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Puigdemont, ¿opinar o investigar?

Carles Enric
4 min

Cuando un columnista, en Crónica Global o en cualquier otro medio informativo, debe dedicar su tiempo a investigar en vez de a opinar sobre el presidente de Cataluña significa que algo no funciona bien. Desconozco el número. Pero, quizás, no seamos más de 25 ó 50 los analistas regulares de la política catalana. De los cuales, ante mi sorpresa, o no, podemos contar con los dedos de la mano a aquellos que se han hecho eco de las mentiras sobre el currçiculum de Puigdemont. No hace falta decir que la mano es la de Cervantes.

Pero lo malo puede ser siempre peor. Ahora, el denominado 'tema catalán' parece disuelto como un azucarillo en el tema de la gobernabilidad de España. Un buen momento para inyectar lentamente pequeñas soflamas. Y aquel diario otrora de referencia como La Vanguardia está por la labor. El domingo, sin ir más lejos, practicó otra 'felacion intelectual' más sobre el tema. Como complemento a la entrevista --también denominado 'masaje post coital'-- de su director efectuada desde debajo de la mesa institucional, escribieron lo siguiente --y cito literalmente--: "Carles Puigdemont podría definirse como filólogo o como político, pero él se siente periodista".

Si Carles Puigdemont es un bachiller, pues es un bachiller. No pasa nada. Eso sí, en cualquier país serio los columnistas hablarían del tema

Según parece, los periodistas de La Vanguardia --al menos tuvieron la vergüenza de no firmar ese perfil-- no estuvieron en el Parlament días antes. Allí, a preguntas del portavoz bailarín del PSC, el propio president Puigdemont confirmó que no es filólogo. Ahorraremos las lágrimas sobre su accidente, su interpretación y la más que patética respuesta infantil de Iceta. Sobre lo de ser periodista o no, ya informamos también en otra columna. Total, como comentaba estos días en mi cuenta de Twitter, "podé unas hortensías y ya soy jardinero". O, aún más, como he "colaborado en innumerables concursos de acreedores, ya puedo firmar como abogado".

Por suerte, en la vida real, no la de Puigdemont o La Vanguardia, eso no funciona así. Algunos, creo que una mayoría, valoramos nuestro currículum. Explicamos nuestras historias, opinamos sobre las de otros. Mi obligación aquí no es investigar --no se preocupen, no seré ahora un nuevo Magnum o Remington Steele-- . No es la función de un columnista investigar historias sino simplemente opinar sobre historias. Algo tan serio y tan complicado como lo primero. Quizás mi abc sobre el opinador esté alejado de medios como La Vanguardia. A mi parecer, opinar no es postrarse bajo una mesa para satisfacción y gemidos del opinado.

Y cuando en un país quien opina debe investigar es malo. Pero peor es que quien deba investigar o informar se meta debajo de una mesa para abrir cremalleras y ver la luz. Eso tampoco es sano. Perdón, sano seguro que sí, pero elegante en una mesa presidencial tengo mis dudas. Porque a las cosas hay que llamarlas por su nombre. Y, si Carles Puigdemont es un bachiller, pues es un bachiller. No pasa nada. Eso sí, en cualquier país serio los 25 ó 50 columnistas hablarían del tema. Aquí, como es evidente, prefieren el habitáculo oscuro debajo de una mesa. ¿Opinar o investigar?, creo a eso se le llama mamar.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.