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Puigdemont, Molt Honorable

Carles Enric
7 min

La cobardía es uno de los peores estadios de la humanidad. Pero significativamente peor es la ignorancia como base troncal de esa cobardía. En infinitas circunstancias muchos no opinan por miedo. Más aún, otros porque no tiene ocasión de opinar, y finalmente, unos últimos porque no saben qué opinar. Entre muchos, otros y los últimos siempre se impone una voz, quien chilla. Y, a veces, quien chilla es quien realmente menos debería opinar. Pero sabe que, si no chilla, nadie le escucharía.

Un movimiento constructor de una falsa realidad desde unos medios de comunicación afines. Todo aunado en una propaganda centrada en una "sola verdad", la única

Al final la vida es sencilla, más de lo que parece. Imaginen unos personajes cuyo fin ha sido mitificar la historia de un territorio. Siempre exaltando sus aspectos épicos como expresión unificadora de un pueblo. Evocando un pasado heroico basado en un nacionalismo exacerbado: bandera, himno, simbología. Centrado más en lo emocional que en la razón. Legitimado sobre una movilización popular, cual auténtica representación de los intereses del pueblo. Un movimiento constructor de una falsa realidad desde unos medios de comunicación afines. Todo aunado en una propaganda centrada en una "sola verdad", la única.

Un movimiento abrazado a la palabra demócrata. Con exigida lealtad absoluta de sus seguidores. Bajo una polarización maniquea de la política. Por un lado los buenos, los patriotas, "nosotros". Por otro lado los malos, los traidores, "ellos". Con anhelos de politizar la justicia, siempre en nombre de la voluntad del pueblo. Nunca hay delito, cuando el delito es de todo un pueblo. En contrapartida penalizando con su justicia cualquier acción opositora. Tanto como forma de presión social, como mostrando tu no pertenencia al grupo, no eres de los nuestros. Todo en pos de una superioridad moral donde se llega a privación de lo particular por lo colectivo. Primero la nación, luego las personas.

Un sistema en constante radicalización. Creando nuevos objetivos para mantener la tensión en los seguidores. Debemos evitar la caída del entusiasmo en relación al destino histórico del pueblo. Entre los nuestros la disidencia no es aceptada. Quien no esté con nosotros está contra nosotros, y quien no está con ellos, no puede ir por libre. Debe agruparse siempre con nosotros. Todo para formar un corpus único. Todos juntos, juntos por una causa. Juntos por un sí o por un no, pero siempre juntos. Todo camino irremediablemente a una confrontación final con el enemigo, aquel que no piense como nosotros.

No podemos negar lo evidente. Hoy en Cataluña hay pocas sonrisas, hoy en Cataluña, ahora mismo, hay miedo, mucho miedo

Quien crea estaba describiendo el procés en Cataluña, se equivoca. Estos párrafos son una parte del decálogo del nacimiento de ciertos movimientos en Italia y Alemania en el período entre guerras. Tantas similitudes que da miedo. No podemos negar lo evidente. Hoy en Cataluña hay pocas sonrisas, hoy en Cataluña, ahora mismo, hay miedo, mucho miedo. Pero, como fue en la época entre guerras, gracias sobre todo a unos políticos cobardes. Ciegos ante lo que se viene encima. Unos individuos sin más nivel que vivir del sistema. Un lugar para poner su mano abierta y cobrar su sueldo cada mes. Gente incapaz de gestionar un problema.

Ejemplos, el domingo. Algunos vimos con vergüenza ajena cómo Inés Arrimadas se enzarzó en una dialéctica sobre Twitter cuando no sabe gestionar su cuenta --vamos, como si yo hablo de física nuclear--. Por cierto, un tema que con una mínima preparación hubiera sido válido. Secuestrar las palabras de Carles Rahola a finales de la Guerra Civil debían haber tenido ágil respuesta. Aunque para vergüenza lo de Miquel Iceta. Demostró definitivamente que lo suyo es el baile y el compadreo --choque de manos infantil incluido con un imputado en el hemiciclo-- . No olvidamos tampoco a Albiol. ¿Qué coño decir de García Albiol? Un hombre más atormentado por lo que no puede decir que por lo que se atreve a decir. Y por último, aunque no último, qué decir de Rabell. Quizás, y por una vez, sin que sirva de precedente en estas columnas, el más despierto de la oposición.

La debilidad de cualquier oposición es la debilidad de un sistema. Mientras Carles Puigdemont coloca a "personajes en justicia" que persiguen a quien no opina igual mediante 'webs y plataformas online jurídicas extrañas'. Todo es más fácil contra unos débiles políticos. Formados más como opositores, mucho por aprender, que como oposición. No dudamos ahora que la solución es compleja, muy compleja. Rotundamente NO pasa por el artículo 155. No pasa por tensar más la cuerda. No pasa por políticos palanganeros de baile fácil o tuit de 'community manager' monótono y aburrido con una agenda tan ocupada donde no pueden ni mirar tuits de los que luego hablan. Al final, la política actual en Cataluña pasa por algo clásico, simplemente política, gran política. Hoy es tiempo de política. Política de verdad, política de pasión, riesgo y negociación dura.

La gran política también es acción, y muchas veces gestos. Detalles, formas, ejercicios de responsabilidad. Posicionarse en el campo. Observar, analizar, estudiar o anticiparse. Quizás algo tan simple, tan sencillo, como la exigencia del Rey Felipe a Carme Forcadell. Un primer paso de un cambio de tercio. Contra el miedo el gran error siempre fue el silencio. Por el mismo miedo, por desidia, por incapacidad. Porque recuerden que aquellos movimientos siempre tenían un fin, la confrontación Y no seré yo quien introduzca esa palabra tan finalista de aquellos regímenes. Fue alguien más Honorable, el nuevo presidente de la Generalitat. Alguien cuyas palabras fueron claras "Vamos a una confrontación con España, es inevitable". Palabras de todo un Molt Honorable.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.