. Casi le faltaban lágrimas en los ojos. Lástima que no recordó que en 2011 explicaba otra versión, dígamos menos sentimental: "Ante la 'posibilidad de crecimiento del diario [El Punt] tuve la obligación (sic) de dejar los estudios [de filología]. Como tenía clara mi vocación, no me suposo un grave problema". Ya ven, en el Parlament explicó su abandono de los estudios por un accidente. Años antes, más relajado explicó que fue "por apostar por el diario". Respetable, claro, qué vamos a decir.

Carles Puigdemont va a dar mucho juego. Lástima que tengamos una oposición incapaz de verlo

Carles Puigdemont va a dar mucho juego. Lástima que tengamos una oposición incapaz de verlo. El ejemplo más claro fue Miquel Iceta. El penoso político, más centrado en su pasado que en su presente. El gran bailarín recordó que fue citado, en alguna ocasión, como licenciado en historia sin serlo. Pero olvidó que la referencia como filólogo al presidente no fue de un sólo medio despistado, sino de todos, reitero todos. Desde La Vanguardia, El Periódico, Ara, El Punt, Vilaweb o, peor aún, el propio Diari de Girona. Un medio que desconocía los estudios de su propio alcalde. Triste espectáculo.

Las hemerotecas están plagadas de información sobre sus actividades estos años. Muchas contradicen buena parte de su discurso. Primero, una supuesta licenciatura, luego un cargo a dedo en la Casa de Cultura. No duden de que hay más historias. Las hemerotecas, los datos, nunca deben ser temidos por aquellos que han transitado por la vida de forma honrada. Eso sí, para aquellos que han caminado sobre cuerdas oscuras o haciendo equilibrios en la vida son más complicadas. Para ellos, y Puigdemont está en esa familia, se convierten en simplemente malditas hemerotecas.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.