'Presos políticos': un día fueron buenos

Carles Enric
3 min

La historia de los presos políticos catalanes parece resumirse en una frase: "Un día fuimos buenos". Ese día tragan con lo que sea con tal de volver a estar en libertad. Da igual el daño que hayan hecho, da igual el daño que volverán a hacer, para ellos, y sus incondicionales, sólo cuenta que ese día, un día cualquiera, fueron buenos.

Comparar su situación con cualquier otro preso será tildado de cinismo. Pero, en serio, ¿alguien cree que un preso en preventiva puede pedir día sí, día no, su libertad a cambio de decir que acatará la ley desde ese momento? Las condenas nunca son por el futuro de una vida, sino que siempre responden unos hechos pasados. Y sería sorprendente que ahora la justicia fallara sobre hechos futuros antes que sobre hechos pasados.

Aunque no lo entiendan, no sólo han causado un daño a la ley --como concepto--, sino que sobre todo sus actuaciones tienen una plasmación más real: han generado daño a las personas y a la economía

Los presos políticos catalanes lo pasan mal en la cárcel. Cierto es que debían pensar que su vida era placentera y sus delitos, divinos. Pero, para su desgracia, una democracia se apoya en las leyes. Tienen además la suerte de que, hasta ahora, nadie ha presentado una demanda por las pérdidas económicas en Cataluña por su gestión. Porque, aunque esos presos no lo entiendan, no sólo han causado un daño a la ley --como concepto--, sino que sobre todo sus actuaciones tienen una plasmación más real: han generado daño a las personas y a la economía.

Un día fueron buenos, quizás hasta un día hayan sido agradables, pero la cárcel provisional, decida lo que decida el juez del Tribunal Supremo, no debe basarse en ese día. Debe centrarse en los hechos, las penurias, las desgracias, las violencias --no siempre físicas-- que han arruinado y dividido un territorio como Cataluña. Y, entonces, ese día en que fueron buenos será una anécdota en un camino lleno de maldad.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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